Máscaras de Trump en un taller de Japón días antes de su investidura como presidente de EEUU.

Máscaras de Trump en un taller de Japón días antes de su investidura como presidente de EEUU. Efe

EEUU Los EEUU de Donald Trump, capítulo 5

¿Qué va a ser del mundo con Trump al frente?

Ha retado a la UE, a China, a Irán, a Cuba... pero lo único que ha dejado claro es que va a construir un muro mayor con México.

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El temor por la imprevisibilidad de un presidente que este viernes toma posesión de su cargo sin apenas haber esbozado algunas opiniones sobre su política exterior –y las que ha declarado indican xenofobia e islamofobia- se entremezcla con la esperanza de que sea un factor estabilizador en las relaciones bilaterales de Estados Unidos que hacían aguas, principalmente Rusia, y a través de ella con los asuntos donde tiene mano, incluso la guerra de Siria. Otras que mejoraban, como la de Irán o China, pueden sufrir un revés.

Sin embargo, el propio jefe de la CIA le ha advertido a Donald Trump que conviene que piense las cosas dos veces antes de pronunciarse sobre un asunto. Lo dijo después de que trascendiera el informe no elaborado por los servicios secretos estadounidenses pero que sí le transmitieron tanto al presidente entrante como al saliente en el que se habla de la probabilidad de que Moscú tenga en su poder información comprometedora de Trump con la que poder chantajearle, algo que Trump ha desdeñado diciendo que los periodistas inventan noticias.

Su lema de campaña “America First” (“EEUU Primero”) dejó muy claro desde el principio que el eje de su Administración consistiría en protegerse del mundo exterior, empezando por construir un muro con México aún mayor del que ya hay.

El muro con México, reflejo de su política migratoria

En un giro inesperado, Barack Obama empleó sus últimos días al frente de Estados Unidos para acabar con la política de “pies secos/ pies mojados” que permitía acceder rápidamente a la residencia a todo cubano que llegase a pisar tierra firme estadounidense. Washington aseguró que era el paso lógico en la normalización de las relaciones con La Habana.

El Partido Republicano está tradicionalmente de parte de la oposición cubana, contraria a la apertura a Cuba mientras no se respeten los derechos humanos en la isla y que además pudo ayudar a inclinar la balanza a favor de Trump en el indeciso estado de Florida en la noche electoral del pasado 8 de noviembre. Trump anunció durante la campaña que pondría fin al acercamiento a Cuba emprendido por Obama... a no ser que consiguiera un “acuerdo mejor”.

¿Sería reversible la anulación de la política “pies secos/ pies mojados”? No lo descarta Daniel Ureña, presidente de la rama española del think tank Hispanic Council, que promueve las relaciones entre la comunidad hispana de Estados Unidos y España: “Entramos en un terreno en el que es difícil hacer predicciones. Con una orden ejecutiva a lo mejor lo puede cambiar”. Pero en cualquier caso, “Latinoamérica no ha sido una prioridad de la Administración Obama y no creo que vaya a serlo para la Administración Trump”, comenta.

La única idea que está clara y cada vez más definida en la próxima política exterior de EEUU es la construcción de un muro más fuerte y de punta a punta en la frontera, como no se cansó de repetir hasta la saciedad durante su campaña electoral. De hecho, ahora su equipo ya reconoce que ha presupuestado el coste para que Washington adelante el pago del muro que Trump siempre aseguró que repercutiría sobre México. Sigue teniendo intención de hacérselo pagar al país vecino, pero no ha dicho cómo y en cualquier caso ya queda descartado el pago directo. “Tendremos el muro y México nos reembolsará de alguna manera”, ha asegurado esta misma semana en Fox News.

El muro es la muestra de la política antimigratoria que promoverá. Prometió la expulsión de más de 10 millones de indocumentados, después de que Obama impulsara medidas para proteger a este colectivo aunque no llegara a cumplir con su promesa electoral de una regularización masiva de los migrantes asentados en EEUU y aún sin papeles. El magnate aseguró que nada más acceder al poder se encargaría de que salieran del país entre dos y tres millones de ellos, aunque no dijo cómo lo haría. Tampoco ha concretado cómo piensa llevar a cabo su idea de un mayor control migratorio de aquellas personas provenientes de países peligrosos por ser potenciales terroristas yihadistas, como sugirió tras el atentado de San Bernardino de 2015. Desde entonces, cuando señaló a todo el que fuera musulmán, ha suavizado el tono, pero mantiene la esencia de la idea.

Aliado de los eurófobos y con interés militar en España

“Reino Unido es muy inteligente con el brexit. Otros le seguirán”, dijo Trump en la entrevista concedida al británico The Times junto al alemán Bild publicada este lunes, recogida por EL ESPAÑOL. El actual ministro de Exteriores británico y promotor del divorcio de la Unión Europea desde las filas del Partido Conservador, Boris Johnson, se desmarcó del nuevo presidente de EEUU cuando el primero estaba haciendo la campaña por el brexit y el segundo aún no era el candidato de su partido a la Casa Blanca. Lo hizo precisamente cuando Trump propuso cerrar las fronteras a los musulmanes. Pero desde entonces, Johnson ha ganado su campaña y se ha reunido (este enero) con los principales asesores de Trump. El acercamiento es notable en una relación en la que ambos quieren estrechar lazos comerciales.

Farage y Le Pen, los primeros contactos internacionales del presidente Trump

Farage y Le Pen, los primeros contactos internacionales del presidente Trump

Sin embargo, el principal aliado de Trump en la Unión Europea es el líder del eurófobo UKIP británico Nigel Farage, con quien posó abrazado y con una amplia sonrisa en uno de los ascensores dorados de la Torre Trump de Nueva York. Ha sacado de quicio a Bruselas al sugerir que Farage sería su mejor embajador en EEUU y también ha sacado de quicio a los socios europeos con la mencionada entrevista, donde además insistió en su idea de que la OTAN está “obsoleta”.

"Europa estará siempre preparada para dar continuidad a la cooperación transatlántica, pero se moverá en función de sus intereses y valores. No necesita de consejos ajenos para decirle lo que debe hacer", respondió el presidente francés, François Hollande. Precisamente es una líder de su país la otra figura que genera simpatía en Trump: la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, que tiene muchas papeletas para pasar al menos a la segunda vuelta de las presidenciales francesas la próxima primavera.

En cuanto a la nueva relación de Washington con Madrid, Ureña indica: “No nos engañemos: uno de los aspectos que más va a interesar (a Trump de España) es su condición de socio estratégico desde el punto de vista militar”, por encima de los actuales intercambios empresariales y académicos que también definen la relación bilateral. Por ello cree que si, como se rumorea, el exministro de Defensa Pedro Morenés es nombrado embajador en EEUU, será “un movimiento muy interesante, (pues) conoce muy bien EEUU y el mundo de la Defensa”.

El idilio con Rusia e Israel

El idilio con declaraciones piropeándose mutuamente que proclamaron tanto Putin como Trump durante la campaña electoral así como el aviso de que Moscú pueda planear chantajearle, no han evitado que el nuevo presidente anunciara que por el momento mantendrá las sanciones impuestas por la Administración demócrata contra Rusia. Por su parte, Vladímir Putin se ha mostrado dispuesto a restaurar las relaciones diplomáticas con Washington tras su victoria, aunque dijo que sería “difícil”.

Aun así nadie duda de la buena sintonía de ambos líderes. De hecho, las agencias de inteligencia han señalado a piratas rusos en el hackeo contra el Partido Demócrata para influir en las elecciones de EEUU y el asesor en seguridad nacional que Trump ha elegido para su nuevo gobierno, Michael Flynn, está considerado "amigo de Rusia".

El profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Europea de Madrid (UEM), José María Peredo, y el coronel retirado y experto en geoestrategia Pedro Baños, coinciden en que la llegada de Trump propiciará el fin del conflicto en Siria, como publicó EL ESPAÑOL tras las elecciones de noviembre.

Rusia ha invitado a Trump a volver a la mesa de negociaciones después de que Washington fuera ninguneado para poner fin a la toma de Alepo, el principal bastión donde aún resistían facciones opositoras al régimen de Bashar al Asad hasta finales de 2016.

Sin embargo, Haizam Amirah Fernández, investigador principal sobre Oriente Medio del Real Instituto Elcano (RIE) comenta a este diario que el final de la guerra en Siria será relativo, puesto que por una parte hablar de la guerra en Siria en realidad es hablar de varias guerras superpuestas y porque Trump apoyará a Putin -y por ende a Asad- en la táctica de la “victoria por aplastamiento”, como hicieron en Alepo. “Si hay una coincidencia de Putin-Trump en Siria, puede que eso mantenga el rencor entre sectores perdedores en Siria hacia lo que pueden interpretar una 'cruzada' o 'invasión' chií. Puede seguir alimentando el radicalismo”, avisa.

“Parece que (Trump) se va a alinear con la solución rusa, pero hay enormes dudas sobre la dirección que tomará hacia el conflicto de Oriente Medio. Por los profundos prejuicios que tiene en temas que afectan a la región y por su escasa experiencia en política internacional y cuestiones militares”. Y es que Trump es el primer presidente y comandante en jefe de Estados Unidos que no ha ostentado nunca antes ni un cargo público ni uno militar. A Peredo y Baños no les preocupa tanto, porque confían en que se rodeará de buenos asesores.

Amirah Fernández coincide parcialmente: “Depende de si su curva de aprendizaje es rápida, se deja asesorar y tiene capacidad de modificar su visión de algunos asuntos regionales” y asegura que “lo único que cabe esperar es que los daños que se produzcan entre medias sean mínimos”.

En cuanto a Israel, Trump ha mostrado la espalda a la solución de los dos Estados en el conflicto con Palestina que Obama promovió incluso en su última rueda de prensa a sólo dos días de la toma de posesión del republicano. El nuevo presidente ha prometido a Benjamin Netanyahu trasladar su embajada a Jerusalén, algo que la diplomacia evitaba ya que es clave en la disputa.

Según el experto en Oriente Medio, esto puede provocar “una ola de reacciones (en la región) y debilitará la posición de EEUU” en un ejercicio de equilibrios “muy frágiles”. Trump también ha enfatizado su interés por entenderse con la comunidad judía de EEUU y con el Gobierno de Netanyahu a través del nombramiento de su yerno, Jared Kushner, como asesor directo del presidente, un joven empresario judío ortodoxo que ayudó a propulsar su campaña digital.

En cuanto al resto de Oriente Medio, el analista del RIE asegura que parece que la retórica y el “temperamento” de Trump son “del agrado de los oportunistas autócratas” de la región, como el egipcio Al Sisi, señala, o las “petromonarquías” como Arabia Saudí. “Da la impresión de que casi todos creen que Trump les beneficia. No va a ser posible [que salgan ganando] todos a la vez”, señala.

Tensión con Irán y China

El pacto nuclear con Irán es otro de los hitos alcanzados durante la Administración Obama que el nuevo presidente aspira a tumbar, pero no será tan fácil: el presidente iraní, Hasán Ruhaní, ha asegurado esta misma semana que no aceptará una renegociación del acuerdo aunque lo pida Trump. Por otra parte, no hay que olvidar que además de Teherán y Washington hay otros cinco firmantes del acuerdo (Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania), que tampoco pretenden cambiar ni una coma. "No se puede revertir" un acuerdo que ha llevado años negociar, "artículo por artículo y palabra por palabra", dijo Rohani en rueda de prensa.

El nuevo secretario de Estado, Rex Tillerson, había dicho la semana pasada que sería necesaria una revisión del pacto que supuso la recuperación de las relaciones comerciales de Irán con Occidente, incluido España, al levantarse las sanciones impuestas por su programa atómico. Por otra parte, Trump ha defendido que Arabia Saudí, Japón o Corea del Sur adquieran armamento nuclear, lo que le ha granjeado afectos en esos países.

Rex W. Tillerson, en la sesión de control como candidato.

Rex W. Tillerson, en la sesión de control como candidato. Reuters

La otra relación bilateral que empieza con mal pie es la que mantiene con China. Dos veces ha tensado la cuerda el republicano tratando a la autonomía y potencia económica de Taiwán como país traicionando así la política de una “única China” a la que se había sometido EEUU desde hace décadas. Primero fue la conversación telefónica con la presidenta de Taiwán y más recientemente, su invitación a Taiwán para su toma de posesión como presidente de EEUU.

El mandatario chino, Xi Jinping, ha destacado esta semana que su buen entendimiento con Obama han propiciado el comercio y las inversiones bilaterales. También se pusieron de acuerdo en el pacto con Irán, en la reducción de emisiones para combatir el cambio climático que tan poco le importa al republicano…

"Es lógico que tengamos diferencias, pero deberíamos tratar de verlas desde el punto de vista del otro y dialogar desde el respeto", ha pedido la portavoz del Ministerio de Exteriores, Hua Chunying, a escasas horas de la ceremonia en el Capitolio en respuesta a las críticas del equipo de Trump, que ha avisado de que calificará a Pekín como un manipulador de divisas cuando esté en el cargo.