Nicolás Maduro, su esposa Cilia Flores y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, asisten a una ceremonia de fin de año para saludar a las fuerzas militares en La Guaira.

Nicolás Maduro, su esposa Cilia Flores y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, asisten a una ceremonia de fin de año para saludar a las fuerzas militares en La Guaira. Reuters

América

Trump cruza otra línea roja en Venezuela con su primer ataque por tierra para quebrar a un Maduro en modo supervivencia

El líder chavista no contempla entregar el poder pese a las presiones de Estados Unidos y confía en que la Casa Blanca cambie de prioridades en los próximos meses. La amenaza de invasión queda lejos del pensamiento del venezolano, pero cuelga sobre el aire la expectativa, la preocupación y, en algunos casos, la esperanza.

Más información: EEUU atacó con drones de la CIA un puerto en Venezuela utilizado por el Tren de Aragua para almacenar drogas

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Las claves

Donald Trump ordenó el primer ataque terrestre de EE.UU. en Venezuela, dirigido a una instalación portuaria vinculada al narcotráfico, intensificando la presión sobre el régimen de Maduro.

Estados Unidos ha incautado varios buques petroleros venezolanos y mantiene sanciones económicas, buscando asfixiar al gobierno de Maduro sin un enfrentamiento militar directo.

Las fuerzas armadas venezolanas presentan graves deficiencias en recursos y moral, mientras el gobierno recurre a milicias civiles y alianzas con actores extranjeros como Rusia, Cuba y China.

La comunidad internacional se muestra dividida, con Rusia y China apoyando a Maduro y la ONU cuestionando la legalidad de los ataques estadounidenses, mientras la situación interna venezolana sigue deteriorándose.

Las calles de las ciudades venezolanas no tienen la iluminación de otras épocas, cuando daban la bienvenida al año nuevo con despliegues espectaculares de luces y colores navideños y decoraciones más propias de la idiosincrasia latinoamericana. Los mercados populares y algunos centros comerciales se llenan de gente, pero según un viandante, "lo que quieren es gastar el bono navideño antes de que se devalúe".

La amenaza de la Armada de los Estados Unidos queda lejos del pensamiento del venezolano mientras resuelve sus compras para las fiestas, pero cuelga sobre el aire la expectativa, la preocupación y, en algunos casos, la esperanza.

Hasta ahora, las noticias de los tres buques petroleros incautados por Estados Unidos –el último, el Bella 1, con un extenso historial de viajes hacia Irán– han causado que los ciudadanos del país latinoamericano busquen rellenar sus tanques de gasolina ante una posible escasez.

Donald Trump ha comentado que el petróleo será retenido en su territorio: "Tal vez lo vendamos, tal vez nos lo quedemos, puede que sea usado para nuestras reservas estratégicas y tal vez nos quedemos también con los barcos", declaró.

Sumado a la estrategia de bombardear lanchas en el Caribe y el Pacífico, con un saldo de al menos 105 muertos sin confirmar que se trate de supuestos narcotraficantes, el cierre unilateral del espacio aéreo venezolano y las sanciones económicas y confiscaciones contra miembros de la cúpula chavista, Estados Unidos busca la asfixia del régimen de Nicolás Maduro sin que los militares de ambos países entren en contacto.

Trump dio un paso más allá en esta dirección el pasado miércoles, cuando ordenó efectuar la primera operación terrestre en Venezuela desde que iniciara en septiembre la campaña antidrogas en el Caribe. El ataque con drones, llevado a cabo por la CIA, según la prensa norteamericana, golpeó una "gran instalación" portuaria desde la que partían, de acuerdo con la versión de la Casa Blanca, embarcaciones cargadas con droga con destino a Estados Unidos.

¿Una guerra futura?

Trump ha asegurado que "no descarta" la posibilidad de entrar en guerra, sin precisar su objetivo final. Sólo ha asegurado que Maduro "sabe exactamente" lo que quiere su homólogo en Washington.

Un general retirado de las Fuerzas Armadas venezolanas, que declara bajo condición de anonimato, señala que "en lo que a la parte militar se refiere, Estados Unidos anda a la caza de que el régimen cometa un error que le dé luz verde para actuar con contundencia".

"Las Fuerzas Armadas no están en condiciones de enfrentar ningún conflicto armado porque no están entrenadas, no están militarmente adoctrinadas, los recursos y la logística están por el suelo, y los niveles de solicitudes de baja de los cuadros medios y bajos son muy altos", explica.

La fuente también destaca el "descontento por los bajos sueldos y la desconsideración del reconocimiento al mérito en el trabajo" que ha sido "sustituido por la lealtad" a Maduro. También han pesado "las campañas de terror que les inculcan a los cuadros activos con lo que representa la traición, las continuas amenazas y vigilancia".

Las deficiencias en el arsenal y personal militar de Venezuela son bien conocidas, ante lo que Maduro ha dedicado meses a desplegar las milicias bolivarianas, cuerpos paramilitares de adeptos al Gobierno chavista, aunque se han registrado casos de reclutamientos forzosos, incluso de menores de edad y mayores de 65 años.

Con esto, se cuentan 200.000 tropas movilizadas entre militares y civiles, según el ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López. "Pero las milicias no son en realidad las que observamos en la publicidad, hombres y mujeres mal vestidos de edad avanzada, sino también los colectivos armados, civiles adoctrinados y compactados, entrenados en Cuba y Venezuela por el [grupo paramilitar cubano-venezolano] Frente Francisco Miranda", dice Juan José Monsant, abogado de derecho internacional con una larga trayectoria en seguridad y defensa.

A estos cuerpos se deben agregar "los diferentes 'trenes' delincuenciales existentes en el país, delincuentes peligrosos que pactaron con el Gobierno, más otros que fueron enviados al exterior, a aquellos países contrarios al modelo venezolano, como el conocido Tren de Aragua", añade el especialista.

Aun así, varias de las fuentes consultadas descartan un desembarco de tropas norteamericanas en territorio venezolano en el futuro próximo, enumerando como motivos la dificultad de las condiciones geográficas, el costo de reputación ante la comunidad internacional y la posible pérdida de vidas estadounidenses.

Ante estas preocupaciones, el general considera que podría ejecutarse "una acción tipo comando de extracción que obligatoriamente implica combate cuerpo a cuerpo, para la que seguramente debe considerarse el empleo de contratistas mercenarios para evitar bajas militares". La mayor interrogante sigue siendo el cuándo, si es que ocurre.

Donald Trump, el pasado lunes en su resort de Mar-a-Lago.

Donald Trump, el pasado lunes en su resort de Mar-a-Lago. Reuters

Apoyo internacional

El pulso político entre los dos países parece oscilar entre puntos muertos, en los que Trump aplica presión en zonas lejanas al palacio presidencial de Miraflores, así como escalamientos drásticos y repentinos, sin que el régimen chavista tenga cómo responder más allá de convocar marchas cada vez menos concurridas.

El subsecretario general adjunto de las Naciones Unidas para Asuntos Políticos y de Consolidación de la Paz, Khaled Khiari, puntualizó que el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos había considerado los ataques aéreos contra las embarcaciones de supuestos narcotraficantes contrarios al derecho internacional.

"La lucha contra el narcotráfico debe abordarse como una cuestión de aplicación de la ley y no mediante el uso letal de la fuerza", subrayó Khiari.

Son contadas las naciones que siguen apoyando de forma aparentemente incondicional a Maduro. Incluso Gustavo Petro, presidente de Colombia y uno de los últimos defensores del mandatario venezolano en la región, accedió a calificarlo de "dictador".

En una sesión reciente de la ONU, los únicos embajadores que se pronunciaron rotundamente a favor de la posición del Gobierno chavista fueron los de Rusia y China, que calificaron respectivamente a las operaciones de Estados Unidos como "métodos 'pseudolegales' que disfrazan lo que en realidad es piratería de Estado" y "actos de unilateralismo e intimidación".

Fuerzas clandestinas

Todo esto en cuanto a acciones públicas y visibles, porque, sobre el terreno, Venezuela cuenta con "operadores rusos y cubanos, fácilmente ubicados en el hotel del círculo militar y sus instalaciones especialmente las canchas deportivas y en hospitales militares", según fuentes militares consultadas por EL ESPAÑOL, aunque "han demostrado que Rusia no se involucrarán militarmente".

Numerosos informes de ONGs describen sus funciones en el entrenamiento de soldados y en la tortura de disidentes. En el caso de los cubanos, "son los más interesados en que se mantenga el statu quo, ya que tienen mucho que perder; son los que sostienen que el Gobierno debe mantenerse en el poder, lo que impide una salida negociada", agregan esas mismas fuentes.

También han descrito el rol de China en la infraestructura de vigilancia e inteligencia militar en el país, pero señalan que "lo que le interesa es que le paguen los 80.000 millones de dólares que Venezuela les debe. Un gobierno organizado, un gobierno serio, puede en el futuro empezarles a pagar lo que les deben de cualquier forma".

Aluden así al posible gobierno de los líderes opositores María Corina Machado, galardonada recientemente con el premio Nobel de la Paz, y Edmundo González Urrutia, aparente ganador de las elecciones presidenciales y exiliado en Madrid.

También se deben tomar en cuenta las guerrillas colombianas como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las disidencias de las extintas FARC, cuya presencia en Venezuela ha consentido el chavismo desde su llegada al poder.

"Muchos actúan junto a autoridades locales y podrían actuar para resistir y causar daño al nuevo gobierno", según el general, aunque otro entrevistado afirma que "muchos de esos guerrilleros han regresado a Colombia para no enfrentarse a los Estados Unidos".

La líder opositora de Venezuela María Corina Machado en una rueda de prensa el pasado 11 de diciembre en Oslo tras recibir el Nobel de la paz.

La líder opositora de Venezuela María Corina Machado en una rueda de prensa el pasado 11 de diciembre en Oslo tras recibir el Nobel de la paz. Reuters

Según Monsant, "la tarea más delicada es lidiar con los terroristas del Medio Oriente instalados y dispersos en Venezuela, mimetizados con los criollos, desde el mismo inicio de la era [del expresidente fallecido] Hugo Chávez", destacando la presencia de los grupos Hamás y Hezbolá en el territorio del país.

Pero también Estados Unidos tiene elementos clandestinos en Venezuela, incluso desde antes del anuncio de Trump sobre las operaciones de la CIA, coinciden los entrevistados, que califican esta declaración como una acción de intimidación poco ortodoxa, poco táctica, pero tal vez efectiva.

El precio de la retirada

Otra de las posibilidades para la Administración de Trump es que las acciones en el Caribe pasen a ser de menor prioridad. El general entrevistado describe las consecuencias de abandonar el conflicto, tanto nacionales como internacionales, como "nefastas". "Las elecciones locales próximas son una prueba de fuego que presionan a Trump para que resuelva esta situación con celeridad", dice.

La fuente cercana a la aviación no considera la posibilidad de que la Armada norteamericana abandone el Caribe, porque "echarse hacia atrás sería mostrar que Estados Unidos es débil y Trump, que es un ególatra y un narcisista, no se atreve a abandonar la pelea en este momento". En sus palabras: "Trump está contra la pared, no solamente Maduro".

Frente a la percepción de falta de iniciativa de Trump ante la invasión rusa en Ucrania y la ofensiva israelí en Gaza que diagnostican numerosos analistas, Venezuela parece la oportunidad perfecta para que el mandatario estadounidense reivindique su marca de hombre fuerte.

Mientras tanto, los venezolanos suman el posible inicio de un conflicto militar a las preocupaciones de una inflación descomunal, la represión política que imposibilita el derecho a la protesta y una infraestructura de salud y servicios básicos desmoronada.