Lula da Silva en una imagen de marzo de 2018 en un mitin en Curitiba

Lula da Silva en una imagen de marzo de 2018 en un mitin en Curitiba Reuters

América Brasil

La encrucijada de Lula: entre la presidencia y la cárcel

Tras el registro de su candidatura a las elecciones de octubre, el expresidente se enfrenta a otra batalla judicial por su inhabilitación política.

Pese a estar en prisión, condenado a 12 años de cárcel por corrupción, Lula es oficialmente candidato a la presidencia de Brasil en las elecciones del 7 de octubre. El Partido de los Trabajadores desafió la Justicia brasileña este miércoles y registró oficialmente la candidatura del expresidente el día que terminaba el plazo para hacerlo.

"Es candidato en nombre del pueblo y porque el pueblo lo quiere", dijo la presidenta del PT, Gleisi Hoffmann, después de inscribir la candidatura de Lula. Ahora el Partido tendrá que librar otra batalla judicial para mantener a Lula en la lucha por las presidenciales.

La Fiscal general de Brasil, Raquel Dodge, ya ha presentado una impugnación contra la candidatura de Lula ante el Tribunal Superior Electoral (TSE), alegando que, al estar condenado en segunda instancia, no es elegible. La impugnación de la fiscal se une a otras dos presentadas de manera preventiva por por Kim Kataguiri, uno de los líderes del Movimiento Brasil Libre (MBL) y candidato a diputado federal por el partido Demócratas (DEM), y por el actor Alexandre Frota, también aspirante a la Cámara, por el Partido Social Liberal (PSL).

La encrucijada de Lula

En teoría, Lula estaría ya inhabilitado una vez que, según la ley ‘Ficha Limpa’ que él mismo aprobó en 2010, un candidato condenado queda automáticamente inhabilitado para el ejercicio político durante ocho años. Pero el TSE sólo puede dar inicio a los trámites de inhabilitación después del registro de la candidatura, por lo que la fecha de este miércoles marca el inicio de otra pelea del expresidente de Brasil con la Justicia.

Las posibilidades de Lula son mínimas. La fecha del miércoles marca no sólo el registro de su candidatura, sino también la llegada de Rosa Weber a la presidencia del TSE, la jueza que decidirá el futuro político de Lula. Weber, que ya votó en contra del habeas corpus al expresidente el pasado abril, deberá tomar una decisión antes del 17 de septiembre -la fecha límite para que los partidos puedan cambiar el candidato- y lo más probable es que falle en contra de las aspiraciones políticas de Lula.

¿Campaña desde la cárcel?

Sin embargo, y pese a ser conscientes de las pocas posibilidades del expresidente, la estrategia del PT pasa por ganar tiempo, intentando arrastrar el proceso en la Justicia el máximo de tiempo posible, recurriendo a las instancias superiores. La estrategia se basa en que la ley permite que un candidato registrado pueda hacer campaña hasta la decisión final de la Justicia.

Así, el partido pretende pedir al tribunal que deje que Lula grabe videos desde la cárcel, de manera a poder participar en la campaña. El objetivo es aprovechar el tirón de Lula, que lidera las encuestas de intención de voto con un 30 % y ganaría en una segunda vuelta ante cualquier adversario.

Ante este escenario el juez que lleva el caso Lavajato, sergio Moro, ha anunciado el aplazamiento de la declaración de Lula para noviembre, cuando ya hayan pasado las elecciones. La decisión del magistrado tiene como objetivo evitar que el candidato utilice sus declaraciones en tribunal con fines político.

El anuncio de Moro provocó la indignación de la defensa de Lula. “Un proceso criminal no puede orientarse según el calendario electoral. El cambio de fechas de las declaraciones demuestra que todo este proceso tiene por base un tema electoral”, consideró el abogado del expresidente.

La estrategia de intentar demorar el caso en la Justicia tiene, sin embargo, un peligro. Si la decisión se alarga más allá del 17 de septiembre, la fecha límite para cambiar de candidato, el PT no podrá sustituir a Lula en el caso de que termine por ser inhabilitado en las instancias superiores, lo que significaria quedarse sin candidato.

En teoría, Lula podría incluso llegar a ser presidente del país, en el caso de que el PT pudiera prorrogar la decisión el tiempo suficiente como para presentarse a las elecciones. Sin embargo, en caso de inhabilitación, la victoria de Lula podría anularse y se convocarían nuevas elecciones.

Fernando Haddad, exalcalde de São Paulo y el plan B del PT para las elecciones, no acepta hablar de otra posibilidad que no sea la de Lula como candidato a las presidenciales. “Defendemos un proyecto y quien lo personifica es el mayor líder de la historia de este país. No hay otro plan, Lula es nuestro plan A”, ha dicho.