Un pulso entre manifestantes y policías en Argelia este viernes.

Un pulso entre manifestantes y policías en Argelia este viernes.

África

Argelia se lanza al décimo viernes de protestas para derribar 'por completo' a Bouteflika

Cientos de argelinos se han convocado entre fuertes medidas de seguridad y confinados en las aceras por la Policía Municipal.

Cientos de argelinos comenzaron a reunirse desde el amanecer de hoy en el centro de Argel en el décimo viernes de protestas populares para exigir la caída completa del régimen del expresidente Abdelaziz Bouteflika, forzado a dimitir hace tres semanas.

Los congregados se apiñaron en las escaleras de la sede de correos, un majestuoso edificio de estilo otomano que es uno de los símbolos de Argel, entre fuertes medidas de seguridad y confinados en las aceras por la Policía Municipal, que trataba de mantener ininterrumpido el tráfico para evitar aglomeraciones de gente.

"No les va a servir ninguna maniobra para detenernos. El pueblo está decidido a completar lo que inició. Deben irse y van a irse", explicó a Efe Samir B., un joven procedente de los barrios altos de la capital mientras compraba una bandera en las decenas de puestos ambulantes que saltean las aceras.

Como en los viernes precedentes, "degás, degás" (fuera, fuera) y "la legitimidad pertenece al pueblo" fueron los eslóganes más repetidos entre un flamear continuo de banderas de Argelia y de la comunidad bereber (amazigh).

Los congregados, procedentes de todos los rincones de la capital y de las localidades vecinas, exigieron, además, una genuina transición y la caída de todo el régimen que ha parasitado en torno al enfermo Bouteflika.

Una verdadera reforma dirigida por "hombres íntegros" que genere un "cambio radical" en la que no caben, según los manifestantes, ni el presidente del Senado, Abdelkader Bensalah, jefe de estado interino, ni el exministro de Interior y actual líder del gobierno, Nouredin Bedaui.

Tampoco tiene lugar el jefe del Ejército, el general Ahmad Gaïd Salah, mano derecha del mandatario durante quince años y el hombre que forzó su renuncia hace un mes al exigir que se aplicara el artículo de la Constitución que permite inhabilitar al presidente por motivos de salud.

Desde entonces, Gaïd Salah se ha convertido en el hombre con más influencia en el país pese a que el movimiento popular le situada en el círculo de poder y corrupción que ha dominado Argelia en la última época.

El general, que ha denunciado una conspiración interna respaldada desde el extranjero -pero sin aclarar detalles- aplaudió esta semana la puesta en marcha de una supuesta campaña de "manos limpias" en la que el principal objetivo es un grupos de empresarios más cercanos a Bouteflika.

En particular contra Issad Rebrab, multimillonario dueño del mayor conglomerado de empresas privadas del país, amigo cercano del presidente de Francia, Enmanuel Macron, y vinculado al poderoso jefe de los servicios secretos argelinos, Mohamad Mediane "Tawfik", depuesto por sorpresa en 2015.

Y contra la adinerada familia Kouninef, mecenas de Bouteflika desde la década de los setenta, y el presidente del círculo de empresarios de Argelia, Ali Hadad, detenido semanas atrás cuando trataba de escapar del país.

La décima manifestación popular coincide este viernes con varios cambios importantes también en empresas estatales, como la compañía nacional de hidrocarburos Sonatrach, en un intento más por aparentar una ruptura con el régimen de Bouteflika por parte de quienes desde hace años han estado a su lado.

Una estrategia, la de iniciar procesos judiciales contra algunas personalidades políticas y empresariales, que tiene como objetivo "intentar dividir al pueblo", explicó el jueves el militante opositor Mokran Ait Larbi.

"El objetivo de las persecuciones selectivas realizadas en los últimos días es tratar de dividir al pueblo creando un impulso de solidaridad por una parte y de rechazo de la otra. Y desviar la miradas de las verdaderas reivindicaciones de la revolución popular", argumentó el abogado.

Las protestas populares en Argelia, una de las mayores que han sucedido en el país desde la independencia de Francia en 1962, empezaron el pasado 22 de febrero con una gran manifestación en contra de la decisión de Bouteflika de optar a un quinto mandato consecutivo pese a estar gravemente enfermo.

Tras su dimisión el 2 de abril, el objetivo de los manifestantes es la salida de todas las personas que formaban parte de su régimen y la cancelación de las elecciones presidenciales, convocadas por el jefe de Estado interino para el próximo 4 de julio.