Europa, decidida a blindarse ante la inmigración ilegal, Sánchez no podrá impedirlo

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Europa, decidida a blindarse ante la inmigración ilegal, Sánchez no podrá impedirlo

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Las claves

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La Unión Europea ha aprobado la creación de centros de retorno para migrantes irregulares, como parte de un nuevo reglamento migratorio.

España ha sido el único país que ha votado en contra de esta medida, argumentando dudas sobre la protección de los derechos de los migrantes.

Pese a su oposición, el Gobierno español no puede bloquear la decisión, ya que otros gobiernos socialdemócratas europeos sí la apoyan.

El objetivo de la UE es que estos centros actúen como elemento disuasorio y refuercen el control de fronteras ante el aumento de la inmigración irregular.

¿Se ha quedado España sola en materia migratoria? La Unión Europea ha dado un giro a su política. Le ha costado diez años cerrar un acuerdo que, esta semana, se ha completado con la aprobación de un reglamento que permite crear los llamados centros de retorno.

Con ello, ha lanzado un mensaje: Europa está dispuesta a blindarse.

Aunque en términos generales apoya el gran pacto migratorio, el Gobierno español se ha desmarcado de esta medida particular al considerar que no existen certezas sobre la protección de los derechos de los migrantes.

Quedan muchas incógnitas sobre cómo se vigilará este cumplimiento y otras tantas sobre cómo se aplicarán las garantías en todo el proceso. Pero Bruselas presenta esta medida como una solución imaginativa frente a los flujos migratorios irregulares. Uno de sus objetivos, asegura, es que estos centros actúen como un elemento de disuasión.

España puede rechazar implantar estos centros, pero esta postura tiene sobre todo un valor simbólico e ideológico porque no puede bloquear el Reglamento.

La única posibilidad sería reunir a una minoría de bloqueo junto a otros gobiernos socialdemócratas afines. Y, a día de hoy, parece imposible. Porque Dinamarca, Malta o Lituania (todos socialdemócratas) tampoco se oponen.

Durante décadas, la política migratoria ha sido una de las pocas materias en las que la Unión Europea ha avanzado con tensiones, pero siempre con el consenso en torno al refuerzo de las fronteras exteriores.

Hoy, el consenso se mantiene, pero con instrumentos más rotundos.

Y la lógica de Europa, en realidad, no dista del deseo español: acabar con la sensación de descontrol que alimenta el auge de los discursos más alarmistas. Una política de retornos creíble y desincentivadora podría convertirse en el mejor antídoto.