Cambio ¿drástico? en Hungría: Péter Magyar, la estrella política del rock que seduce a Europa y desinfla a Vladímir Putin

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Cambio ¿drástico? en Hungría: Péter Magyar, la estrella política del rock que seduce a Europa y desinfla a Vladímir Putin

Tras tumbar un gobierno autocrático de 16 años, este líder forjado en las redes sociales aspira a devolver a Hungría al Estado de Derecho. Entre las expectativas generadas y su margen de maniobra real, Magyar debe lidiar con una generación que clama por el cambio.

Más información: Magyar ya tiene el Gobierno con el que acercará Hungría a la UE: aúna ministros liberales, conservadores e independientes.

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Las claves

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Péter Magyar lidera un cambio político en Hungría, generando entusiasmo en la sociedad y optimismo en los mercados con la apreciación del forinto y caída de la prima de riesgo.

Magyar, exmiembro del partido Fidesz, ha construido su popularidad denunciando corrupción en redes sociales y aglutinando a una oposición fragmentada bajo el partido TISZA.

Su liderazgo enfrenta desafíos: debe equilibrar el acercamiento a la Unión Europea, gestionar relaciones con Rusia y resolver tensiones internas sobre inmigración y el Estado de Derecho.

Entre sus primeras medidas, destaca la intención de adoptar el euro, suspender informativos públicos considerados propaganda y reforzar la integración de Hungría en el Partido Popular Europeo.

Péter Magyar llega al poder encumbrado como una especie de estrella del rock, un líder carismático sobre el que se han depositado las esperanzas de cambio en Hungría.

El país está viviendo lo que se conoce en el idioma oficial como una Mezeshetek, es decir, una “luna de miel”. En la calle hay entusiasmo por el cambio y los mercados han reaccionado con optimismo: el forinto, la moneda nacional, se ha apreciado cerca de un 4% y se mueve en torno a los 360 por euro, y la prima de riesgo, que es el índice que mide la confianza de los inversores en un país, ha caído considerablemente.

Sin embargo, este optimismo tiene más que ver con expectativas políticas que con la economía real, ya que tras esta euforia se esconde la incógnita. Nadie sabe exactamente cuál será el agujero de las cuentas públicas tras 16 años de gobierno de Víctor Orbán en los que no ha habido posibilidad de escrutinio. Algunas estimaciones apuntan a que el déficit podría superar el 6% y que, por tanto, su margen de maniobra para acometer determinadas reformas podría verse limitado pese a contar con una mayoría parlamentaria.

Estrella de las redes

Pero, ¿quién es Péter Magyar y qué se puede esperar de él? Hasta el momento, los opositores habían intentado combatir el sistema con discursos demasiado alejados de la realidad social. Magyar probó otra fórmula: empezó a ganar notoriedad con declaraciones incendiarias en redes sociales, denunciando la corrupción y el control del aparato estatal por parte del Gobierno. Poco después transformó ese fenómeno digital en un movimiento político: TISZA, acrónimo de Respeto y Libertad.

A partir de ahí, logró aglutinar a buena parte de una oposición agotada y fragmentada. Y, en lugar de encerrarse en Budapest, como hicieron otros opositores, este líder de 45 años recorrió Hungría de arriba a abajo, pueblo a pueblo, hablando con agricultores, jubilados, familias endeudadas, jóvenes desencantados... Dormía tres horas al día.

Encadenó mítines que retransmitía en redes sociales y sus seguidores empezaron a verlo como una especie de estrella del rock de la política. Todo ello, además, con la dificultad de abrirse hueco en un país cuyo aparato mediático estaba totalmente blindado y manipulado por el gobierno.

Sin apenas menciones en los informativos de radio y televisión, Magyar aprovechó el tirón de Facebook, X e Instagram para ganar adeptos. En estas redes se muestra como un líder carismático, en muy buena forma, elegante, directo, sin vértigo al enfrentamiento… Y tampoco oculta ese aire snob heredado de una familia de la alta burguesía y con fuertes lazos en la política. Hay un punto cinematográfico en esta historia en la que se mezclan el esfuerzo físico y la estrategia.

Magyar se ha presentado como el adalid del cambio pero el apoyo que ha cosechado en este tiempo tiene matices. Hay una parte que recela de su estilo excesivamente personalista y, también, de su pasado: formó parte del partido Fidesz, de Orbán, donde desempeñó diferentes funciones acompañado de la que sería su esposa, Juit Varga, nombrada a la postre ministra de Justicia en este polémico periodo. Varga salió del Gobierno a raíz de un indulto que concedió el ex primer ministro a un pederasta y, a día de hoy, ya no es pareja de Magyar.

Además, una parte de los votos conseguidos en estas elecciones y que le han llevado a lograr 138 escaños no iban dirigidos al propio Péter, sino que eran votos castigo contra Víctor Orbán. Muchos apoyaron al partido TISZA como única opción para el cambio y no necesariamente sentían simpatía hacia su líder de aspecto juvenil.

Un camino de desafíos

Pese a la euforia del momento, pocos confían en que Hungría se transforme de la noche a la mañana. Magyar es conservador, tiene profundas raíces católicas y mantiene posiciones duras en materia de migración. De hecho, el Tribunal de Luxemburgo condenó al país a una multa de 200 millones de euros por no cumplir la política de asilo europea y a una sanción diaria de un millón por cada día que pase sin aplicar la normativa.

No se prevé una ruptura total respecto a esta materia o, por ejemplo, en relación a las relaciones con Rusia. Hay que tener en cuenta el pasado de Hungría como satélite de la URSS y los años de propaganda pro-Putin que han ido calando en el país. Por lo pronto, ha propuesto un encuentro con el presidente ucraniano Zelenski para resolver ciertas tensiones, pero queda por ver el alcance de esta nueva relación. De momento, habla de “realismo”: no quiere dinamitar el vínculo europeo, pero tampoco suicidarse políticamente.

Su modelo se parece más al de Donald Tusk en Polonia: un conservador pragmático que entiende cómo funciona Bruselas y que intenta volver a conectar a su país con Europa sin romper con la sensibilidad nacional.

Desde la victoria hasta su toma de posesión, Péter Magyar ha empezado a gobernar en cierta manera: ha visitado Bruselas y ha anunciado que quiere adoptar el euro de aquí a los próximos cuatro o cinco años. Además, ha anunciado a buena parte de su gabinete. La mayoría son perfiles técnicos alejados de la política con los que quiere lanzar una señal de respeto y ruptura con el anterior Gobierno.

Sin embargo, ha llegado la primera polémica tras el nombramiento de su cuñado como ministro de Justicia, ya que este caso de nepotismo rompe desde el inicio con el discurso que le ha llevado al poder.

Una vez tome posesión, Magyar tiene una larga tarea por delante: por un lado, romper con la estructura de un régimen de 16 años y, por otro, ganarse la confianza de los mercados y de Bruselas. Y ambos retos van unidos.

Primero, porque Hungría tiene bloqueados hasta 18.000 millones de euros en fondos europeos por incumplir una serie de reformas que tienen que ver con el Estado de Derecho, con la transparencia y con los derechos LGTBI. La principal es el sistema judicial, que ha perdido toda su independencia por las constantes injerencias y nombramientos políticos.

El nuevo líder húngaro cuenta con una mayoría parlamentaria de dos tercios, por lo que no existirían excusas para acometer todos estos cambios que estarían destinados a devolver el prestigio a las instituciones.

Además, ya ha anunciado que suspenderá todos los informativos de las televisiones y radios públicas por ser, ha dicho, "maquinaria de propaganda". Un ejemplo: Magyar llevaba año y medio sin ser entrevistado, mientras que Orbán aparecía todas las semanas.

Entre sus planes está también visitar Varsovia, Viena y, de nuevo, Bruselas, en este orden. Y en la capital comunitaria le esperan con los brazos abiertos. Frente a un Orbán que bloqueaba acuerdos, dinamitaba el Estado de Derecho e, incluso, espiaba supuestamente para Vladímir Putin, Péter Magyar se presenta como el líder pro-europeo y pro-OTAN con capacidad de unir costuras y desinflar el impacto del líder ruso en el continente europeo.

Algo similar a lo que ocurrió con la victoria de Emmanuel Macron en Francia en 2017 (luego, el paso del tiempo, sentenció su destino).

Una de sus prioridades internacionales estará por tanto reforzar ese vínculo con Europa. Viktor Orbán terminó aislado en Bruselas y acabó impulsando su propio bloque euroescéptico junto a otras fuerzas ultranacionalistas.

Hoy, TISZA se ha integrado en el Partido Popular Europeo, la principal familia conservadora donde también están Alberto Núñez Feijóo o Ursula von der Leyen. Es una señal política importante: quiere marcar distancias con la estrategia de confrontación permanente y volver a situar al país dentro de los consensos europeos.

https://www.elespanol.com/mundo/europa/20260413/peter-magyar-inaugura-hungria-libre-europea-anos-regimen-criminal-viktor-orban/1003744204758_0.html?utm_cmp_rs=subtitle

Decía el escritor húngaro Imre Kertész que Hungría todavía no ha tomado una decisión sobre sí misma en un sentido espiritual, que no sabía si quería vivir como un país adulto o lamiéndose las heridas a raíz de la colaboración húngara con el régimen nazi al final de la Segunda Guerra Mundial.

Hoy, el país sigue sin resolver ese conflicto: dividido entre el repliegue nacionalista y la necesidad de encajar en Europa, Magyar debe hacer equilibrios para marcar el destino de una generación.