Un grupo de niños chinos durante una recepción oficial.

Un grupo de niños chinos durante una recepción oficial. Reuters

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La "fábrica de bebés" de los magnates chinos y el vacío legal que desafía a Estados Unidos en la gestación subrogada

Los casos de chinos multimillonarios que engendran cientos de hijos por gestación en EEUU han desatado una tormenta ética y política en Washington.

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Las claves

Magnates chinos, como Xu Bo, utilizan la gestación subrogada en EE.UU. para tener múltiples hijos y obtener la ciudadanía estadounidense para ellos.

La falta de regulación federal en EE.UU. permite que empresarios extranjeros contraten vientres de alquiler y creen dinastías familiares con fines estratégicos y patrimoniales.

El fenómeno está impulsado por un tecnonatalismo que mezcla influencias de Elon Musk con valores confucianos, priorizando la perpetuación del linaje y el legado familiar.

El Senado estadounidense debate la SAFE KIDS Act, que busca regular la gestación subrogada y restringir el acceso a la ciudadanía automática para bebés nacidos bajo este sistema.

-“¿Usted cuida de sus hijos?”
-“No, tengo personas para eso.”

La respuesta por videoconferencia de Xu Bo, millonario chino acusado de prácticas de vientres de alquiler en masa, y en concreto de engendrar más de 100 hijos, resonó en la sala del tribunal de Los Ángeles, California.

Frente a jueces y abogados, su frialdad desató un debate no sólo legal, sino ético y psicológico: ¿qué impulsa a los ultrarricos chinos a tener múltiples hijos por subrogación? ¿Es esta una nueva forma de reproducción estratégica ligada al poder?

El propio Xu alardeaba en las redes sociales de su empresa en China de tener una megafamilia, donde provocó una condena social. En 2023 y con gran discreción saltó a los tribunales estadounidenses, según una investigación del Wall Street Journal.

La falta de regulación federal en EEUU ha permitido que magnates de regímenes adversarios, y sobre todo de chinos inspirados por la obsesión natalista de Elon Musk, donde la subrogación está prohibida, exploten el mercado reproductivo estadounidense para obtener la ciudadanía por nacimiento.

El caso de Xu Bo no es solo una anomalía legal: los magnates chinos suponen casi la mitad de la subrogación en EEUU, y aprovechan la combinación de riqueza, biotecnología y vacío legal con intenciones muy alejadas de la paternidad y con las que se corre el riesgo de producir ciudadanos sin comunidad, padres sin vínculos y bebés con un pasaporte estadounidense.

La SAFE KIDS Act, impulsada por el Senador Rick Scott en 2024, no solo intenta regular la biología, sino también definir qué significa pertenecer a la era de los bebés por diseño.

China ha sido durante décadas el país más poblado del mundo, motivo por el que impuso en 1979 la llamada “política del hijo único”, para contener un desbocado crecimiento demográfico.

Esa ley fue derogada en 2015 ante la crisis de envejecimiento poblacional que afecta a todos los países en un momento determinado de su desarrollo económico: tener hijos es demasiado caro.

Pero para sorpresa de los gobernantes, esta medida no frenó el colapso de la natalidad.

El del tecnobro Xu es uno de los múltiples casos de millonarios chinos que están contratando múltiples vientres de alquiler simultáneamente en el extranjero. Su intención expresa es la de asegurar herederos masculinos, y con ese fin planifica su descendencia como un modelo de expansión patrimonial.

Esta práctica se ha vuelto común entre millonarios que desean crear dinastías diversificadas, muchas veces sin contacto directo con los hijos.

Otros casos citados en el Wall Street Journal incluyen al magnate Zhang Guangming, con más de 16 hijos por subrogación, y a varios empresarios del sector inmobiliario y de inversiones que utilizan agencias especializadas para diseñar líneas genealógicas selectivas con ciudadanía estadounidense garantizada.

Estas prácticas se desarrollan en una zona gris legal, ya que la subrogación comercial está regulada por cada estado, sin control federal, lo que ha permitido que actores extranjeros construyan dinastías
paralelas sin supervisión del gobierno estadounidense.

Estos padres ven la ciudadanía estadounidense como una inversión estratégica en negocios, educación y movilidad global; también una protección frente a la inestabilidad política en China, uno de los regímenes más encriptados del planeta.

Y también una ingeniería familiar de planificación genética y una estrategia empresarial dinástica a largo plazo. El fenómeno es global, no solo sucede en China.

Entre los países con élites reproductoras vía subrogación están EEUU, principalmente por razones de infertilidad o por ser familias LGBTQ+.

En Francia, España y Reino Unido los millonarios buscan subrogación en México, Ucrania o Georgia. India y Rusia fueron el epicentro de los vientres de alquiler hasta que se impusieron restricciones.

El 40% de los nacimientos por subrogación en clínicas de California se destina a extranjeros, con los chinos liderando la estadística.

Tecnonatalismo: Musk y Confucio

Pero entre todos los ejemplos globales, ninguno ha sido tan mediático ni contradictorio como Elon Musk, ¿se trata de un padre salvador o un tecnonatalista?

Con 11 hijos confirmados, algunos nacidos mediante subrogación y fuera de sus relaciones públicas más visibles, Musk ha declarado: "El colapso demográfico debido a la baja natalidad es un riesgo mayor para la civilización que el calentamiento global".

También ha dicho que "la gente inteligente no está teniendo hijos, necesitamos que se reproduzcan", y también: "Estoy dando un buen ejemplo teniendo muchos hijos".

Se trata de un natalismo existencialista, Musk ve la natalidad como un deber moral y estratégico. También tiene un componente de trascendencia genética, cree que su inteligencia, visión y valores deberían perpetuarse biológicamente, incluso si no educa directamente a sus hijos. Y la colonización espacial: para él, una humanidad multiplicada es necesaria para poblar Marte.

Este pensamiento está teniendo una gran influencia entre las élites chinas, porque además enlaza con la tradición confucianista y con la crisis demográfica. En 2023 China sufrió su mayor colapso poblacional en 60 años, cuando el número de nacimientos por mujer se situó por debajo de 1.0.

Al mismo tiempo, Musk se ha convertido en un referente de prestigio, admirado en círculos tecnológicos y empresariales.

El estatal Diario del Pueblo, considerado el portavoz del régimen, lo ha calificado como "modelo
de empresario visionario". Y en foros como Weibo o Zhihu muchos usuarios ricos lo
citan literalmente para justificar tener más hijos.

El rol del confucianismo en esta lógica reproductiva y civilizatoria es innegable. Entre los valores chinos tradicionales están el respeto a los ancestros y la preservación del linaje familiar.

La perpetuación del apellido y la sangre se considera un deber moral superior. La piedad filial es un acto de devoción hacia los padres y ancestros, y la familia es el núcleo del orden social: una familia numerosa es símbolo de estabilidad, poder y respeto. "No tener hijos es deshonrar a los padres", escribió Confucio.

El natalismo tecnocrático de Musk se traduce en China en una práctica hipertradicionalista reinterpretada con medios modernos, como subrogación, genética selectiva y planificación simultánea de descendencia.

El resultado es un natalismo tecnológico, mercantil y confuciano. Para Musk y los millonarios chinos los hijos son un legado y un símbolo de grandeza. El futuro en ambos casos no se reproduce por amor, sino por estrategia.

Algunos autores subrayan que estos ricos ven la paternidad como un capital, y los hijos como marca de poder: reafirma su estatus de creador, les permite dejar un legado genético, son una proyección del ego y de un imperio personal.

La obsesión reproductiva de Xu Bo y de otros millonarios chinos está siendo motivo de preocupación en comités del Senado. Se alega que Xu utilizó clínicas en varios estados, como California, Nevada o Colorado, para generar múltiples nacimientos simultáneos entre 2020 y 2024. Cada uno de esos bebés recibió la ciudadanía estadounidense automática bajo la 14ª Enmienda.

Washington ve esto como un caso de uso estratégico del útero estadounidense para obtener ciudadanía por vía biológica, sin arraigo cultural ni jurídico real. Se ha vinculado también con inquietudes sobre espionaje, propiedad heredada y manipulación legal transnacional.

En EEUU no existe una regulación federal sobre la gestación subrogada, todo depende de las leyes estatales locales. Esto ha creado un turismo reproductivo de élite extranjera, que aprovecha el vacío jurisdiccional.

La propuesta SAFE KIDS Act exige verificación federal de identidad y procedencia, obliga a que al menos uno de los padres tenga residencia legal o ciudadana para que el bebé acceda a la ciudadanía
automática, crea un registro nacional de nacimientos por subrogación y restringe el acceso a vientres de alquiler a ciudadanos o residentes permanentes.

La propuesta se encuentra actualmente en revisión.