Liz Truss acaba con la paciencia de los 'tories': rebelión a bordo un mes después de llegar al cargo

Liz Truss acaba con la paciencia de los 'tories': rebelión a bordo un mes después de llegar al cargo Carlos Jasso EFE

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Liz Truss acaba con la paciencia de los 'tories', que preparan una rebelión para cobrarse su cabeza

La primera ministra británica enfrenta una grave crisis de credibilidad entre los conservadores tras el cese de Kwasi Kwarteng.

17 octubre, 2022 02:34

Vaivenes desesperados. Titubeos en ruedas de prensa. Medidas apresuradas que se contradicen entre sí. Liz Truss está nerviosa. Lleva sólo cinco semanas en el cargo, pero su acumulación de errores pueden llevarla al desahucio del 10 de Downing Street de forma meteórica. Ha llevado la economía de Reino Unido al borde del colapso, ha abierto una crisis de credibilidad en el seno del Partido Conservador y ha despertado las primeras voces de rebelión entre los tories.

La nueva 'Dama de Hierro' ha degenerado en 'Dama de Hojalata'. Su plan estrella, bautizado como 'mini presupuesto', pretendía rebajar del 25% al 19% el impuesto de sociedades de las empresas para aumentar la competitividad. También reducir de un 45% a un 40% el IRPF de las rentas más altas sin plantear una mayor carga impositiva. Lo que pretendía ser una perfecta receta neoliberal ha acabado en un sonado esperpento que ha hecho temblar los cimientos de la economía británica, hundido la libra a mínimos históricos y puesto contra las cuerdas a Truss, que se ha visto obligada a guillotinar a su ministro de Finanzas, Kwasi Kwarteng, y sustituirlo por el experimentado Jeremy Hunt, para salvar su puesto.

Sin embargo, en las filas conservadores se rumorea que Liz Truss es un cadáver político. La titubeante rueda de prensa que dio el pasado viernes, en la que tan sólo aceptó cuatro preguntas de la prensa antes de salir prácticamente corriendo del atril, denotan que la nueva premier ha perdido la partida.

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"Jaque mate, estamos jodidos", dijo un político tory a la BBC tras conocer los estragos financieros causados por las políticas económicas de Truss y Kwarteng. "No sé hacia dónde nos dirigimos. Es un horror. El partido debe decirle que se vaya", exclamó otro, que tampoco quiso dar su nombre. Por su parte, el diputado Christopher Chope consideró que tanto su partido como el Gobierno se han convertido en un "hazmerreír".

La rebelión a bordo del barco de los tories podría consumarse este mismo lunes. El fuego amigo ha comenzado. El primero en posicionarse contra Truss fue el parlamentario Crispin Blunt. "Se acabó su juego. Ahora debemos decidir cómo se gestiona su sucesión", dijo en declaraciones a Channel 4. "Si existe una opinión de peso dentro del grupo [conservador] de que debe haber un relevo, este se llevará a cabo", matizó después. A pesar de que las reglas internas del partido conceden al menos un año al primer ministro antes de presentarle una moción de censura interna, Blunt sugiere que si hay unanimidad podrían desbancar a Truss.

Kwasi Kwarteng (i) y Liz Truss (d) durante una conferencia del Partido Conservador celebrada el pasado 2 de octubre

Kwasi Kwarteng (i) y Liz Truss (d) durante una conferencia del Partido Conservador celebrada el pasado 2 de octubre Tolga Amken EFE

A lo largo del día, el Partido Conservador celebrará una "misión de rescate" que decidirá el futuro político de la líder británica. Entre 15 y 20 antiguos ministros y legisladores habrían sido convocados a una reunión de urgencia que, según sugieren medios británicos, podría haber sido organizada por los aliados del exministro de Economía Rishi Sunak. Precisamente Sunak, quien se enfrentó a Truss en las primarias y perdió por un 42,7% frente a un 57,3%, es uno de los perfiles favoritos para suceder a la actual premier. Otro de los nombres que se baraja para sustituirla en Downing Street es Ben Wallace, el actual ministro de Defensa. (Incluso el nuevo ministro de economía, Jeremy Hunt, que Truss acaba de nombra, entra en las quinielas. 

Los medios de comunicación británicos no dan demasiada esperanza de vida a Truss tras el revuelo causado por sus fórmulas económicas. En un acto simbólico y típico del carácter irónico inglés, el diario Daily Star publicó un streaming que sitúa una hortaliza al lado de una fotografía de la premier. "¿Durará más una lechuga de 60 peniques o Liz Truss como primera ministra?", se pregunta el tabloide.

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La prensa británica, incluso la más afín a los conservadores, también ha hecho saltar la voz de alarma por las amenazas de rebelión interna dentro del Partido Conservador. El diario Sunday Times ha denominado a la política de "destrucción tory" como "secta de la muerte" y ha comparado la situación de inestabilidad que vive Reino Unido con la política italiana. Sin ir más lejos Kwasi Kwarteng ha sido el ministro de Finanzas que menos ha durado en el cargo antes de ser cesado. Sólo duró menos Ian Macleod, que murió de un infarto un mes después de ocupar el cargo.

A pesar de las voces de rebelión y de la presión mediática a la que está sometida Truss, la primera ministra no tiene intención de renunciar a su puesto. "Estoy absolutamente determinada a cumplir la promesa que hice de conseguir un crecimiento fuerte, un Reino Unido próspero y de salir de la tormenta en la que nos encontramos", afirmó la actual inquilina de Downing Street.

Jeremy Hunt el pasado 14 de octubre

Jeremy Hunt el pasado 14 de octubre Neil Hall EFE

De hecho, haber colocado a Jeremy Hunt parece secundar su decisión de no abandonar el barco –a pesar del motín a bordo– y de salir del bache acompañada de un tecnócrata que ha sido ministro de Exteriores, de Sanidad y de Cultura y que tiene una amplia experiencia en la gestión ministerial. Hunt, ante la tormenta mediática, ofreció el domingo una rueda de prensa en la que apoyó a su aliada: "Liz Truss sigue siendo la primera ministra del Reino Unido. Lo peor que le puede pasar [al país] es que haya más inestabilidad política". El próximo 31 de octubre, si llegan, ambos presentarán un nuevo plan fiscal para el país. 

La decisión está ahora en la mano de Graham Brady, el líder del Comité 1922, que tendrá que decidir, según las cartas de censura que reciba esta semana, si le dice a Liz Truss que tiene que dar un paso atrás, pese a que la nomrativa interna actual dicta que la primera ministra está blindada durante 11 meses. Destituirla obligaría a un cambio de las normas.