Angela Merkel asiste a la sesión semanal de su gabinete en la Cancillería de Berlín.

Angela Merkel asiste a la sesión semanal de su gabinete en la Cancillería de Berlín. Reuters

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Merkel, ante el principio de su fin, juega sus últimas cartas en política

La canciller alemana no para de encajar reveses políticos en la escena interna, algo que mina las intenciones franco-alemanas de relanzar el proyecto europeo.

Berlín

Angela Merkel decía que necesitaba a Volker Kauder. Desde que ella está al frente del Ejecutivo, ha contado con Kauder como jefe del grupo parlamentario que forman la Unión Cristiano Demócrata (CDU) y su hermanada Unión Social Cristiana de Baviera (CSU). El martes, sin embargo, Kauder perdía la votación interna para seguir en esa posición en el Bundestag. Le ganaba la partida Ralph Brinkhaus, un experto en finanzas con un nada desdeñable toque euroescéptico.

Con la victoria Brinkhaus, “el margen de maniobra de Merkel se ha estrechado”, según el análisis del diario conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung. Uno de los editoriales del miércoles de este periódico tachaba a la canciller de “figura política de paja”.

Para la jefa del Gobierno alemán, la pérdida de alguien como Kauder no es sólo un disgusto. Después de 13 años en el poder, la caída en desgracia del que ha sido su líder en el Bundestag marca el principio del final de su carrera política. Al menos así lo apuntaban el miércoles algunos comentaristas y editoriales de los medios de comunicación alemanes.

La derrota de Kauder en la votación de la CDU/CSU muestra que “cada vez falta más la conexión entre Merkel y su partido”, escribía en su editorial Antje Sirleschtov en el diario berlinés Der Tagesspiegel. Esa apreciación no es exagerada.

“Todo esto es un golpe para Merkel. Kauder era su candidato, Merkel le apoyó y trató de asegurarse de que la CSU también apoyara su candidatura, pero ha sido derrotada. Y no es que haya sido derrotada por la gran personalidad de Brinkhaus, sino porque el partido se ha puesto en su contra y en contra del modo en que controlaba el grupo parlamentario CDU/CSU”, explica a EL ESPAÑOL Josef Janning, gran conocedor de la política germana además de responsable en Berlín del think tank europeísta Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR).

Las voces críticas con Angela Merkel vuelven a estar de enhorabuena en Alemania tras prácticamente un mes de septiembre en el que sólo se ha hablado de lo que la gran coalición tenía o no tenía que hacer con Hans-Georg Maaßen, el responsable de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución, agencia de los servicios de inteligencia alemanes.

Maaßen puso en entredicho las evidencias que daban cuenta de las persecuciones y cacerías contra inmigrantes ocurridas a finales de agosto en Chemnitz, después de un suceso en el que falleció un alemán, supuestamente a manos de un sirio y un iraquí. Hasta en dos ocasiones tuvo Merkel que reunirse con Andrea Nahles, presidenta del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), y Horst Seehofer, ministro del Interior y presidente de la CSU, para encontrar una salida aceptable para Maaßen.

Los tres líderes de la gran coalición que rige Alemania tras las elecciones celebradas hace un año terminaron acordando que Maaßen se quedará trabajando como asesor en el Ministerio del Interior. Pero eso fue después de una gran polémica y un serio conato de crisis de Gobierno. Porque Maaßen, según se acordó tras una primera reunión a tres bandas, iba a dejar los servicios de inteligencia para ser nombrado secretario de Estado.

Aquello fue una suerte de caída hacia arriba – Maaßen ganaba en salario y relevancia política –, algo inaceptable para los socialdemócratas.

La autoridad debilitada de la canciller

“La gestión de este tema, entre la CDU, la CSU y los socialdemócratas estuvo tan mal que la gran coalición ha quedado debilitada. Ha quedado clara la debilidad de la autoridad de Merkel en el Gobierno”, dice a EL ESPAÑOL Judy Dempsey, investigadora en Berlín del Carnegie Europe, un centro de estudios del Fondo Carnegie para la Paz Internacional dedicado al viejo continente.

Dempsey es una gran conocedora de la trayectoria de la canciller. Suyo es el libro Das Phänomen Merkel o El fenómeno Merkel (Ed. Körber, 2013), dedicado a la jefa del Gobierno teutón. La crisis desatada por Maaßen, la victoria de Brinkhaus y los continuos desafíos en política migratoria lanzados por Seehofer, “han debilitado a Merkel, su autoridad está siendo cuestionada, yo no veo durar a esta gran coalición cuatro años, si acaso, un año o dos”, apunta Dempsey.

Alude esta analista a la precaria situación de los responsables del acuerdo de Gobierno encontrado por conservadores y socialdemócratas el pasado mes de febrero. “Las cosas no pintan bien para Merkel, tampoco para Seehofer ni para los socialdemócratas”, según Dempsey. Y tanto. Los sondeos de intención de voto dan cuenta de que el apoyo a la CDU/CSU ha caído por debajo del 30%. En las pasadas elecciones generales, Merkel se hizo con una victoria más bien pírrica gracias a un 32,9% de los votos.

Al SPD los sondeos le atribuyen valores de intención de voto en mínimos históricos, alrededor del 17%. No parece un imposible que la formación ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) pueda superar al SPD en las encuestas.

El principio del fin de Merkel, un problema de Europa

En este contexto, “se está acelerando el calendario para la sucesión de Merkel”, estima Janning, el experto del ECFR. Él conviene en afirmar que “asistimos al principio del fin” político de Merkel. Además, él entiende que la canciller tendrá que anunciar en el próximo congreso de la CDU que éste será, efectivamente, su último mandato como jefa de Gobierno pero también como presidenta de los cristianodemócratas.

“Inicialmente se podía pensar que hasta 2020 no se tomarían las decisiones sobre el futuro del partido, pero ahora 2020 está demasiado lejos. Todo eso va a ocurrir probablemente en 2019”, abunda Janning. A su entender, “Merkel se queda por ahora en el poder porque en su propio partido no hay acuerdos sobre quién debe ser su sucesor”.

Para Europa, los derroteros de la política alemana debería ser preocupantes. Sin un Gobierno estable en Berlín, resulta imposible pensar en que el eje franco-alemán pueda sacar adelante las anheladas reformas de la Unión Europea del presidente francés Emmanuel Macron.

Nos podemos olvidar ahora de que Alemania apoye cualquiera de las reformas que Macron quería llevar a cabo en Europa. Brinkhaus es bastante euroescéptico y quiere recuperar los votos que su partido ha perdido en beneficio de AfD”, apunta Dempsey, aludiendo al nuevo líder de la CDU/CSU en el Bundestag. Al nuevo jefe de la CDU/CSU en el Parlamento se le ha oído pronunciarse, entre otras cosas, en contra de la mutualización de la deuda en Europa y de la creación de un Fondo Monetario Europeo.

“Esta situación resulta muy desafortunada para Europa. Una Alemania mirándose hacia dentro políticamente va a coincidir con las elecciones europeas de 2019”, sostiene un Janning nada optimista en lo que respecta a las reformas de la Unión Europea. “Ya el año pasado se hablaba de que cuando hubiera un Gobierno alemán, habría, en 2018, tiempo para hacer en Europa las reformas que hicieran falta. Pero este año, lo que ha pasado en términos de iniciativas europeas es prácticamente nada”, concluye.