Este fenómeno explica cómo las células de la madre traspasan la placenta y permanecen en el cuerpo del hijo a lo largo de su vida.

Este fenómeno explica cómo las células de la madre traspasan la placenta y permanecen en el cuerpo del hijo a lo largo de su vida. Lordn iStock

Salud y Bienestar

Llevas a tu abuela en las células: el microquimerismo demuestra que su huella física trasciende generaciones

Este intercambio de material genético está revolucionando la forma de entender la gestación y la maternidad en general.

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Durante décadas, la medicina describió la placenta como una frontera prácticamente infranqueable entre la madre y el bebé.

Un órgano extraordinario que permitía el traspaso de oxígeno y nutrientes, pero que mantenía separados ambos organismos. Sin embargo, la investigación científica ha demostrado que esa imagen era incompleta.

En realidad, durante el embarazo se produce un intercambio constante de células entre ambos cuerpos, un fenómeno conocido como microquimerismo materno que está revolucionando la forma de entender la gestación, la inmunología e incluso el vínculo biológico entre generaciones.

La doctora Alexandra Henríquez, especialista del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Centro Médico-Quirúrgico Olympia Quirónsalud, explica que este hallazgo obliga a replantearse muchas de las ideas tradicionales sobre esta etapa.

La doctora Alexandra Henríquez, especialista del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Centro Médico-Quirúrgico Olympia Quirónsalud.

La doctora Alexandra Henríquez, especialista del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Centro Médico-Quirúrgico Olympia Quirónsalud. Cedida

"Es una realidad biológica que ha cambiado nuestra manera de entender la maternidad", afirma la especialista.

La historia de este descubrimiento comenzó a consolidarse en la década de los 90, cuando distintos grupos de investigación empezaron a detectar microorganismos fetales en mujeres que habían dado a luz años atrás.

Poco después, también encontraron unidades maternas en los hijos ya nacidos. Aquellas observaciones demostraban que existía un flujo bidireccional entre ambos organismos mientras un bebé se desarrolla en el vientre de su madre.

"Siempre habíamos pensado que la placenta era como una barrera infranqueable a través de la cual nada podía pasar", explica la doctora Henríquez.

Sin embargo, los estudios demostraron que millones de estos componentes básicos cruzan esa frontera natural y que algunos de ellos permanecen vivos durante décadas.

Convivencia extraordinaria

Uno de los aspectos más fascinantes de este fenómeno es precisamente esa permanencia. ¿Cómo es posible que material biológico procedente de otra persona sobreviva durante tantos años sin ser eliminado por el sistema inmunitario?

La respuesta todavía no está completamente resuelta, aunque la ciencia dispone de algunas pistas importantes.

"Se sabe que pueden comportarse como auténticas células madre, circular por la sangre o migrar e integrarse en diferentes tejidos", explica la ginecóloga. Lo más sorprendente es que no son rechazadas por el organismo que las alberga.

Durante mucho tiempo se pensó que la gestación implicaba una especie de inmunosupresión fisiológica. Al fin y al cabo, el feto incorpora aproximadamente la mitad de su material genético del padre y podría interpretarse como un tejido parcialmente extraño. Sin embargo, la evidencia científica actual describe un proceso mucho más complejo.

Algunas respuestas disminuyen para favorecer el desarrollo del bebé, mientras que otras aumentan. "El embarazo no apaga el sistema inmunitario, lo reprograma", añade la experta.

Ese delicado equilibrio permite que las divisiones fetales puedan instalarse en el organismo materno durante años sin ser destruidas y, de la misma forma, que las que provienen de la madre permanezcan en el cuerpo de sus hijos durante gran parte de su vida.

La especialista resume esta capacidad como "uno de los grandes misterios de la biología humana".

Vínculo entre generaciones

Las implicaciones del microquimerismo no terminan en la relación maternofilial. También podrían extenderse a la siguiente generación.

Cuando una mujer está embarazada de una niña, dentro de ese feto femenino ya se están formando los óvulos que, en el futuro, darán lugar a sus propios hijos. Es decir, durante una misma gestación conviven biológicamente tres generaciones.

Ese hecho convierte este momento en algo especialmente relevante desde el punto de vista de la salud.

"Cualquier problema durante esos nueve meses o la exposición a sustancias como determinados disruptores endocrinos puede producir un impacto epigenético transgeneracional", señala.

Esto significa que determinadas circunstancias sufridas durante la gestación de una abuela podrían influir, años después, en la salud de sus nietos.

"El embarazo deja una huella biológica que puede trascender más de una generación. No sólo heredamos genes, sino también microorganismos vivos de nuestros antepasados", resume la especialista.

Se trata de una idea que cambia profundamente la concepción clásica de la herencia biológica. No obstante, la doctora Alexandra Henríquez insiste en que todavía queda una gran incógnita por resolver: cuál es la función real que desempeñan esas unidades persistentes.

Cadena de ADN.

Cadena de ADN. Unsplash

¿Para qué sirven?

Aunque las investigaciones avanzan rápidamente, aún no existe evidencia suficiente para afirmar cuál es el papel concreto de este fenómeno en la salud humana.

"Lo único que podemos decir es que parece tener un efecto beneficioso y que la relación entre madre e hijo no acaba simplemente tras el parto", afirma la doctora.

Entre las hipótesis más estudiadas, figura la posibilidad de que estas divisiones participen en la reparación de tejidos lesionados, modulen la respuesta inmunitaria o contribuyan a controlar procesos inflamatorios.

Incluso algunos trabajos han planteado que podrían intervenir en la vigilancia frente al desarrollo de determinados tumores, aunque esta hipótesis todavía necesita mucha más confirmación científica.

En cualquier caso, Henríquez insiste en la prudencia: "Realmente esta pregunta no tiene todavía una explicación con suficiente evidencia científica".

Protección o enfermedad

Como ocurre con muchas áreas emergentes de la investigación biomédica, esta realidad biológica presenta un panorama lleno de matices.

Los estudios publicados hasta la fecha sugieren posibles efectos beneficiosos, pero también han observado la presencia de estos microorganismos en enfermedades autoinmunes como el lupus eritematoso sistémico, la artritis reumatoide o algunas tiroiditis.

"Se han encontrado células microquiméricas en algunos de estos padecimientos, pero no sabemos si los provocan o simplemente acuden a reparar el tejido inflamado", explica Henríquez.

Es una diferencia fundamental. Porque podrían ser un elemento del problema o, por el contrario, formar parte del mecanismo de reparación del organismo. La investigación aún no permite establecer una relación de causa y efecto.

Por ello, la especialista considera precipitado extraer conclusiones clínicas sobre el papel que desempeñan.

Una aguja en un pajar

Si estas divisiones son tan escasas, ¿cómo consiguen encontrarlas los científicos?

La respuesta está en las nuevas herramientas de biología molecular y secuenciación genética, capaces de identificar diferencias mínimas en el ADN. "Encontrarlas es como buscar una aguja en un pajar", explica Henríquez.

Las técnicas actuales permiten distinguir si uno de estos microorganismos pertenece a la madre o al hijo analizando pequeñas variaciones genéticas.

Una vez identificadas, los investigadores pueden estudiar cuánto tiempo sobreviven, qué genes tienen activos, qué proteínas producen o si participan en la reparación de un tejido concreto. "Es como hacerle un carné de identidad a cada célula", resume la especialista.

El desarrollo de tecnologías —como la secuenciación genética— está permitiendo responder preguntas que hace apenas unos años resultaban técnicamente imposibles.

Una mujer embarazada muestra su ecografía.

Una mujer embarazada muestra su ecografía. Unsplash

El gran reto

Aunque han pasado más de 30 años desde que comenzó a estudiarse esta curiosa circunstancia, la lista de incógnitas continúa siendo extensa.

Los investigadores todavía desconocen cuál es exactamente la función biológica de estas unidades, cómo interactúan con los distintos órganos y hasta qué punto pueden influir en enfermedades complejas.

Uno de los campos más prometedores es el de la medicina regenerativa. Si poseen realmente capacidad para participar en la reparación tisular, podrían convertirse en una herramienta terapéutica para favorecer la regeneración de órganos dañados.

También despierta un enorme interés su posible aplicación en oncología.

"Una de las grandes preguntas es si podremos utilizarlas con algún fin terapéutico para regenerar tejidos o mejorar el microambiente tumoral en pacientes con cáncer", explica Henríquez.

Por el momento, todas estas posibilidades permanecen dentro del ámbito de la investigación básica y experimental.

La especialista considera que este conocimiento invita a revisar el propio concepto de maternidad desde una perspectiva científica: "Pensar que el vínculo materno-fetal se engendra durante el embarazo, continúa tras el parto y se mantiene bidireccionalmente compartiendo células casi durante toda la vida es algo que el avance de la ciencia nos ha permitido descubrir".

Una idea tan sugerente como prudente. Porque, pese al entusiasmo que despierta, la doctora recuerda que estos estudios apenas han comenzado.

Sabemos que las células microquiméricas existen, que sobreviven durante décadas y que viajan entre generaciones. Lo que todavía queda por descubrir es quizá la pregunta más importante de todas: por qué permanecen ahí y qué papel desempeñan realmente en el cuerpo humano.

Mientras llegan las respuestas, este fenómeno ya ha dejado una certeza difícil de ignorar: ese momento tan especial para una mujer no sólo crea una nueva vida, sino también una huella biológica compartida que puede acompañar a madres e hijos durante décadas y, quizá, extenderse mucho más allá de una sola generación.