Salud y Bienestar

'Fibermaxxing': la obsesión por comer más fibra que puede estar convirtiendo un buen consejo en otra dieta de moda

El nutriente tiene multitud de beneficios para el organismo, pero la fiebre por él puede desembocar en decisiones un tanto cuestionables.

Más información: Ni platos aburridos ni alimentos insípidos: las pautas para que la alimentación saludable sea un placer

Publicada

Primero fue la proteína, porque durante un tiempo parecía que todo tenía que llevarla: los yogures, las galletas, el pan, los cereales, los helados e incluso algunos cafés. Y ahora las redes sociales han encontrado un nuevo protagonista para la obsesión: la fibra.

Se llama fibermaxxing y consiste, básicamente, en intentar aumentar al máximo la cantidad que consumimos. Internet se ha llenado de vídeos con recetas cargadas de semillas, frutas, verduras, legumbres o avena; personas calculando cuántos gramos llevan sus comidas y productos que utilizan el concepto high fiber para llamar tu atención.

Y esta tendencia, en 2026, no deja de crecer. Te reconoceré que tengo sentimientos encontrados.

Por una parte, confieso que estoy un poco harta de las tendencias alimenticias. Cada cierto tiempo aparece un nutriente que parece ser la respuesta a todos nuestros problemas. Por otra, esta vez hay algo diferente: es uno de esos con los que, efectivamente, nos estamos quedando cortos.

El problema, como casi siempre, se da cuando convertimos una recomendación saludable en la nueva dieta de moda.

No, gracias

La mayoría de nosotras debería comer más fibra. Las recomendaciones para adultos suelen situarse alrededor de los 25 gramos diarios como mínimo, y algunas referencias apuntan a cantidades superiores dependiendo de las necesidades individuales.

Y si pensamos en nuestra pauta cotidiana, no es difícil entender por qué muchas personas no llegan. Comemos pocas verduras, las legumbres no aparecen tanto como deberían, la fruta compite con productos preparados para ocupar el espacio de la merienda, los frutos secos se sustituyen muchas veces por snacks y hemos reducido la ingesta de vegetales.

Por eso, cuando alguien me pregunta cómo comer más, mi primera respuesta no sería "compra un suplemento" ni "busca un pan que tenga 10 gramos". Sería mucho más sencilla: come más plantas.

El mejor truco es mantener una alimentación equilibrada.

El mejor truco es mantener una alimentación equilibrada. Foto de Jannis Brandt en Unsplash

Cuando comemos una zanahoria, unas lentejas, una manzana o un puñado de almendras no estamos incorporando únicamente este nutriente, igualmente estamos tomando vitaminas, minerales y otros compuestos. Y precisamente esa variedad es una de las grandes riquezas de nuestra alimentación.

Tu intestino también come

Aquí es donde la cuestión se vuelve especialmente interesante.

¿Sabías que no podemos digerir completamente una (gran) parte de la fibra que ingerimos? Por eso, algo que podría parecer una desventaja, es precisamente una de sus virtudes: parte de la misma llega al colon (área final del intestino grueso), donde puede ser utilizada por las bacterias de nuestra microbiota.

Dicho de una manera muy sencilla, al comerla, no sólo estamos alimentándonos nosotros, sino que hacemos lo propio con los microorganismos que viven en nuestro intestino.

Y eso ayuda a que nuestras bacterias generen compuestos como los ácidos grasos de cadena corta, que participan en diferentes procesos relacionados con la salud intestinal y metabólica.

Por eso, cuando hablamos del nutriente me gusta hacerlo también de microbiota.

Los frutos secos, fuente de fibra.

Los frutos secos, fuente de fibra. Foto de ABHISHEK HAJARE en Unsplash

Y aquí aparece otra palabra que se ha puesto de moda: probióticos. Son microorganismos vivos que, en cantidades adecuadas y en determinadas cepas, pueden aportar beneficios concretos. La fibra, en cambio, puede aportar sustratos que utilizan nuestros microorganismos intestinales. No son lo mismo.

De hecho, nos preocupamos muchísimo por comprarlos y olvidamos algo más básico: alimentar bien nuestra microbiota a diario. Y ahí una alimentación rica y variada en alimentos vegetales tiene muchísimo que decir.

Un mejor tránsito

La fibra también puede ayudarte a ir mejor al baño. Quizá este sea el beneficio más conocido y, a la vez, uno de los que más fácilmente podemos experimentar.

El estreñimiento es uno de los grandes males digestivos de nuestra sociedad. Y una alimentación suficientemente rica en el nutriente puede favorecer un tránsito intestinal regular. Algunos ayudan a aumentar el volumen de las heces y otros retienen agua o son fermentadas por la microbiota.

El resultado depende del tipo, de la cantidad, de nuestra alimentación global y también de nuestra hidratación.

Por eso, si una persona llega a consulta diciéndome que lleva días sin ir al baño, antes de pensar en una estrategia sofisticada me interesa saber algo mucho más sencillo: ¿qué está comiendo?, ¿cuántas verduras hay en su día?, ¿come fruta?, ¿toma legumbres?, ¿bebe suficiente agua?, ¿se mueve?, ¿ha cambiado recientemente su alimentación?

Porque muchas veces el intestino no necesita una solución extraordinaria. Necesita que volvamos a darle aquello que le hemos ido quitando.

Cuidado con el "de 0 a 100"

Y aquí está una de las partes de la moda del fibermaxxing que menos me gusta. Si una persona está acostumbrada a comer poca fibra y decide, de un día para otro, desayunar avena con chía, un enorme bol de ensalada, merendar fruta con frutos secos, cenar legumbres y además, añadir un suplemento, es bastante probable que su intestino tenga algo que decir.

Gases, hinchazón e incluso estreñimiento pueden aparecer cuando aumentamos la cantidad demasiado deprisa, especialmente si no lo acompañamos de una hidratación adecuada. Más no significa necesariamente mejor; hay que darle tiempo al intestino para adaptarse.

Si ahora tomas poca verdura, no has de pasar mañana a cinco raciones. Empieza incorporando una más. Si apenas comes legumbres, prueba con una o dos veces a la semana. Los cambios pequeños, cuando se mantienen, suelen ser mucho más útiles que los grandes que abandonamos a las dos semanas.

La ensalada, esa gran aliada.

La ensalada, esa gran aliada. Foto de Louis Hansel en Unsplash

¿Alto en fibra?

Esta es otra consecuencia de las modas nutricionales que me preocupa. Cuando algo se convierte en protagonista, la industria rápidamente halla la manera de añadirlo a productos que quieren parecer más saludables.

Hoy podemos encontrar panes, barritas, cereales, galletas, yogures y otros productos que destacan en su envase su contenido en fibra. Algunas añadidas pueden ser perfectamente útiles y formar parte de una buena alimentación.

Pero hay una pregunta que me parece mucho más importante que mirar únicamente cuántos gramos aparecen en grande en el frontal: ¿qué estoy comprando? Porque un producto puede tener mucha cantidad de este nutriente y seguir siendo muy procesado, con una lista de ingredientes larguísima y poco parecido al alimento que originalmente deberíamos estar comiendo.

No se trata de demonizar estas propuestas. Pueden ser útiles en determinadas circunstancias. Lo que hay que hacer es no confundir conceptos.

La fibra no convierte mágicamente cualquier alimento en una buena elección. Entonces, ¿qué haría yo? En lugar de intentar convertirnos en fibermaxxers, intentaría evolucionar a personas que comen más vegetales. Empezaría por algo tan poco espectacular como esto: Más verduras y más variedad.

Que aparezcan en comida y cena. Cocinadas de distintas maneras. Y no tomar siempre tomate y lechuga, recomiendo probar calabaza, berenjena, alcachofa, coliflor, espinacas, zanahoria, judías verdes, pimientos, setas…

Además, más legumbres. Lentejas, garbanzos, alubias, guisantes. En ensaladas, guisos, hummus, cremas o como acompañamiento.

Por supuesto, más fruta. No debería ser el alimento que “engorda” o que evitamos por su azúcar. Es una fuente estupenda de fibra y otros nutrientes.

También más tubérculos: patata, boniato, yuca… Me parece especialmente interesante recuperar estos alimentos en una época en la que hemos demonizado tanto los hidratos de carbono. Y, por supuesto, aprender a leer las etiquetas. No para vivir pendientes de ellas, sino para saber qué estamos comprando cuando elegimos un envasado.

La fibra no necesita convertirse en otra obsesión. Quizá lo mejor que pueda dejarnos el fibermaxxing sea recordarnos algo que habíamos olvidado: que la necesitamos. Pero no hay que contar cada gramo que comemos. Ni comprar todo aquello que anuncia su contenido a los cuatro vientos.

Después de tantos años buscando la dieta perfecta, la respuesta es, una vez más, sorprendentemente sencilla: más plantas, más variedad, más comida real y menos obsesión.