El equipo de Eugin.

El equipo de Eugin. José Torralba

Salud y Bienestar

Las españolas que investigan el gran enigma de la fertilidad: por qué hay embriones de calidad que no se implantan

Forman parte del proyecto Implanteu, coordinado por el grupo español Eugin y financiado por la Unión Europea con 3,5 millones de euros.

Más información: Inge Kormelink lidera la clínica de fertilidad donde el 90% son mujeres: "El 70% de las clientas vienen de EEUU, Canadá..."

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El embarazo es un milagro de la naturaleza, una auténtica obra de ingeniería de la biología y la genética de la que aún quedan muchas cosas por descubrir.

Puede parecer paradójico, porque organismos como la ONU, la OMS o el Instituto Guttmacher cifran en más de 200 millones las gestaciones que se dan cada año en el mundo. Y aun así, siguen abiertas muchas incógnitas en esta increíble aventura de la maternidad.

Una de las razones principales de este desconocimiento es que la salud femenina se ha estudiado poco, aunque de las mujeres dependa dar vida y preservar la especie.

Precisamente para empezar a corregir ese vacío de conocimiento nace Implanteu, una red europea de excelencia que reúne a expertos en biología reproductiva y células madre, medicina, fisiología, ética, derecho y tecnologías avanzadas.

El objetivo es desbloquear uno de los mayores enigmas de la reproducción: la implantación del embrión en el útero, uno de los procesos biológicos más determinantes y, a la vez, menos comprendidos. Se ignora el motivo por el que, en muchas ocasiones, falla, haciendo que la reproducción no sea posible.

El laboratorio de fertilidad de la clínica.

El laboratorio de fertilidad de la clínica. José Torralba

Intentar descubrir el porqué es lo que ha llevado a un grupo de profesionales de distintas disciplinas —todas mujeres— a ponerse al frente de un proyecto revolucionario a escala europea.

Reúne a 11 instituciones, nueve académicas, 13 candidatas doctorales, nueve nacionalidades, 11 investigadores principales, cuatro entidades partners, una coordinadora científica y una project manager.

Está financiado por la Unión Europea en el marco de las Acciones Marie Skłodowska‑Curie (MSCA‑DN) y su red cuenta con 3,5 millones de euros. El grupo español Eugin ha asumido la coordinación científica y administrativa del proyecto desde su Centro de Investigación Básica en Barcelona: todo un hito.

Magas visita su clínica de fertilidad y reproducción asistida en Barcelona para conocer a parte del equipo femenino tras esta investigación pionera y la importante labor que lleva a cabo.

Cada una aporta su conocimiento en disciplinas distintas: ginecología y obstetricia, investigación básica, biología, inteligencia artificial y gestión del proyecto. Este liderazgo en el mundo de la concepción recorre toda la cadena, desde el laboratorio y la consulta hasta los despachos.

Ética y coordinación

Empecemos por estos últimos... Clara Estela es la coordinadora del proyecto de Implanteu. Su trabajo pasa por ser el enlace constante con la Comisión Europea y velar por que se respeten las enormes diferencias legales y éticas entre países, en los que en algunos se permite trabajar con embriones y en otros está absolutamente prohibido.

"Las líneas de investigación son muy curadas y cada vez que haces un pequeño cambio tienes que pasar por un comité de ética", explica. Clara también ha formado parte del proceso de selección de este equipo eminentemente femenino.

"No fue nada buscado, simplemente se iban seleccionando los mejores perfiles y estos eran de mujeres. Hay una presencia fuerte de investigadoras principales, algo poco habitual en un sector donde sigue habiendo muchos hombres en los puestos más visibles", asegura.

El 30% de los casos de infertilidad se atribuyen a causas desconocidas ligadas a la implantación, de ahí que Estela haga énfasis en la importancia de este proyecto. Hasta ahora, se han cumplido los objetivos organizativos y ya empiezan los primeros hitos científicos, "como el desarrollo de un endometrio en chip en Italia".

Esta tecnología imita el revestimiento del útero con células endometriales reales. Se utiliza para estudiar cómo se produce la implantación embrionaria, por qué falla y cómo responde el tejido a hormonas u otros factores, sin tener que experimentar directamente en el cuerpo de la paciente.

La experta destaca el ambiente colaborativo de las doctorandas que participan donde la competición no existe. Hay "cohesión y aprendizaje mutuo", dice.

Ciencia e IA

También hay pasión e ilusión compartida, como la que muestra Irene Miguel Escalada, coordinadora científica del Grupo Eugin en España e investigadora principal de una de las líneas de Implanteu.

"Lo que queremos entender es por qué hay algunos casos en los que, tras un tratamiento de fertilidad, cuando a una mujer se le transfiere un embrión que en principio es óptimo, el embarazo no se produce", resume.

Irene Miguel Escalada, coordinadora científica del Grupo Eugin en España y Manager de Investigación Translacional.

Irene Miguel Escalada, coordinadora científica del Grupo Eugin en España y Manager de Investigación Translacional. José Torralba

Este problema, en algunas pacientes, es recurrente y se denomina fallo repetido de implantación. "Tratamos de ver si el endometrio, que es un tejido fascinante, nos está diciendo algo desde el punto de vista molecular, algo que no podemos ver en una revisión ginecológica, y por eso este es un proyecto de investigación puntero", revela.

Intenta explicarlo todo de forma didáctica, lo que supone un reto añadido: "Nuestras células contienen instrucciones que vienen codificadas en el ADN… Son como libros que van dando pautas para hacer cosas. Nosotros queremos ver los interruptores, es decir, en qué momento alguien dice: abre este libro y dile al endometrio que ahora tiene que estar activo para la implantación".

Para verlo, usan un método muy visual: "Básicamente, iluminamos los genes dentro de la estructura del tejido. Lo hacemos con colores y vamos viendo cómo biopsias tomadas en distintos momentos del ciclo menstrual se van encendiendo alrededor de la ventana de implantación".

Todo esto implica análisis bioinformáticos supercomplejos. El uso de tecnologías disruptivas es clave para este proyecto y aquí entra Marina Domínguez, que nos atiende por Zoom desde la Universitat Politècnica de València, donde desarrolla su tesis doctoral.

Esta doctoranda —matemática de formación— desarrolla la parte de IA aplicada a ecografías para ayudar a predecir la receptividad endometrial y afinar el momento óptimo de la transferencia embrionaria.

Se trata de diseñar modelos que analizan imágenes de ultrasonido del endometrio junto con datos clínicos (hormonas, etc.) para construir una herramienta que indique si está o no preparado para la implantación.

"Ahora mismo, el médico decide esto basándose en algo muy subjetivo; nosotros queremos objetivizarlo con los patrones que ve la IA. Yo recibo muchas imágenes, voy entrenando modelos y los voy ajustando en contacto con las ginecólogas, para que lo que salga sirva de verdad en la clínica", explica.

Una de las cosas que más le gustan de este proyecto es que sea "tan interdisciplinar" y asegura que no hay que tenerle miedo a la IA, porque "va a ser un apoyo muy fuerte para profesionales que están completamente saturados".

Admite que las nuevas tecnologías van más deprisa que la ética, pero insiste en que la privacidad del paciente está garantizada porque los procesos están "extremadamente regulados".

Domínguez también aprovecha para poner en valor el papel de las mujeres en las carreras tecnológicas: "En la parte de implantación hay muchas; en informática y en IA no hay tantas. Cuando estudié el máster en la Technical University of Munich éramos sólo cinco. Por eso, es importante dar voz a las que estamos aquí".

En el laboratorio

Entre probetas charlamos ahora con Mónica Cremades, bióloga valenciana que desde septiembre de 2025 es estudiante de doctorado en Eugin dentro de la red Implanteu Marie Curie, donde se adentra en la regulación molecular del endometrio durante la implantación en pacientes con fallo recurrente.

"Hay mujeres que tienen embriones de buena calidad y, aun así, no logran el embarazo y no se sabe por qué. Queremos ver cómo determinados genes regulan esta ventana de implantación, porque pensamos que puede haber mecanismos genéticos que no funcionan correctamente", explica.

Y prosigue planteando que "el problema quizá no sea que el embrión no sea bueno, sino que el endometrio está enviando señales contradictorias y eso hace que no se implante".

Mónica Cremades, bióloga del proyecto, durante la entrevista en laboratorio.

Mónica Cremades, bióloga del proyecto, durante la entrevista en laboratorio. José Torralba

Con su bata blanca en el laboratorio de Eugin, lanza un mensaje: "Si algo es claro en la ciencia es que se sabe muy poco de las mujeres, porque fueron incorporadas en los estudios mucho más tarde. Casi todo lo que se conoce está relacionado con los hombres. Me parece bastante chocante que no se conozca casi nada de lo que nos mantiene como especie".

Por eso insiste en la necesidad de que haya "más investigación incluyendo población femenina en todos los campos, porque se desconoce mucho su fisiología en sí".

Es una opinión que comparte la coordinadora científica del proyecto, Irene Miguel Escalada: "Sabemos muy poco de la biología de la mujer en el plano molecular y genético y creo que está muy bien que exista financiación que nos permita adentrarnos en profundidad en la salud reproductiva".

Y plantea: "Con los problemas de natalidad, ¿qué inversión más importante tenemos que hacer que la de investigar la salud reproductiva y la fertilidad?".

En consulta

La mirada clínica la pone Amelia Rodríguez‑Aranda, Chief Medical Officer y directora de I+D del Eugin Group, donde lidera la estrategia médica y científica internacional. Como especialista en Obstetricia y Ginecología, asegura que su primera pregunta ante cualquier estudio es: "¿Esto para qué sirve?".

Y para lo que sirve Implanteu es para intentar dar respuestas, "para saber si un punto es accionable o no, si merece la pena seguir, cambiar de estrategia o parar". Porque, como insiste, el impacto emocional es enorme para las mujeres que no logran ese embarazo pese a que se les transfieran embriones a priori correctos.

"La reproducción es ineficiente por vía natural, pero también por la artificial. Entonces, todo lo que ayude a que el proceso sea más eficiente, imagínate la relevancia que puede tener", confiesa.

Esta es la razón por la que recalca que la investigación básica es uno de los pilares fundamentales de Eugin, como "primer ladrillo" sobre el que luego se construyen aplicaciones clínicas, aunque sea la parte "menos fashion" y más lejana al día a día de la consulta.

Amelia Rodríguez-Aranda, directora de I+D del grupo Eugin, en una llamada a dos con Aline Lorenzon, coordinadora científica.

Amelia Rodríguez-Aranda, directora de I+D del grupo Eugin, en una llamada a dos con Aline Lorenzon, coordinadora científica. José Torralba

Amelia también subraya la increíble relevancia de que un grupo español haya logrado obtener una beca Marie Curie DN: "Para nosotros ha sido un reconocimiento claro. Es una ayuda muy competitiva y nuestro proyecto ha merecido la atención de la Comisión Europea hasta el punto de dejarnos coordinarlo desde aquí".

Y destaca la participación de muchos jóvenes profesionales de distintas partes del mundo: "El día que hicimos la reunión inicial me sorprendió ver gente tan brillante, y qué torpe te sientes cuando escuchas a jóvenes de veintipocos años…".

De los humanos... al ganado

Implanteu aún tiene un largo recorrido por delante para descifrar ese gran enigma que no sólo afecta a la supervivencia de la especie humana, sino también a la animal. Para explicar esta pata del proyecto se conecta desde Brasil Aline Lorenzon, coordinadora científica de Eugin Group y responsable de Investigación y Desarrollo en Huntington Medicina Reproductiva.

Dentro de la red hay dos proyectos con vacas: uno centrado en entender mejor la comunicación prolongada entre embrión y útero, que se alarga hasta 21 días —frente a los dos o tres que dura en humanos—.

Es difícil reproducirla in vitro durante tanto tiempo, así que se intenta identificar qué factores son críticos para que la implantación funcione. También se busca optimizar la producción de ovocitos y el desarrollo embrionario.

¿Para qué? La razón quizá sorprende, pero Aline explica que si se deja la reproducción animal "a su aire", la producción de carne no será suficiente ni sostenible; hacen falta técnicas eficientes para garantizar alimentos a toda la población.

Recuerda, además, que actualmente la congelación de embriones bovinos es muy poco eficiente: al descongelar se pierden muchos, por lo que otra línea del proyecto busca perfeccionar las técnicas de criopreservación para reducir esa pérdida.

En resumen, este proyecto histórico para España quizá no resuelva del todo el misterio del embarazo, pero sí está encendiendo pequeñas luces dentro de esa 'caja negra' que es el útero donde la vida ha de abrirse paso. Lo hace, además, con algo tan poderoso como poco habitual: investigando a fondo el cuerpo de la mujer.

Si algún día logramos saber por qué un embrión implanta y otro no —en una mujer o en una vaca— será, en buena medida, gracias a investigaciones como esta y a las profesionales que hoy dedican su tesis, sus noches de laboratorio y sus algoritmos a descifrar el lado más frágil y desconocido de la concepción.