La escritora Marta Platel.

La escritora Marta Platel. Javier Ocaña

Protagonistas

Marta Platel, ganadora del Premio Fernando Lara: "La lucha de clases también se libraba dentro de casa"

La periodista se ha alzado con el prestigioso galardón gracias a su novela El baile de las criadas.

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La obra es una cruda y magnética inmersión en la Barcelona de 1941, una ciudad dividida entre la opulencia de la burguesía, la inquietante y abierta presencia de la simbología nazi en las calles, y el silencio de las clases más vulnerables.

A través de una trama a dos tiempos que conecta el pasado con un misterio en el presente, Platel rescata de la invisibilidad al servicio doméstico de la posguerra.

Aquellas mujeres que, tras las paredes de los hogares ricos, lo veían y oían todo, convirtiéndose en los testigos más peligrosos de una época marcada por el miedo y la sumisión.

Las criadas están siempre presentes en todas las casas, escuchan conversaciones y conocen a menudo todos los secretos, pero rara vez aparecen en los relatos históricos. Sin embargo, tú has decidido meterlas aquí. ¿Por qué?

Quería dar voz a las que en los años de la posguerra salieron de sus pueblos para encontrar en la ciudad una vida mejor y huir de la miseria. Algunas venían recomendadas y otras acudían a las monjas para que las colocasen, algo muy habitual en aquella época. Las monjas les advertían que debían ser chicas hacendosas, buenas y obedientes, pero no de lo que podían encontrarse de puertas para adentro.

Su única salida, en una época en la que el trabajo escaseaba y no estaba bien visto que ellas trabajasen, era ponerse a servir; el único empleo que el régimen franquista les permitía. Quería darles voz, fueron muy importantes para las familias a las que servían y que, sin embargo, eran prácticamente invisibles para la sociedad.

La también periodista posa para Magas con su libro.

La también periodista posa para Magas con su libro. Javier Ocaña

La burguesía solía olvidar que el servicio conoce todas sus interioridades, ¿puede una criada convertirse en el cabo suelto más peligroso?

Por supuesto. Mi propósito no era limitarlas a ser simples comparsas de un entorno de ricos y pobres, sino darles un protagonismo absoluto. La protagonista llega a la ciudad con total inocencia y se topa con un entorno marcado por la violencia, el miedo y la vigilancia. Al principio se muestra cauta, pero las circunstancias la obligan a rebelarse y tomar las riendas de su destino.

En la literatura, estas figuras rara vez abandonan el papel de sumisas. Con esta historia demuestro que un acto de rebeldía era posible en una época de opresión y que la lucha de clases también se libraba dentro del espacio doméstico.

Para evitar el cliché de vencedores y vencidos, quise mostrar que la sumisión afectaba a distintas escalas. La propia señora de la casa se siente inferior ante su amiga nazi y ante las mandamases de la Sección Femenina.

Incluso dentro del servicio existían estrictas jerarquías: la cocinera tenía su propio estatus, por debajo estaba la primera doncella, y el chófer, al que trataban de "señor", tuteaba a las criadas.

¿Dirías que esta novela es una forma de devolverle la palabra a quienes quedaron fuera del relato oficial?

Sí, eso es lo que he pretendido: darles la fuerza suficiente para rebelarse. Cuando buscaba un tema para esta segunda novela y nada me convencía, recurrí a mis propios recuerdos. Recordé el barrio donde yo vivía cuando era una niña. Allí había muchas criadas, pero recuerdo especialmente a una señora que había superado con creces la edad de jubilación y seguía vistiendo su uniforme. Cobraba un sueldo irrisorio.

Mi madre lo comentaba en casa y otras criadas más jóvenes le decían que tenía que exigir sus derechos. Sin embargo, la mujer defendía con uñas y dientes a la familia que la explotaba desde los catorce años. Era madre soltera y no había visto crecer a su hija; esa vivencia me inspiró para crear uno de los perfiles de la novela.

También recuerdo que mis amigas consideraban a sus tatas "de la familia", pero cuando había una boda o un cumpleaños no las invitaban, o las sentaban en la mesa de los niños. No eran de la familia, estaban a su servicio. De niña pensaba que eran unas pesadas; ahora, al escribir la novela, me he dicho: "Ojalá las hubiera escuchado".

Esos huecos de la memoria los he rellenado con documentación. Me costó mucho encontrar un libro titulado El servicio doméstico en la España franquista. Algunas de estas mujeres no es que no tuvieran derechos, es que sufrieron maltrato físico y palizas.

Los señores descargan sus frustraciones sobre ellas; eran chicas prácticamente analfabetas que no tenían posibilidad de defenderse. Al final, todos procedemos de ahí. ¿Quién no ha tenido una madre, una abuela o una tía que vino a la ciudad a trabajar como sirvienta?

Era una forma de salir de una zona rural.

Exacto. Y quienes forman parte de familias burguesas las han conocido de otra manera, pero las han tenido en casa. Ellas tenían muy pocas posibilidades de decidir sobre su destino; muchas eran casadas con el primero que encontraban para dejar la casa donde servían. Yo he querido que aquí se rebelaran.

Otro pilar de la novela es la presencia nazi en Barcelona, un episodio muy silenciado. ¿A qué crees que se debe este olvido?

A mí tampoco me lo contaron en el colegio. Ignoraba su profunda influencia en nuestra vida cotidiana. Descubrí esta realidad buscando un marco potente para la historia de las criadas; encontré un ensayo sobre el tema en la biblioteca y me impactaron los datos y las fotografías.

Centré la acción en 1941 porque el ejército alemán dominaba la guerra y en España se creía que ganarían. Las visitas de altos oficiales eran constantes y la simbología del Tercer Reich inundaba las calles de forma abierta.

Sentí verdadera vergüenza al leer crónicas que hablaban de "una ciudad ensuciada por los nazis". En pleno Paseo de Gracia operaban el Banco Transatlántico Alemán, el Consulado y la Casa Alemania.

Toda esa parafernalia convivía con una colonia nazi muy hermética. Tenían incluso un restaurante en la calle Mallorca que funcionaba como nido de espías, donde prohibían la entrada a los ciudadanos locales.

Marta Platel en la entrevista.

Marta Platel en la entrevista. Javier Ocaña

Durante tu documentación, ¿cuál fue el hallazgo que más te asombró?

Comprobar que las esvásticas colonizaron edificios culturales e institucionales de primer orden. Que la cruz gamada luciera en bancos o sedes diplomáticas alemanas entra dentro de la lógica, pero lo asombroso fue verla presidiendo el Palau de la Música, el antiguo Parlamento o el cine Coliseo.

En ese cine se organizó un macroacto el 20 de abril de 1941 para conmemorar el aniversario de Hitler ante la jerarquía española. Las imágenes muestran un escenario con un gran retrato de Hitler rodeado de banderas, donde la orquesta municipal tocó composiciones de Wagner y marchas nazis.

Ver esa pleitesía en espacios públicos, incluido el Liceo, me causó un gran impacto. Resultaba fascinante a nivel histórico, pero repugnante en lo moral.

Tras esta investigación, tu mirada sobre Barcelona tiene que ser distinta. Aunque las esvásticas ya no estén colgadas, esa historia sigue flotando en el aire. Cuando paseas por la ciudad actual, ¿la ves con otros ojos?

Sí, la ciudad ha cambiado físicamente y hoy tenemos una imagen cosmopolita vinculada al modernismo y a la cultura, pero cuando paseo por el centro intento dibujar en mi mente cómo era en aquella época.

Al pasar frente al Hotel Majestic —donde estuvo la sede de la Gestapo—, la tienda Santa Eulalia o el antiguo consulado, pienso en lo duro que debió ser para mucha gente ver aquellos símbolos ensuciando sus calles sin poder decir nada en contra.

Si trasladamos esa misma perspectiva al presente, ¿crees que la situación del servicio doméstico ha cambiado tanto?

Tampoco tanto. Es desde hace muy poco que tienen derechos y Seguridad Social. Antes, un accidente laboral las dejaba en la calle, abocadas a la beneficencia o a la prostitución.

Hoy en día se critica que un asistente sea "caro", pero tener a alguien haciendo el trabajo que tú no quieres hacer es un privilegio que merece un sueldo digno; si te parece caro, hazlo tú. Me ofende la facilidad con la que olvidamos nuestro pasado al criticar la inmigración.

Nadie deja su hogar por gusto; vienen a labrarse un porvenir porque en sus países no lo tienen. Olvidamos que nuestras propias abuelas emigraron del campo a la ciudad para servir, y que nosotros fuimos a Alemania o a Suiza en condiciones durísimas para poder ahorrar.

Tenemos una memoria muy corta y frágil: enseguida nos creemos superiores y cometemos los mismos errores del pasado.

¿Cambia en algo la percepción de tu propia obra tras haber ganado el Premio Fernando Lara?

No le dije a nadie que me presentaba porque me habrían dicho que era una tontería y que se lo darían a alguien de la televisión. No tenía nada que perder; sabía que tenía una historia muy bonita, con personajes masculinos y femeninos muy potentes, y creía en ella. Sólo buscaba que el jurado la leyera y, tal vez, considerara publicarla.

Que hayan apostado por una voz que se está consolidando significa que el jurado premió el texto por encima del nombre. Han reconocido la verdad de unos personajes y el esfuerzo por recrear un momento de nuestra historia que no debería olvidarse.

Es una gran responsabilidad porque ahora toca venderla, pero estoy muy entusiasmada porque esta novela significa muchísimo para mí.

Su novela 'El baile de las criadas' se ha alzado con el Premio Fernando Lara.

Su novela 'El baile de las criadas' se ha alzado con el Premio Fernando Lara. Javier Ocaña

Más allá de la trama histórica, el premio reconoce un relato que rescata del olvido a las mujeres. ¿Sientes que el galardón respalda ese esfuerzo por darles voz?

Sí, totalmente. Pero también convertir a Barcelona en un personaje más. Por sus páginas transitan perfiles inspirados en personas reales y se recorren escenarios cotidianos de la época: el Liceo, el Café de la Ópera o el Mercado de la Boquería.

Un lugar clave en la novela es el Salón Cibeles, un local de baile emblemático que cerró en los años setenta. A ese sitio lo llamaban popularmente "el baile de las criadas" porque allí acudían en su tarde libre.

Al principio libran los jueves y los domingos, pero la Ley del Descanso Dominical de 1940 las excluyó del domingo; el régimen consideró que eran demasiado indispensables para el funcionamiento de los hogares como para permitirles descansar ese día.

Les recortaron el descanso porque las familias burguesas las necesitaban a todas horas.

Exacto, de sol a sol. En la novela se refleja muy bien cómo la protagonista debe trazar sus propias estrategias para lidiar con esa exigencia.

El título del libro nació precisamente cuando leí un artículo en La Vanguardia escrito por un gran cronista de la ciudad, ya fallecido. Al leer su crónica pensé: "Ya tengo el título: El baile de las criadas". Al avanzar en la lectura se entiende perfectamente el porqué.

Es una historia que conecta el universo de las criadas con el nazismo, el franquismo, la memoria y el presente.

Así es. La novela plantea un misterio que arranca en la actualidad y no se desvela hasta las últimas páginas. Aunque me gustan las novelas a dos tiempos, a veces los saltos temporales te sacan de la trama principal. Por eso opté por capítulos muy breves en la época actual, que me sirven como excusa para recuperar esa memoria histórica de la que apenas se hablaba antes del año 2000.

Decidí ambientar la parte contemporánea en 2001 para que los testigos directos de los hechos todavía estuvieran vivos. Fue una época en la que empezó a resurgir este debate y nació la asociación para la recuperación de la memoria histórica, cuyo trabajo quería reivindicar.

En esa línea temporal, un personaje compra una casa, se desencadenan los acontecimientos y decide investigar el pasado. Todo está conectado, pero el motor real de la novela es la historia de la posguerra.

Para quienes acaban de descubrirte con este premio, ¿quién era y qué hacía Marta Platel antes de llegar hasta aquí?

Soy periodista. Actualmente trabajo en una revista de crónica social, pero a lo largo de mi carrera he pasado por ámbitos muy diversos; siempre he ido a donde estaba el trabajo.

Empecé en un diario local ya desaparecido y también coordiné la edición española de una cabecera deportiva internacional. Trabajé en publicaciones de deportes de riesgo y más tarde me pasé al sector de la decoración.

Marta Platel.

Marta Platel. Javier Ocaña

Una trayectoria variada que demuestra que de todo se aprende.

Siempre se aprende de todo. Empecé a escribir hace unos quince años, puramente por entretenimiento. Tengo el disco duro lleno de novelas guardadas que nunca verán la luz; probablemente no eran buenas y hoy me daría pudor leerlas, pero han sido el camino necesario para llegar hasta aquí.

Cada manuscrito fallido ha sido un paso en mi aprendizaje. Con esta novela he ganado mucha más soltura y he aprendido que, cuando crees de verdad en la fuerza de una historia y de sus personajes, el relato fluye solo.