La escritora posa para Magas.

La escritora posa para Magas. Esteban Palazuelos

Protagonistas

María José Rubio retrata las intrigas de la Europa del s XVIII: "Lo privado siempre influye en la política, hoy y hace siglos"

La escritora acaba de publicar La marquesa y Bonaparte, sobre el hermano menor de Napoleón y su contexto histórico.

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Publicada

María José Rubio vuelve a la ficción histórica con La marquesa y Bonaparte, una novela que revive la Europa de finales del XVIII a través de figuras reales como Luciano Bonaparte y la enigmática aristócrata que da título al relato.

Historiadora y narradora especializada en las élites y en la vida de las casas reales, explora aquí el delicado equilibrio entre poder, deseo y reputación en una corte donde lo íntimo y lo político se entrelazan constantemente.

Con pulso narrativo y rigor histórico, la autora reconstruye un tiempo de alianzas, ambición y estrategias personales que marcaron el rumbo de Europa.

La escritora, con su nuevo libro.

La escritora, con su nuevo libro. Esteban Palazuelos

Una historia apasionante. ¿Cuándo descubriste a Mariana?

La descubrí hace muchísimos años. No sabría identificar el momento exacto; investigo tantas historias que no hay un punto único. La conocía por un cuadro de Goya. Mucha gente no sabe quién está retratada, así que empecé a investigar su vida.

Inicialmente quería escribir una biografía sobre ella y sus amantes, que eran fascinantes en el Madrid de esa época. Cuando descubrí que su última relación había sido con Luciano Bonaparte, por quien había dejado todo para seguirlo en la Europa napoleónica, supe que había una gran historia.

Ha sido un proceso de años de trabajo hasta poder construir la vida de estos personajes.

¿Qué te interesaba más, la historia de Mariana y Luciano o el contexto político de la época?

Siempre parto de las personas. He estudiado la vida de muchísimos personajes; de hecho, algunos me consideran biografista. Para mí, investigar vidas ajenas es una escuela de vida.

Ellos sostienen la trama: no sólo construyen su propia historia, sino que también influyen en los acontecimientos de su época y en el rumbo de los hechos.

Estamos en una Europa que se reorganiza tras la Revolución Francesa y el ascenso de Napoleón. ¿Qué resonancias encuentras con respecto al presente?

En el momento del libro, Europa empieza a ordenarse tras ese acontecimiento, un cataclismo que alteró todas las coronas y los antiguos regímenes, que temen lo que viene, especialmente la española. Hay miedo al contagio revolucionario y a Napoleón, un líder fascinante y hecho a sí mismo.

En la novela se percibe cómo empieza a convertirse en el emperador que llegará a ser. Como primer cónsul, su personalidad arrolladora comienza a ordenar el caos generado por la revolución.

¿Y qué resonancias tiene esto con la Europa actual?

Europa hoy está desconcertada sobre su identidad y los valores que debe defender frente a corrientes culturales, civilizatorias y religiosas externas, y también ante grandes potencias como Estados Unidos, Rusia o China.

Veo a Europa enfrentada a un dilema: el miedo a lo que viene y la necesidad de decidir qué aspectos de su identidad debe preservar.

Siguiendo con este tema, la novela se sitúa en un momento de equilibrio europeo: una Francia expansiva y una España que intenta sostener su posición. ¿Qué te interesaba de este tablero diplomático?

Me interesaba la España desgastada, un imperio que llevaba gobernando desde el siglo XVI y que mostraba el cansancio de mantener tantos territorios y continentes bajo un sistema de poder heredado. El rey había heredado su posición, pero no era un gobernante pleno; estaba dominado por un valido con ambiciones enormes.

Esa España me inspiraba compasión, tratando de defenderse frente a la oleada que representaba la Francia revolucionaria y luego napoleónica, con un poder imparable. España debía decidir si enfrentarse primero a Francia o buscar la alianza, la amistad o la enemistad.

Godoy, con astucia, juega en ambos frentes, y esa fineza política que se refleja en sus conversaciones me parecía fascinante.

¿Cómo llega Luciano Bonaparte a España y qué papel asume en un entorno tan complejo?

Primero vemos al Luciano humano: hermano menor de Napoleón, inteligente y político, pero con complejos, frente a su familiar dominante. No siguió la carrera militar ni diplomática: fue diputado y luego presidente bajo el Directorio.

El dirigente lo envía a España como embajador para alejarlo de París y asegurar la alianza estratégica con ese país, clave contra Inglaterra. Tiene sólo 25 años, sin experiencia diplomática y con la desconfianza de muchos franceses, pero debe imponerse en una corte complicada.

No partía con ventaja y debe negociar en un entorno complejo. ¿Qué te interesa de esas redes de dependencia y poder?

Ahí es donde se demuestra la inteligencia de las personas. Defienden su libertad e intereses en un mundo lleno de restricciones, sin gritos ni imposiciones, sino con sutileza, casi al límite de la manipulación. Es fascinante ver cómo se maneja el poder en conversaciones de tú a tú, decidiendo cuestiones de Estado de manera ingeniosa.

En el contexto actual, al observar el poder político, económico o cultural, ¿crees que es más visible que antes o simplemente más escenificado?

Me parece igual. El poder siempre se ejerce de manera personal, con decisiones que dependen de las fragilidades, complejos y ambiciones de quienes lo detentan.

Hoy es más público y escenificado porque lo vemos al instante, pero la manera de decidir sigue siendo la misma.

Mariana actúa dentro de las normas de su época, pero no se limita a ellas. ¿Cómo construiste un personaje que equilibra deseo, estatus y reputación?

Es fascinante en estas mujeres de finales del siglo XVIII. Mariana no es la única; la aristocracia madrileña de la época tenía otras figuras como Cayetana de Alba o la Condesa Duquesa de Benavente, que aparece como personaje secundario en la novela.

Ellas aprovechaban la ilustración y cierto aire de libertad para ejercer autonomía personal, incluso sexual, y también para protagonizar actividad pública. De hecho, la Condesa Duquesa de Benavente fue la primera mujer en presidir una institución civil en España.

Me llamó mucho la atención cómo Mariana ejerce su libertad personal en un contexto que no estaba preparado para ello.

¿Hoy es más fácil sostener una vida privada libre de consecuencias públicas?

Para nada. Siempre tiene consecuencias sociales y políticas, hoy como hace dos siglos.

La Marquesa y Bonaparte son personajes sociales y públicos. ¿Qué sucede cuando lo íntimo se convierte en algo político?

En la novela todo lo es. La historia se sostiene sobre tres pilares: poder, arte y amor. Todo se utiliza como arma política. Lo íntimo está indisolublemente unido al ejercicio del poder, porque las decisiones siempre dependen de las emociones y deseos.

Rubio asegura que disfruta investigando vidas ajenas para sus novelas.

Rubio asegura que disfruta investigando vidas ajenas para sus novelas. Esteban Palazuelos

Un amor expuesto y normativo.

Podríamos verlo como una desobediencia real. La novela explora la tensión entre el deber, que sostiene el Estado y da estructura a la vida pública, y el deseo personal, de donde nacen las emociones y el amor. Esa tensión mantiene viva la trama.

¿Desobediencia, entonces?

Exactamente. Dar libertad a tu deseo es no seguir las reglas del poder. Es un acto de resistencia y libertad frente a las exigencias del deber.

¿Ese tipo de desobediencia sigue ocurriendo, incluso en casas reales modernas?

Sí. Cada vez que alguien elige entre deseo y poder, está desafiando las expectativas. En las casas reales, por ejemplo, un personaje sujeto a deberes públicos que sigue sus anhelos ejerce un acto de rebeldía, con consecuencias inevitables. Es tan antiguo como la historia misma.

¿Cómo contribuía el arte a construir autoridad y prestigio?

Siempre ha sido poder y prestigio. Las monarquías se envuelven en estética y coleccionismo para mostrar autoridad y construir legado. Luciano Bonaparte aprende esto de Godoy, quien lo aprendió a su vez de la casa real: no se asciende en una sociedad sin prestigio cultural. Napoleón incluso quiso crear el mejor museo de Europa como legado.

Madrid la describes como refinado estéticamente pero frágil económicamente. ¿Qué te interesa de ese contraste?

Ese contraste la define: una ciudad que fue capital de un imperio y aspiraba a ser una gran urbe europea, pero que conserva su lado popular y humano. Lo grandioso convive con lo pequeño, los palacios con rincones medievales. Fue así en el siglo XVIII y sigue siendo este el encanto de la ciudad.

Dentro de tu investigación histórica, ensayo y novela, ¿qué espacio de libertad te da la literatura?

La novela me permite la creatividad literaria. Aproximadamente el 60-70 % del trabajo es investigación en archivos, museos y bibliografía; el 30 % restante es inventar con coherencia lo que los documentos no cuentan, sobre todo la parte privada de los personajes.

La investigación me permite situarme en sus zapatos y narrar con verosimilitud lo que pudo ocurrir.

Para terminar, ¿hay algo en el mundo actual que te desconcierte más que cualquier episodio histórico que hayas investigado?

Me desconcierta la falta de gusto por lo refinado y la vulgarización. En las sociedades que estudio, la ilustración y el conocimiento eran valorados y ensalzaban a las personas. Me gustaría que hoy se potenciara más el gusto por lo estético, lo culto y la historia.