Retrato de la investigadora Ylenia Jabalera.

Retrato de la investigadora Ylenia Jabalera. Cedida

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Ylenia Jabalera, la científica que quiere resucitar proteínas ancestrales para curar la ELA: "Buscamos la terapia universal"

Desde el CIC bioGUNE, investiga cómo desarrollar sistemas inspirados en la evolución molecular para ampliar las posibilidades de la edición genómica.

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Cada año, alrededor de 900 personas reciben un diagnóstico de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) en nuestro país, una cifra similar a la de las muertes asociadas. Es la tercera enfermedad neurodegenerativa más frecuente en España, con más de 4.000 afectados, y las proyecciones apuntan a que los casos aumentarán un 40% en Europa en 25 años.

Esta patología ataca a las neuronas encargadas de controlar los músculos voluntarios, de forma que quienes la sufren —más hombres que mujeres y principalmente entre los 40 y 60 años— acaban sufriendo múltiples discapacidades. Y, pese al dolor que provoca en los hogares donde acecha, la ELA sigue siendo una gran desconocida: su cura aún está por descubrir.

Sí se sabe, en cualquier caso, que entre un 5% y un 10% de los casos son heredados y que en algunos de estos interviene la mutación en el gen de la enzima superóxido dismutasa 1 (SOD1). Mientras el envejecimiento de la población va en aumento, la ciencia continúa a la carrera por encontrar soluciones que permitan abordar la afectación de forma más efectiva.

Desde España también se dan pasos en firme. En Derio, Vizcaya, el centro de investigación CIC bioGUNE ya trabaja en el desarrollo de herramientas de edición genética y reparación del ADN que puedan abrir nuevas vías para diseñar tratamientos universales. Titánico reto, pues la dificultad está en que la mayoría de casos son esporádicos y multifactoriales.

Ylenia Jabalera (Granada, 1994) lidera un equipo dedicado a explorar tecnologías basadas en enzimas CRISPR y en la reconstrucción de proteínas ancestrales para crear herramientas más flexibles capaces de actuar sobre distintas regiones del genoma. Un trabajo prometedor que le ha valido uno de los premios L'Oréal UNESCO-For Women In Science de este año.

Regreso al futuro

Para entender su enfoque hay que recurrir a la historia de la evolución. "La naturaleza es el mejor laboratorio que existe, porque lleva millones de años haciendo pruebas con diferentes estímulos", explica. Durante ese tiempo, las proteínas se fueron especializando para hacer tareas concretas, pero renunciaron a otras capacidades versátiles que sí tenían sus antepasadas.

"Al arrancar esta línea vi que, si somos capaces de recuperar versiones ancestrales de proteínas que se extinguieron, podemos rescatar habilidades que se perdieron y que ahora nos serían muy útiles", añade. Su objetivo es usar esas propiedades para acceder a zonas del genoma inalcanzables para las enzimas actuales.

Las ganadoras de la distinción. De izquierda a derecha, Ylenia Jabalera, Cintia Folgueira, María Puertas-Bartolomé, Ujué Fresán y Sara Mederos.

Las ganadoras de la distinción. De izquierda a derecha, Ylenia Jabalera, Cintia Folgueira, María Puertas-Bartolomé, Ujué Fresán y Sara Mederos. Cedida

Para contextualizar el cambio de escala en la edición genómica que supone la investigación de nucleasas CRISPR-Cas sintéticas, Jabalera recurre a una analogía: "El ADN es el manual de instrucciones de nuestro cuerpo y, por desgracia, puede contener errores. Si lo comparamos con un documento de Word, una palabra mal escrita puede hacer que una frase no tenga sentido".

Y añade: "Las herramientas actuales nos permiten borrar, copiar o reescribir. Algunas pueden cambiar una letra. El problema es que, especialmente en patologías raras o complejas, cada paciente puede tener un fallo distinto. Si queremos llevar el campo a un ámbito más amplio, no podemos desarrollar fármacos distintos por cada individuo".

Así pues, la idea, dice, "no es tanto corregir letra a letra" sino "sustituir aquella que contiene la errata e introducir la correcta", de modo que, trasladando ese juego al ser humano, los tratamientos no dependerían de cada mutación concreta y uno solo podría abarcar muchos tipos asociados a una misma enfermedad.

Ahora bien, cuando dice que "resucitan" enzimas ancestrales ¿a qué se refiere? "No estamos clonando microorganismos ni nada a lo Jurassic Park —ríe—, lo que hacemos son predicciones informáticas a través de un estudio filogénico, algo parecido a lo que hacen las personas cuando buscan a sus antepasados y construyen su árbol genealógico".

Mediante algoritmos, su equipo deduce cuál era la secuencia de letras que poseía la antecesora común de una familia de proteínas. Una vez obtenido ese diseño digital en la pantalla, la recrean utilizando técnicas de biología molecular y la caracterizan en el laboratorio.

El edificio del Centro de Investigación Cooperativa en Biociencias (CIC bioGUNE), en Derio, Vizcaya.

El edificio del Centro de Investigación Cooperativa en Biociencias (CIC bioGUNE), en Derio, Vizcaya. CIC bioGUNE

Por el momento, los investigadores están identificando los ingredientes moleculares y requisitos que necesitan los sistemas CRISPR-Cas para actuar. "Lo que funciona en la naturaleza hay que ajustarlo para que también sirva en células; una vez se consigue esto es posible empezar a estudiar dónde aplicarlo".

El reto pasa por optimizar estas herramientas para su uso biomédico. "Lo que funciona en la naturaleza hay que ajustarlo para que sirva en las células. Una vez logramos esa adaptación, podemos estudiar dónde aplicarlo", asegura, y adelanta que este año esperan realizar su primera prueba de concepto "usando la ELA como enfermedad de base".

De Guadix al laboratorio

La portavoz de esta línea ha perseguido una carrera marcada por el esfuerzo y por una vocación surgida en la adolescencia. Natural de Guadix, la ciudad de las famosas casas-cueva, Jabalera cuenta que un verano "tuve la suerte de participar en un campus científico en Oviedo", becada por el Ministerio de Educación, "pisé un laboratorio y pensé: 'Quiero estar aquí siempre'".

Toda su etapa formativa inicial transcurrió en la Universidad de Granada, donde cursó el grado en Bioquímica, un máster en Biotecnología y otro especializado en la Estación Experimental del Zaidín: "Mi tesis doctoral no tenía nada que ver con lo que hago ahora. Estaba relacionada con el desarrollo de nanosistemas magnéticos para el transporte de fármacos".

En 2021 se le presentó la oportunidad de trasladarse al País Vasco para trabajar en el CIC en un proyecto europeo relacionado con el diseño de enzimas ancestrales. "Estaba más ligado a la modificación de polímeros; después ya pasé a liderar como investigadora posdoctoral una línea relacionada con estos sistemas".

Posteriormente, mediante una ayuda Juan de la Cierva, continuó su trayectoria en Ourense ganando cada vez más independencia, y en 2025 dio el paso definitivo para consolidar su propio grupo en Euskadi con el respaldo de Ikerbasque y la Fundación "la Caixa".

"En mi etapa posdoctoral me centré en corregir de manera muy precisa una letra de nuestro manual de instrucciones. Ahora quiero corregir páginas enteras: eso permitiría abarcar un número mucho mayor de casos y que más personas pudieran acceder a un tratamiento", sintetiza sobre el sentido de su proyecto actual.

Ylenia Jabalera, durante su discurso en la ceremonia de entrega de premios L'Oréal UNESCO-For Women in Science 2026.

Ylenia Jabalera, durante su discurso en la ceremonia de entrega de premios L'Oréal UNESCO-For Women in Science 2026. L'Oréal

Este año recibió uno de los L'Oréal-UNESCO for Women In Science, premios que ponen en valor el talento joven femenino en la ciencia y que le sirven de impulso. Jabalera confiesa que en un primer momento tuvo dudas sobre si debía presentarse: "Pensé: 'Soy menor de 40 años, estoy poco consolidada, quizá debería esperar'. Pero finalmente apliqué".

La noticia supuso una alegría inmensa: "Los 15.000 euros son un gran apoyo cuando estás empezando. Pero, sobre todo, este galardón te da voz. Tener ese sello de calidad en el currículo significa que ha habido un comité que ha valorado tu trabajo y que piensa que esa línea de investigación puede convertirse en referente para la sociedad en el futuro".

La necesidad de tiempo

En el transcurso de la entrevista se menciona una fecha que ya es histórica para la biomedicina: el 16 de noviembre de 2023 fue el día en que una agencia reguladora aprobó por primera vez una terapia basada en las herramientas CRISPR. Sucedió en Reino Unido, a través de la MHRA, y la noticia dio entonces la vuelta al mundo.

"Aquello fue un hito", celebra Jabalera, a quien seguidamente se le pregunta por los principales límites que todavía debe superar la edición genética: "Hay varias cuestiones que debemos resolver. Tenemos que asegurarnos de que corregimos exactamente lo que queremos y de que no introducimos otros errores".

El gran cuello de botella está en la entrega, es decir, en cómo se lleva la herramienta a las zonas que se quieren editar y no a otras. "El tratamiento que ya existe funciona modificando células fuera del organismo y volviendo a introducirlas, pero para uno in vivo debemos garantizar que llegamos al sitio preciso", explica.

Asimismo, recuerda que estas tecnologías poseen una enorme utilidad en la investigación básica, como la "generación de modelos celulares y animales" para estudiar patologías sin base genética directa como el alzhéimer o las demencias. En cualquier caso, pide cautela: "Todo el mundo quiere llegar a la terapia, pero antes debemos entender cómo funciona la enfermedad".

En el caso de algunas enfermedades, "aún seguimos descifrando el puzle", de ahí que Jabalera abogue por una comunicación rigurosa con la sociedad: "Existe la percepción de que un avance puede aplicarse de forma inmediata en la clínica, pero no es así. Nuestro proyecto es de largo recorrido. Es imposible que una idea se materialice en un fármaco en dos años".

También advierte del peligro de generar falsas expectativas en personas con afectaciones graves: "Hay que tener especial cuidado con los mensajes, porque los afectados pueden agarrarse a cualquier esperanza. Hay que ser muy realistas: una investigación puede ser un avance, pero se necesitan muchos más pasos para que sea una realidad".

"Yo no creo que lo que estoy empezando ahora pueda llegar a la clínica hasta dentro de 10 a 20 años, si todo sale bien. Puede parecer mucho tiempo, pero tenemos que estar seguros de que funciona", zanja al respecto.

Al abordar la situación de la ciencia en España, Jabalera rechaza los diagnósticos derrotistas, aunque enfatiza que el problema endémico sigue estando en los recursos. "En España se hace mucho con muy poco. El problema no es el talento, eso nos sobra... es la financiación", asevera con el conocimiento de quien ha trabajado en institutos punteros.

"He estado en Alemania, en un centro puntero especializado en ARN, y un laboratorio de aquí puede competir sin problema si se invierte en él. Es verdad que en el País Vasco se ha apostado mucho desde 2007, y a nivel nacional también hay avances. No se puede solucionar el problema de un día para otro, pero estamos en la línea adecuada", añade.

En su caso particular, valora enormemente que su centro "permite que quienes empiezan puedan independizarse bajo el paraguas de una estructura consolidada. Poder aprovechar espacio y recursos mientras el grupo empieza a despegar permite avanzar más rápido y hacer investigación con más riesgo", argumenta.

Ylenia Jabalera, en una imagen de archivo.

Ylenia Jabalera, en una imagen de archivo. Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular

Esta estabilidad le permite centrarse en el diseño de herramientas pensadas desde el origen para la equidad sanitaria. "Lo que está en mi mano es diseñar herramientas que no dejen fuera a un paciente por tener una mutación u otra. La idea es que un futuro fármaco pueda utilizarse para todas las personas que padecen la misma enfermedad", recalca.

Ese es el gran objetivo de las terapias universales. "El coste de estas puede ser alto, pero también hay que comparar ese gasto con el de mantener tratamientos paliativos durante toda la vida", argumenta.

La ciencia del mañana

Frente a las reticencias o temores que suele despertar la modificación del genoma, Jabalera subraya el estricto control al que está sometida toda la investigación científica: "Siempre trabajamos con el permiso de los comités de ética. Incluso para trabajar con líneas celulares ya establecidas necesitamos su aprobación".

La accitana marca de forma muy clara cuál es la frontera infranqueable para la comunidad internacional: "Se puede tratar a un individuo, pero no modificar la línea germinal ni introducir cambios que puedan transmitirse a su descendencia. Cruzar ese límite conllevaría grandes riesgos de usos incorrectos".

A pesar de las dificultades del camino, contempla el futuro con optimismo, impulsado en gran medida por la integración de algoritmos de inteligencia artificial que están acelerando drásticamente el descubrimiento de nuevas estructuras moleculares.

"Estamos viviendo una explosión en este campo. Los hitos que se están logrando en poco tiempo son inmensos. Cuando logremos superar las limitaciones de aplicación, la medicina del futuro se basará en terapias personalizadas y será una realidad cada vez más cotidiana", pronostica.

Para concluir, Jabalera hace un llamamiento tanto a sus compañeros de profesión como a la sociedad en general: "La comunidad investigadora, en la que me incluyo, tiene que abrirse y aprender a comunicar. Si queremos que nuestro trabajo sea valorado, la sociedad tiene que saber qué hacemos y para qué lo hacemos".

Y pone en valor una idea clave que conecta con ese L'Oréal-UNESCO del que ha sido merecedora este 2026: "El mundo necesita ciencia y esta necesita mujeres. Debemos disponer de una visión diversa y no perder talento por el camino. Creo que estamos en buen camino".