Susan Sarandon, en una foto de archivo.

Susan Sarandon, en una foto de archivo.

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Susan Sarandon, más allá del Goya: de niña católica al cuidado de sus 8 hermanos a sus protestas anti-Trump

La actriz recibe el premio internacional del festival de cine por su prolífica carrera y "su valiente compromiso político y social".

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"Nunca me he considerado una estrella de cine icónica", decía en una entrevista hace cinco años... Y, sin embargo, nadie duda de que lo es. Icónica, irreverente, versátil y comprometida: estos calificativos resumen en parte a la gran Susan Sarandon, que el próximo 28 de febrero se convertirá en la estrella absoluta de la gran gala del cine español.

La actriz recibe el Goya Internacional por su legendaria trayectoria y su compromiso social y político. Más de cinco décadas de cine con títulos que ya son parte de la historia del celuloide como Thelma y Louise —cómo olvidar esta película que rompió moldes y, de paso, nos presentó a Brad Pitt— o Pena de muerte, por la que se llevó un merecidísimo Oscar en 1996. Su papel en esta cinta tiene mucho que ver con su postura sobre la condena capital...

No es el único reconocimiento que recibe en nuestro país: en 2023 se le concedió el honorífico de los Premios RNE Sant Jordi de Cinematografía; en 2017 otro en el Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges y el Premio Donostia del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, en 1995. España, como el resto del mundo, es 'Sarandonista'.

Aunque su perfil va más allá de sus hitos interpretativos, alzando su voz públicamente para defender lo que considera justo. Y así lo confirma la Academia a la hora de explicar el galardón: "Por su filmografía extraordinaria, con interpretaciones inolvidables en obras maestras y también en películas que forman parte de la cultura popular; y por su valiente compromiso político y social”.

Cine y activismo

Susan Sarandon —su verdadero nombre es Susan Abigail Tomalin— nació en Nueva York en 1946, en el seno de una familia numerosa de profundas creencias religiosas, de origen irlandés y galés. Son nueve hermanos y pasó su infancia cuidando de los más pequeños y asumiendo tareas domésticas. Su carácter rebelde contrastaba con un entorno católico estricto.

Pese a tener una imaginación desbordante, nunca pensó en ser actriz, pero los caprichos del destino quisieron que acabara estudiando Arte Dramático en la Universidad Católica de Washington DC. Aun así, su carrera en la gran pantalla empezaría casi por casualidad a los 21 años.

Asistió a un casting con el que entonces era su marido, Chris Sarandon, y de quien tomó el apellido artístico. Así fue como debutó en el cine en 1970 con la película Joe. Y fue un comienzo potente, ya que interpretaba a una joven drogodependiente, hija de un ejecutivo adinerado. Servía como anticipo de muchos otros papeles con aristas que han definido su carrera.

A lo largo de cinco décadas, ha trabajado con los mejores en títulos muy conocidos y otros que no lo son tanto. Javier Yuste, jefe de la sección de cine de El Cultural, analiza su perfil y destaca uno de ellos.

“Hace poco tiempo volví a ver Primera plana (1974) y me sorprendió ver a una jovencísima Susan Sarandon en la película, no la recordaba. No hay hoy muchos actores en activo que hayan trabajado con Billy Wilder, pero es que en el currículum de la actriz aparecen cineastas de la talla de Sidney Lumet, Louis Malle, Toni Scott, Robert Altman, Paul Schrader…", asegura.

"Si todos ellos la han convocado en sus películas es porque ella nunca deja indiferente. Aunque sólo tenga un par de escenas, roba la atención del espectador. Y lo hace desde una presencia siempre enigmática y jugando con los pequeños matices. Eso la ha hecho creíble como icono erótico, como madre exhausta, como monja en crisis, como villana de cuento…", añade.

Como Susan ha confesado en varias ocasiones, no le gusta repetirse y prefiere "hacer cosas diferentes todo el tiempo. No me veo como una protagonista guapísima y carismática, sino como actriz de personajes". Además, siempre ha cuidado mucho lo que quiere decir a través de ellos.

Participó activamente en la construcción de uno de los más populares y quiso dotarlo de un contenido feminista coherente allá por los 90. Nos referimos a Thelma y Louise, junto a Geena Davis. "El hecho de que me enviaran un guion en el que había dos personajes femeninos que no se odiaban, que era lo que pasaba en la mayoría de libretos que me ofrecían, ya me hizo feliz", recuerda.

Fotograma de 'Thelma y Louise'.

Fotograma de 'Thelma y Louise'.

Poco podía imaginar entonces que esa historia donde Susan mataba al violador de su amiga y ambas iniciaban una huida frenética con trágico final acabaría siendo, en cierto modo, un adelanto del movimiento #MeToo. Eran dos mujeres tomando el control frente a la violencia, pero con un desenlace lógico para que no se quedara en una simple venganza. Y la actriz se ocupó, junto al director Ridley Scott, de que quedara claro.

Si esta mítica cinta es uno de sus grandes hits, otras como The Rocky Horror Picture Show, considerada de culto; El cliente y Atlantic City, por las que fue candidata al Oscar; o la divertida Las brujas de Eastwick, forman parte de una larga lista que supera el centenar con papeles de todo tipo. Siempre quiso ser una intérprete camaleónica y lo ha logrado.

Tampoco se puede hablar de Sarandon sin hablar de política, porque su activismo ha desafiado a Hollywood sin importarle las consecuencias... que las ha habido.

En los 60 y 70 protestó contra la guerra de Vietnam; posteriormente se convirtió en una de las voces de la industria contra la invasión en Irak, participando en manifestaciones; y, por supuesto, ha denunciado el "genocidio" cometido en Palestina en entrevistas y protestas públicas.

La actriz, en una protesta en favor de Palestina en 2024.

La actriz, en una protesta en favor de Palestina en 2024. Gtres

Su postura política le ha provocado muchos problemas. En 2023, la que fuera su agencia de management —una de las más importantes de Estados Unidos— dejó de representarla y le cancelaron varios proyectos de cine. "Me han puesto como ejemplo de lo que no se debe hacer si se quiere seguir trabajando", dijo entonces.

Eso no ha evitado que siga utilizando su escaparate público para luchar por causas de justicia social, derechos civiles, laborales, derechos de las mujeres y la infancia, etc. Es una firme detractora de Trump y, de hecho, ya en 2018 fue detenida en una protesta en un edificio del Senado en Washington contra la política migratoria de “tolerancia cero” del mandatario y la separación de familias en la frontera.

En mayo de 2023, también acabaría en comisaría al participar en una acción del colectivo One Fair Wage defendiendo un salario digno para los trabajadores del sector servicios. La acusaron de desorden público, aunque fue puesta en libertad. “Todos tenemos una responsabilidad hacia esta gran familia humana, pero especialmente si eres privilegiado; eso aumenta tu responsabilidad”, ha confesado.

Más recientemente, ha firmado una carta junto a otros intérpretes y músicos pidiendo al presidente de Estados Unidos que cese el "cruel asalto" contra el pueblo cubano.

Hay otra causa que lidera y que está íntimamente relacionada con su carrera cinematográfica: la abolición de la pena de muerte, que sigue siendo legal en más de una veintena de estados de su país.

Su papel en la mítica película de 1995, donde interpretaba a una monja y consejera espiritual de un condenado en el corredor de la muerte, papel encarnado por Sean Penn, servía de denuncia. En lo personal, su crítica al sistema es feroz, considerando que esta medida se aplica de forma "arbitraria y caprichosa", denuncia, con un fuerte sesgo racial. “Como sociedad, ¿qué dice de nosotros que aceptemos que el Estado mate en nuestro nombre?", se plantea.

A sus 79 años, Susan Sarandon elige con cuidado sus papeles y espacia su presencia en la gran pantalla con proyectos que sumen y que se alejen de estereotipos. En su última película, Nonnas, interpreta a una anciana que después de sufrir un cáncer y una doble mastectomía decide exprimir la vida al máximo desde la aceptación y el humor.

Un canto contra el edadismo que sufren las mujeres y un mensaje de que no hay edad para emprender en la vida: su personaje abre un restaurante donde todas las cocineras son abuelas.

Su gran valor es, precisamente, reflejar la realidad. "Cuando vemos a Susan Sarandon en pantalla, nos parece que estamos ante mujeres reales, con sus contradicciones y deseos. Pero también hay que tener cuidado porque sus personajes siempre parecen a punto de estallar o a un paso de revelarnos algo importante sobre nosotros mismos. En esa frontera, la actriz ha construido una de las carreras más sólidas de Hollywood en las últimas cinco décadas”, dice Javier Yuste.

Poco diva y muy familiar

Es una estrella de Hollywood, pero también una antidiva, más centrada en su activismo y en su familia que en el glamour de los focos y la alfombra roja. Divorciada de su primer marido, mantuvo una relación con el director y guionista italiano Franco Amurri en los 80, fruto de la que nació su hija mayor, Eva; y ha sido pareja durante más de dos décadas del actor y director Tim Robbins, padre de sus otros dos hijos, Jack y Miles. Todos están vinculados al mundo de la interpretación y la música.

Susan Sarandon, sus hijos, y su expareja, Tim Robbins.

Susan Sarandon, sus hijos, y su expareja, Tim Robbins. Gtres

Su maternidad fue tardía, pues su primogénita vino al mundo cuando ella tenía ya 39 años. El hecho de que le diagnosticaran endometriosis en su juventud le hizo pensar que no tendría descendencia. Nada más lejos de la realidad... Su objetivo ha sido siempre, en sus propias palabras, que sus hijos "se amen como son, tengan vidas felices, encuentren algo que les guste hacer y se reconcilien con ello. Tu labor como padre es darles no sólo los instintos y talentos para sobrevivir, sino también ayudarles a disfrutar de la vida", ha expresado.

Otra de las características que han sido una constante en su trayectoria es mantener su perfil de estrella a raya. No disfruta especialmente desfilar por las red carpets de festivales de cine y otros eventos, pero reivindica vestir como quiere sin cumplir cánones de edad. Se ríe de las críticas que ha recibido en alguna ocasión por sus generosos escotes.

"Mi interpretación del antienvejecimiento significa no volverse invisible", ha dicho. Como embajadora de L'Orèal Paris en 2016 se mostró feliz de que la marca haya ampliado "su representación para que incluya a todas las edades, todos los colores, todas las formas y tamaños; creo que es muy inteligente".

El 28 de febrero, Susan Sarandon subirá al escenario del Auditori del Centre de Convencions Internacionals de Barcelona para recoger su Goya Internacional, convertida en un icono que nunca quiso serlo. Este homenaje no es sólo a su carrera sino a un modo de estar el mundo y de darle voz a quienes no la tienen, de hacer campaña por la paz y la libertad.