La 'influencer' Emy Venturini, con camisa de Italia.

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Moda

El 'blokecore' vuelve con el Mundial: nunca una camiseta de fútbol pesó tanto en un look (y tuvo tanta historia)

La tendencia tiene sus orígenes en la estética de los rude boys de Jamaica y regresa a los armarios de las más estilosas.

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Paula Martins
Publicada

A menos de un mes de que la Copa Mundial de la FIFA 2026 inaugure su vigésima tercera edición, el blokecore vuelve a tomar las calles. Las camisetas de las selecciones nacionales salen de las gradas para convertirse en pieza clave de los looks casual más aplaudidos en las calles.

Lo que hoy domina TikTok, pasarelas y estilismos urbanos no nació, sin embargo, entre algoritmos ni tendencias virales. Mucho antes de las colaboraciones de lujo, de las opciones vintage revendidas y de celebrities como Kim Kardashian, Bella Hadid o Dua Lipa, esta estética ya circulaba entre música, fútbol y cultura obrera.

Basta con trasladarse a Jamaica y hacer un par de preguntas para comprobar que su recorrido podría asociarse al rude boy, un dress code que viajó entre migración y barrios obreros hasta convertirse en un boom global.

Aunque hoy el término blokecore se asocie sobre todo a la cultura británica, la realidad es bastante más compleja. En un año donde vuelve a cobrar fuerza en pleno año mundialista, conviene saber que esconde tras de sí toda una etiqueta de identidad, cultura y política.

Detrás de una simple camiseta de fútbol hay décadas de historia cultural que conectan el Caribe, Reino Unido y Latinoamérica mucho antes de que Internet la convirtiera en tendencia.

Expertos señalan que el origen de todo está en los años 50 y 60 en Kingston, Jamaica. El país acababa de independizarse de los británicos en 1962 y miles de jóvenes llegaban a la capital buscando oportunidades que casi nunca encontraban. La capital estaba superpoblada, marcada por la desigualdad y el desempleo.

En ese contexto apareció la figura del rude boy: jóvenes de barrios populares que construyeron una identidad propia a través de la música, la actitud y, sobre todo, la ropa. Para ellos, vestirse bien no era frivolidad, sino una forma de resistencia.

Tomaron referencias del jazz estadounidense, del R&B, de los gánsteres de Hollywood y de las películas sobre el Lejano Oeste. Llevaban trajes entallados, sombreros pork pie, corbatas finas, gafas oscuras y zapatos wallabee. Reapropiarse de símbolos asociados a las clases altas les daba presencia, poder y estatus dentro de un entorno marcado por la precariedad.

El fenómeno también estaba ligado a la violencia urbana y a la supervivencia en los guetos jamaicanos. Muchos rude boys formaban parte de pandillas o trabajaban velando por las fiestas alrededor de los sound systems.

La estética estaba íntimamente ligada al ska y al reggae. Canciones como Rudy Got Soul, Beware of the Rude Boys o Rudy, A Message to You ayudaron a construir el imaginario de toda una generación. Incluso Bob Marley & The Wailers crearon un tema que alentaba a estos chicos a mantener la tranquilidad. Se trataba de Simmer Down: “Simmer down, because the battle will be hotter” (“Cálmate, porque la batalla será más caliente”).

Desde luego, el rude boy no era solamente una forma de vestir. Era una identidad cultural y política. El académico Paul Gilroy, autor de There Ain't No Black in the Union Jack (1987), explica en su obra: “El chico rebelde era una versión reconocible, aunque culturalmente compleja, de la figura arquetípica del chico malo”.

Es ahí donde la historia empieza a rozar aquello que hoy entendemos como blokecore: Con los años, esa cultura salió del Caribe y encontró continuidad en el Reino Unido de la posguerra, lo que introdujo nuevos sonidos en las ciudades británicas; así como también trasladó una forma concreta de vestir, de ocupar el espacio público y de construir identidad desde el barrio.

Aquella estética comenzó a mezclarse con las subculturas obreras locales, especialmente con mods y primeros skinheads. Si el ska y el bluebeat sonaban en clubes, pubs y pistas de baile; la ropa deportiva, las siluetas relajadas y la apropiación del fútbol como símbolo empezaban a construir un lenguaje visual que décadas después regresaría convertido en tendencia global.

Más adelante, el movimiento 2 Tone de finales de los 70, con bandas como The Specials o Madness, volvió a recuperar toda esa herencia jamaicana mezclándola con punk y cultura callejera británica. Y ahí, en ese punto de la historia, se dice que comenzó la conexión entre rude boy y blokecore.

La historiadora de moda y creadora de contenido, Rosie Okotcha (@rosieokotcha) lo resume bien: "Con el tiempo, los sound systems jamaicanos llegaron al Reino Unido y la cultura dio un giro importante. Piensa en el Carnaval de Notting Hill. Ese estilo se mezcló con la cultura futbolera de clase trabajadora. Los chándales con bandas laterales y las zapatillas de grada empezaron a formar parte de los conjuntos".

Décadas después, concretamente en 2021, el tiktoker americano Brandon Huntley acuñaría el término blokecore por primera vez. Lo haría tomando como punto de partida la palabra bloke, que significa "compañero, colega" en la jerga urbana inglesa. Sin embargo, fue en 2023, coincidiendo con el último Mundial, cuando Internet se haría eco de este término como la nueva tendencia a la que seguir la pista.

Las pautas estilísticas para unirse al blokecore son sencillas: camisetas de fútbol, zapatillas o prendas deportivas combinadas de forma casual. No hay más normas que seguir.

El eco contagió las calles, pero también a marcas como adidas, Nike, Gucci o Balenciaga, que ayudaron a convertir la estética futbolera en tendencia global presentando colaboraciones exclusivas adoptadas por muchas de las personalidades más reconocidas del mundo.

Cuando ya parecía que no podía extenderse más esta apuesta, Internet volvió a revelar su imaginación. Dentro del propio blokecore incluso apareció una microtendencia: el blokettecore, una versión que "cada vez está más arraigada, incluso en chicas super jovencitas", como señala la estilista de moda Noelia García Gallardo.

Mezcla prendas de fútbol con otras asociadas al armario femenino; como bailarinas, sandalias de tacón, bolsos de mano o faldas.

"Dentro de nuestro país, embajadoras de estilo como Rosalía, Aitana o Bad Gyal mezclan ambos estilos. Sin embargo, un buen ejemplo de blokette sería un look formado por una camiseta vintage de fútbol, con falda corta y adidas Samba o Gazelle, acompañado de peinados como los moños con lazos", explica la experta en moda.

Sin embargo, aunque esta sea la teoría oficial más repetida en moda, la realidad es que gran parte de Latinoamérica ya llevaba décadas vistiendo así antes de acuñar el término.

En países como Panamá, Puerto Rico, Colombia, Chile, o la República Dominicana, la influencia jamaicana se expandió a través del reggae, el dancehall y la cultura sound system caribeña. Esa conexión dejó una huella enorme en las escenas urbanas latinas posteriores, especialmente en el reguetón y otras estéticas musicales.

Pero la raíz de la tendencia va más allá. Durante los años 90 y 2000, en muchísimos barrios latinoamericanos las camisetas de fútbol, los conjuntos deportivos y las zapatillas ya eran símbolos de pertenencia e identidad popular, como ocurría en Reino Unido pero de una manera más masiva y pacífica, lejos de estar asociados únicamente a ultras deportivos.

Teresa Browne, chilena de nacimiento así lo explica: "Los equipos locales representan al pueblo, y ciertos colores también definen a grandes rasgos quién eres. Aquí, por ejemplo, el Colo Colo representa la lucha y la resiliencia obrera".

Siumey Kong Castillo también nació en en el citado país, y al preguntarle sobre el uso de las camisetas de fútbol en Latinoamérica, coincide con Teresa: "El logo de la camiseta de Colo Colo es una imagen de un mapuche (el cacique, que es un líder dentro del clan) y representa la fuerza, el liderazgo y el poder que tuvieron en la resistencia contra los conquistadores españoles".

Estas prendas representaban el origen y la comunidad. Eran más populares entre hombres, y mucha gente las compraba en mercados de segunda mano porque las originales eran caras.

Siumey explica claro el concepto: "Tu destino de hincha está determinado por la familia en la que naces. Lo veo igual que las havaianas que ahora están de moda en Europa, pero que en Brasil siempre han sido parte del día a día como un calzado funcional".

Existen numerosos ejemplos que evidencian este vínculo. La estilista de moda aporta uno muy sonado: el significado de "la camiseta que lució Bad Bunny en la Super Bowl". Según ella, es suficiente para darse cuenta de esta representación visual, pues el cantante lució una prenda de aires deportivos con el número 64, un detalle que, como un publicista suyo confesó, es una referencia al año en que nació su difunto tío Cutito.

Aunque las diferencias con Reino Unido son evidentes, sí que hay rasgos comunes por los que se vincula el blokecore a ambos lados del charco, al rude boy como uno de sus antecesores y a Latam como germen: atraviesa la clase trabajadora, el orgullo local y la cultura cotidiana.

Por eso las camisetas de clubes nunca fueron únicamente deporte.

Ahora, la moda de lujo y las redes sociales han redescubierto algo que en el Caribe y Latinoamérica llevaba décadas siendo cotidiano. A menudo sucede: ciertas estéticas pasan de ser vistas como algo marginal a convertirse en tendencia global una vez entran en el circuito de la moda y el lujo.

Al final, el blokecore puede parecer nuevo en TikTok, pero Latinoamérica lleva décadas vistiendo fútbol, música y barrio como una misma identidad estética.