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Imagen de ilustración. iStock.

Interiorismo

Laura Cambra, arquitecta: "Las colas interminables en los baños de mujeres son un micromachismo"

Algo tan cotidiano como ir al baño ha abierto una conversación más amplia sobre cómo se construyen los espacios y a quién sirven realmente.

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Los micromachismos son comportamientos sutiles, muchas veces normalizados, que reproducen desigualdades entre hombres y mujeres sin que se perciban como actos discriminatorios. Se manifiestan en gestos, decisiones o en estructuras que, sin intención explícita, acaban favoreciendo a unos sobre otras.

Este concepto, aunque todavía desconocido para parte de la población, ha servido para revisar aspectos de la vida diaria que antes pasaban desapercibidos. Algunos expertos señalan que cuestiones como la temperatura del aire acondicionado, el diseño de los patios escolares o, incluso, las colas interminables en los baños pueden esconder dinámicas desiguales.

Precisamente sobre este último punto ha reflexionado la arquitecta Laura Cambra en una entrevista concedida a RTVE, donde analiza cómo el diseño de los espacios influye en la salud y el bienestar, una línea de trabajo que también desarrolla desde la Universidad Politécnica de Madrid.

El diseño que genera desigualdad

Durante años, la escena se ha repetido sin apenas cuestionamiento: largas filas de mujeres esperando frente a un baño público mientras, a pocos metros, los hombres entran y salen sin demora.

Lejos de ser una simple coincidencia o una incomodidad inevitable, de acuerdo con la experta esta diferencia responde a una lógica de diseño que no ha tenido en cuenta cómo se utilizan realmente estos espacios.

La arquitectura de los aseos públicos se ha construido bajo una idea de igualdad que, en realidad, resulta insuficiente. Se han asignado superficies similares para hombres y mujeres como si eso garantizara un uso equitativo, aunque en la práctica no sucede así.

La clave está en que igualdad no es lo mismo que equidad, y esa confusión ha derivado en espacios que funcionan peor para una parte de la población.

El tiempo de uso es uno de los factores determinantes. Las mujeres, de media, necesitan más tiempo en el baño debido a cuestiones biológicas y prácticas, desde la necesidad de sentarse hasta la gestión de la menstruación o el embarazo.

A esto se suma la vestimenta, que en muchos casos requiere más tiempo para acomodarse. Sin embargo, estos elementos no han sido incorporados en los cálculos de diseño, como si el usuario tipo fuera siempre masculino.

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Además, existe una dimensión social que agrava el problema. Las mujeres asumen con mayor frecuencia tareas de cuidado, lo que implica acompañar a menores, personas mayores o dependientes al baño.

Los espacios actuales, pensados para un uso individual, no contemplan esta realidad, de modo que se vuelven incómodos o directamente inviables cuando se intenta utilizarlos en compañía.

La falta de equipamiento también influye en la experiencia. Elementos básicos como papeleras adecuadas o lavabos dentro del propio cubículo no son un estándar, pese a que resultan esenciales para una higiene adecuada en determinados casos.

Más allá de la incomodidad puntual, "el impacto de esta desigualdad es profundo", explica Cambra. La accesibilidad a los aseos condiciona la movilidad en la ciudad, afecta a la productividad laboral y limita la autonomía en actividades cotidianas.

Desde trabajadoras del transporte hasta cuidadoras que planifican sus salidas en función de la disponibilidad de baños, muchas decisiones diarias están atravesadas por esta infraestructura invisible.

Para la experta, el origen de este problema no reside necesariamente en una intención discriminatoria consciente, sino en la falta de diversidad en los procesos de diseño.

Cuando las decisiones se toman sin incorporar distintas experiencias, se generan espacios que responden solo a una parte de la población.

La solución, por tanto, pasa por cambiar la forma de proyectar. "Diseñar desde la empatía" implica considerar las necesidades reales de uso, apoyarse en datos y abrir los procesos a perfiles diversos.

Cuando se piensa en quienes tienen mayores dificultades, el resultado suele ser un entorno más funcional para todos.