Vista panorámica de un barrio de Madrid.

Vista panorámica de un barrio de Madrid. iStock

Interiorismo

Los arquitectos coinciden: "Jamás recomiendo a mis clientes comprar estas casas, son un auténtico dolor de cabeza"

Parece una ganga, pero algunas viviendas esconden problemas estructurales que pueden disparar el coste de la reforma y complicar la compra.

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Comprar una vivienda de segunda mano puede parecer una oportunidad atractiva en un mercado marcado por el encarecimiento de la obra nueva. Sin embargo, no todas las casas usadas esconden una buena inversión. En muchos casos, lo que parece un chollo termina convirtiéndose en una fuente constante de gastos, reformas complicadas y frustración.

El arquitecto y divulgador Edu Saz lleva años analizando este tipo de situaciones. A través de su experiencia profesional y de casos reales, advierte de que hay ciertos tipos de viviendas que conviene evitar desde el principio, especialmente si la intención es reformarlas o adaptarlas a las necesidades actuales.

Y no se trata solo de una cuestión estética o de gustos. Detrás de estos inmuebles hay problemas estructurales, limitaciones de diseño y condicionantes técnicos que no siempre se detectan a simple vista, pero que acaban teniendo un impacto directo en el bolsillo y en la calidad de vida.

Las viviendas que deberías evitar

Uno de los ejemplos más claros son las viviendas con acceso en esquina o con una distribución excesivamente alargada. Este tipo de pisos suele obligar a diseñar largos pasillos para conectar las diferentes estancias, lo que implica una pérdida importante de metros útiles. Aunque sobre el plano puedan parecer amplios, en la práctica ofrecen menos espacio aprovechable del que aparentan.

Otro caso frecuente son las viviendas con un muro de carga en el centro. Este elemento actúa como el "esqueleto" del edificio, por lo que no se puede eliminar sin recurrir a soluciones técnicas complejas. Muchos compradores sueñan con abrir espacios o crear un concepto más moderno, pero se encuentran con una limitación estructural que lo impide o encarece enormemente la reforma.

En tercer lugar están las conocidas como viviendas "tipo tubo". Se trata de inmuebles muy estrechos y profundos, normalmente encajados entre medianeras. Esto provoca que la luz natural solo entre por los extremos, dejando zonas interiores oscuras y con ventilación deficiente. Baños sin ventana, cocinas orientadas a patios interiores o habitaciones poco luminosas son algunos de los problemas más habituales.

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Los problemas que no se ven al comprar

Uno de los grandes errores al comprar vivienda es confiar en los planos comerciales sin analizarlos en profundidad. Muchas inmobiliarias utilizan diseños orientativos que no reflejan con precisión las dimensiones reales, lo que puede generar una percepción equivocada del espacio disponible.

Además, hay costes ocultos que no siempre se tienen en cuenta. Modificar elementos estructurales como muros de carga requiere la intervención de técnicos especializados, licencias y soluciones constructivas específicas. Todo ello puede incrementar el presupuesto de la reforma de forma considerable, incluso en porcentajes superiores al 20% o 30%.

La falta de luz natural y ventilación es otro factor clave. Las viviendas con estancias interiores o con mala orientación no solo resultan menos confortables, sino que también pueden tener problemas de humedad o no cumplir con ciertos requisitos de habitabilidad si se plantean cambios en su distribución.

Por eso, antes de tomar una decisión, los expertos recomiendan solicitar planos con cotas reales, analizar la orientación del inmueble y comprobar cuántas estancias cuentan con ventilación directa al exterior. También es fundamental visitar la vivienda en diferentes momentos del día para evaluar la entrada de luz.

En este contexto, contar con el asesoramiento de un arquitecto puede marcar la diferencia. Su visión técnica permite detectar problemas que pasan desapercibidos para la mayoría de compradores y anticipar el coste real de una reforma. Porque, como resume Edu Saz, muchas veces el mayor error es "comprar el problema de otro" sin ser consciente de ello desde el principio.