Ana Hernández, ganadera de 29 años en Salamanca.

Ana Hernández, ganadera de 29 años en Salamanca. YouTube

Estilo de vida

Ana, 29 años, ganadera: "Triunfar no es ser funcionario y trabajar de 7 a 15, prefiero dedicarme a lo que me gusta"

El relevo generacional sigue siendo uno de los grandes retos del campo español, donde cada vez menos jóvenes apuestan por continuar el oficio.

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Muchas personas estudian con el objetivo de convertirse en funcionarios de la administración pública y disfrutar de sus condiciones, entre las que se encuentran un buen horario y un buen sueldo, pero hay otros que prefieren seguir sus sueños.

Este es el caso de Ana Hernández, una ganadera de 29 años de Valderrodrigo (Salamanca), quien tiene muy claro que para ella triunfar no es convertirse en funcionario, sino dedicarse a lo que a uno le gusta, como sucede en su caso.

Su situación no es la más habitual, ya que, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), apenas uno de cada diez titulares de explotaciones agrícolas o ganaderas en España tiene menos de 41 años. Además, solo un 32% de ellos son mujeres.

En un reportaje de La 8 Salamanca, la propia Ana explica que lo que más le gusta de su trabajo como ganadera es que “cada día es diferente, no es una oficina”, además de que es algo que es suyo y que se siente de otra manera.

La joven es contundente a la hora de indicar que en su caso prefiere trabajar todo el día y dedicarse a un oficio que realmente le guste y llene, y es que ella comenzó en la ganadería por tradición familiar, como es habitual.

El proyecto de Ana

Ana Hernández regresó a su pueblo tras vivir durante un tiempo en Sevilla, en un periodo de reflexión que le hizo replantearse la posibilidad de volver a sus orígenes y dedicarse a la ganadería, quedándose con la explotación de su padre.

Aunque no fue sencillo, finalmente Ana logró su objetivo. El proyecto ganadero que tenía en marcha sufrió un duro revés en el año 2016 como consecuencia de un brote de tuberculosis en sus reses. Por ello, tuvo que empezar de cero comprando vacas en Francia y el esfuerzo la llevó a liderar el negocio familiar en 2020.

La joven ganadera confiesa que no se sentía demasiado a gusto con todo el esfuerzo que le había costado a su padre y todas las trabas que habían tenido, y que se pudiese perder la explotación o llegase a estar en manos de otra persona, y por ello decidió dar un paso al frente.

Aunque la tuberculosis bovina sigue siendo una amenaza, ella trabaja con esfuerzo para dedicarse plenamente a lo que más le gusta, y opta por seguir levantándose cada mañana para seguir con el negocio familiar, una apuesta que pocas personas hacen a su edad.

Falta de relevo generacional

El caso de Ana Hernández es cada vez menos habitual, sobre todo teniendo en cuenta que la ganadería atraviesa uno de sus momentos más complicados. La combinación de una rentabilidad en mínimos por la caída de los precios y el aumento de los costes de producción se suma a otros factores de relevancia.

Es el caso de las enfermedades, la incertidumbre por la situación geopolítica y, en especial, la falta de relevo generacional, lo que está poniendo contra las cuerdas a cientos de explotaciones en todo el país.

Aunque las diferentes administraciones tratan de mantener a flote el sector económico mediante la puesta en marcha de diferentes planes estratégicos y subvenciones, la realidad es que cada vez hay menos jóvenes que apuesten por trabajar en la ganadería.

La mayoría de los jóvenes que se incorporan al sector lo hacen dando continuidad a los negocios familiares, como ha hecho Ana, y los expertos lo consideran lógico teniendo en cuenta la enorme inversión que es necesaria para poner una de ellas en marcha.

Uno de los mayores problemas que están vinculados con la crisis ganadera tiene un trasfondo social, y es que actualmente cada vez menos personas quieren vivir en el campo, trasladándose a las grandes ciudades o sus alrededores.

Los pequeños ganaderos tienen dificultades para encontrar relevo cuando se encuentran cerca de su edad de jubilación, y también resulta complicado encontrar a personas que quieran trabajar en estas explotaciones por cuenta ajena.

Es por este motivo por lo que voces autorizadas destacan la importancia de poner en marcha políticas que incentiven este tipo de contrataciones y que hagan que el sector ganadero resulte más atractivo para los jóvenes, al mismo tiempo que su incorporación resulte rentable a nivel económico.

La digitalización se frena

Las nuevas tecnologías y la digitalización llegan con muchas ideas y proyectos en marcha con el objetivo de transformar los campos, pero estos avances y potencial se ven frenados por el desinterés de los jóvenes por esta actividad.

El campo está librando una dura batalla desde hace años, con una subida de precios de los insumos (pienso, fertilizantes…), la sequía, los fenómenos meteorológicos y los diferentes cambios regulatorios.

En un momento clave de transición hacia una agricultura y ganadería sostenible, el sector primario tiene a su disposición las herramientas más avanzadas de su historia, con drones que aplican fitosanitarios con exactitud, sensores que miden el estrés de los cultivos y sistemas de riego avanzados.

A pesar de todo ello, no se acaba de conseguir el impulso esperado por la falta de relevo generacional, que está frenando la incorporación de nuevas tecnologías y la digitalización en muchas explotaciones, lo que pone en riesgo la competitividad y rentabilidad de un sector estratégico para garantizar la seguridad alimentaria.