Mujer con cara de preocupación hablando con un interlocutor.

Mujer con cara de preocupación hablando con un interlocutor. Imagen generada con IA

Estilo de vida

Soledad, ingeniera en España: "Con más de 32 años de experiencia por todo el mundo, al cumplir 50 dejaron de llamarme"

En España, el edadismo laboral afecta a más del 44% de trabajadores, eliminando no solo talento, sino también transmitiendo la idea de que su experiencia tiene fecha de caducidad.

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La vida laboral es más compleja de lo que las ilusiones de la juventud nos hacen ver. A veces, incluso después de décadas de experiencia, formación y esfuerzo, el mercado decide cerrar puertas sin mirar el currículum.

Eso es lo que le ocurrió a Soledad, una ingeniera técnica industrial mecánica que durante 32 años trabajó en grandes multinacionales y viajó por todo el mundo. Su testimonio, escuchado en la COPE, ha puesto voz a una realidad cada vez más visible.

La discriminación por edad, el edadismo, es un problema que afecta especialmente a profesionales que superan los 50 años y que, pese a contar con una sólida trayectoria, encuentran enormes dificultades para reincorporarse a su sector.

En España el 44% de los trabajadores sufre discriminación por edad, algo que Soledad resume en una sola frase: "Todo perfecto hasta que llegué a mis 50. No hay forma de encontrar trabajo".

La edad como freno laboral

Durante más de tres décadas, Soledad desarrolló su carrera en el ámbito industrial. Su perfil reunía experiencia, especialización técnica, idiomas y recorrido internacional. Todo aquello que, en teoría, debería convertirse en una ventaja competitiva.

Sin embargo, al llegar a los 50 años, la situación cambió. La profesional asegura que entró en lo que define como "la edad del edadismo", una etapa en la que su experiencia dejó de ser percibida como un valor y empezó a convertirse en una barrera.

"Con toda la experiencia que yo tengo, ya no hay forma de encontrar trabajo en ninguna industria", explicó en antena. Sus palabras reflejan una sensación compartida por muchos trabajadores sénior: la de quedar fuera del mercado sin que su capacidad real haya disminuido.

El caso de Soledad no habla solo de una trayectoria personal interrumpida, sino que también evidencia una contradicción del sistema laboral. Las empresas demandan perfiles preparados, resolutivos y con experiencia, pero, al mismo tiempo, muchos profesionales con esas cualidades quedan descartados por su edad antes incluso de poder demostrar lo que saben hacer.

Saber reinventarse

Ante ese bloqueo, Soledad decidió no quedarse parada. Si la industria no le abría de nuevo las puertas, buscaría otro camino. Y lo encontró en la enseñanza.

Ahora imparte clases de inglés de Cambridge a jóvenes y alumnos de distintas edades. Una salida profesional que no formaba parte de su plan inicial, pero en la que asegura sentirse plenamente satisfecha.

Pero el cambio tampoco fue sencillo. Aunque ya dominaba el inglés técnico por su trabajo anterior, tuvo que actualizarse en otros aspectos. Especialmente en gramática y en la preparación de los exámenes oficiales de Cambridge, que ella misma reconoce como complejos.

Su historia muestra una forma de resistencia silenciosa. Soledad no niega la dureza del golpe ni disfraza la injusticia de haber sido apartada de su sector. Pero tampoco se presenta como una víctima. Ha transformado una expulsión no buscada en una nueva oportunidad.

Edadismo en España

El edadismo laboral se ha convertido en una de las barreras menos visibles para los trabajadores españoles de más edad. En un mercado que envejece, resulta paradójico que la experiencia siga penalizando.

Fundación Adecco calcula que los mayores de 55 años ya superan los cinco millones de activos y representan el 21% de quienes trabajan o buscan empleo. El SEPE también advierte de que los mayores de 45 concentran el mayor porcentaje de parados de larga duración y que las opciones de recolocación disminuyen cuanto más tiempo permanecen inscritos como demandantes.

La consecuencia es doble. Por un lado se pierde talento formado durante décadas y, por otro, muchos profesionales acaban encadenando subsidios, empleos por debajo de su cualificación o una retirada anticipada del mercado.

No es falta de capacidad, sino de oportunidades reales y procesos de selección menos atravesados por prejuicios que aún confunden edad con rigidez, coste o baja adaptación tecnológica en demasiadas ocasiones.