Isabel, jubilada (@nonna.isa).

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Estilo de vida

Isabel, jubilada de 84 años: "Pago una residencia privada con mucho sacrificio, es difícil entrar en una oficial"

Con más del 70 % de residentes mujeres, España supera las 50.000 personas en lista de espera para una plaza en residencias de mayores, según el IMSERSO.

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En España hay actualmente más de 5.000 residencias para personas mayores con entre 380.000 y 400.000 plazas. Una oferta que, a pesar de estos números, sigue siendo insuficiente, teniendo en cuenta que más de 50.000 personas en situación de dependencia siguen esperando una plaza en centros públicos o concertados, según los datos oficiales del IMSERSO.

Una realidad que tiene además un claro rostro femenino. Y es que, en España la mayoría de las personas que viven en residencias son mujeres, superando en muchos casos el 70% del total.

Sin embargo, más allá de esa mayor presencia femenina en residencias debido a esa mayor esperanza de vida. La realidad es que el envejecimiento de la población avanza a un ritmo mucho más rápido que la creación de nuevas plazas, tal y como advierte el último informe de la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales.

Esta escasez de plazas obliga a un número creciente de familias a optar por residencias privadas, asumiendo unos costes mucho más elevados. Es el caso de Isabel, a la que muchos ya conocen en redes sociales como @nona.isa. A través de sus vídeos, ha conquistado a miles de seguidores mostrando su día a día en la residencia.

En ellos cuenta desde sus viajes hasta su forma de entender la vida, pasando por consejos personales e incluso su bonita historia de amor. Pero más allá de esa forma de ser tan cercana en las redes, también ha despertado la curiosidad de muchos usuarios, que se preguntan por qué decidió vivir en una residencia privada. Una duda a la que ella misma daba respuesta en uno de sus vídeos, poniendo sobre la mesa esa realidad cada vez más evidente en la que acceder a una plaza en este tipo de centros es especialmente complicado.

@nonna.isa Respuesta a @elaprikos comparto amigos mios esta información con vosotros, no por generar cotilleos sino para mostrar la realidad y no penséis que vuestra nonna es rica, aqui como todos, somos luchadores, nadie nos regala nada pero por suerte me mantengo y estoy feliz por ello. Un beso. #abuelas #abuela #gastos #cuantogasto #belinda ♬ sonido original - nonna.isa

La propia Isabel ha querido desmontar algunas ideas preconcebidas sobre su situación. "Yo no soy una ricachona. No he tenido más remedio que coger esta residencia porque no es fácil entrar en una residencia oficial", cuenta con total sinceridad.

Su decisión no fue tanto una elección como una necesidad. Tal y como explica, la urgencia de su caso llevó a su familia a tomar una determinación rápida: "Mi situación era urgente y mis hijos y yo tuvimos que optar por esta opción. La pago con mucho sacrificio y esto, dentro de unos límites tiene también sus inconvenientes".

Más allá de lo económico, su día a día también implica ciertas renuncias. Comparte habitación, se rige por normas comunes y sigue horarios establecidos. Sin embargo, lejos de centrarse solo en las dificultades, también destaca el cuidado recibido y su empeño por hacer de ese espacio algo propio, creando un entorno acogedor dentro de las limitaciones.

Lo pago con la pensión y un alquiler

Isabel insiste en que, aunque está satisfecha con la atención que recibe, su realidad dista mucho de la imagen idealizada que a veces se tiene de estos centros. "Es una residencia en la que estoy muy bien atendida, las necesidades más básicas solucionadas y luego por mi parte procuro hacerlo lo más acogedora posible por mis actividades y por mi forma de ser, pero no deja de ser una residencia normal", explica.

"Al final, una residencia privada lo único que tiene de especial es pequeños detalles pero que es un negocio y hay que pagarlo", añade. Precisamente el aspecto económico es uno de los puntos que más ha querido aclarar ante sus seguidores. Lejos de tratarse de un lujo accesible solo para unos pocos, en su caso implica un importante esfuerzo mensual:

"No pago tanto como en principio parece, pero pago una buena cantidad. La pago con mucho sacrificio porque desgraciadamente yo no lo tenía. Pago con la pensión de viudedad que me ha dejado mi marido y además, tengo que añadir lo que me dan por el alquiler de mi piso".

Su entrada en la residencia, además, no fue fruto de una planificación previa. "Yo tuve que entrar en una residencia prácticamente por urgencias, entonces era la única oportunidad que se me ofrecía y entré por la vía privada y eso conlleva esas cantidades un poquito más grandes", relata.

Aun así, con el paso del tiempo ha logrado adaptarse a esta nueva etapa. "De momento, como lo voy resolviendo, aquí estoy. Estoy contenta porque ya me he adaptado a esta residencia. Me compensa porque llevo una vida muy libre dentro de mis limitaciones y no podría ir a otra", concluye.

Contratar a una cuidadora "es prohibitivo"

A pesar de las dificultades económicas y personales, Isabel se muestra firme en la decisión que tomó. "Mi estatus no ha sido de rica, mi marido y yo hemos sido trabajadores un poquito agraciados, pero nos ha gustado vivir y viajar y hemos gastado mucho dinero también y ahora me mantengo, sobrevivo. El mañana ya se verá", confiesa.

Su vida dio un giro tras la pérdida de su marido. Durante un tiempo intentó continuar sola, pero el empeoramiento de su salud acabó marcando el camino. Tal y como explica, barajó otras alternativas antes de ingresar en una residencia.

"Una opción habría sido contratar a una persona que me cuidara en casa, pero aquello es prohibitivo. La otra opción era entrar en una residencia". Aunque el proceso de adaptación no fue sencillo al principio, hoy reconoce que ha encontrado estabilidad en esta nueva etapa.

De hecho, pone en valor el cuidado constante que recibe en su día a día, algo que le aporta tranquilidad tanto a ella como a su entorno. "Estamos estupendamente y atendidos 24 horas, cualquier cosa que nos pase estamos controlados, nos ayudan, nos dan la comida personalizada, hacemos lo que queremos, tenemos todo tipo de entretenimientos, hacemos excursiones", detalla.

Eso sí, no todo es perfecto. Isabel también señala el aspecto que menos le convence de este tipo de vida: "Evidentemente su lado menos positivo es la menor libertad de horarios, esa es la única pega que le pondría a una residencia", reconoce.

Aun así, Isabel ha decidido afrontar esta realidad desde una perspectiva positiva, compartiendo su día a día y demostrando que envejecer también puede ser sinónimo de adaptación, vitalidad y ganas de seguir disfrutando.