Karla, la profesora que trabaja en Ibiza.
Karla (36) vive en Mallorca y trabaja en Ibiza: "Cojo a las 05:00 de la madrugada un avión para ir a la oficina"
Madre de dos hijos, asegura que volar a diario resulta más económico que pagar un alquiler en Ibiza y abandonar su hogar en Mallorca.
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La posibilidad de vivir en una ciudad y trabajar en otra, separadas por cientos de kilómetros, ha dejado de ser una excepción para convertirse en una realidad cada vez más frecuente. El aumento del precio de la vivienda, unido a la concentración de oportunidades laborales en determinados núcleos urbanos, está empujando a muchos trabajadores a reorganizar por completo su forma de vida.
Esta nueva movilidad ya no consiste únicamente en desplazarse desde municipios cercanos hasta una gran ciudad, sino que cada vez son más las personas que recurren al avión o al tren de larga distancia para acudir a su puesto de trabajo.
Karla Andrade, de 36 años, conoce bien esa realidad. Vive en Palma de Mallorca, pero trabaja como profesora de Educación Primaria en un colegio de Ibiza, una situación que la obliga a coger un avión de madrugada prácticamente cada día para poder llegar a tiempo a clase, una rutina marcada por la conciliación familiar y el elevado precio de la vivienda en la isla.
Más de 600 euros en aviones
Tras aprobar las oposiciones en 2023, Karla obtuvo una plaza como profesora de Educación Primaria en el CEIP Cas Serres, en Ibiza. Aunque consiguió la estabilidad laboral que llevaba tiempo buscando, el destino asignado la obligó a reorganizar por completo su día a día.
Cada jornada comienza a las cinco de la mañana y una hora después sale de casa para coger el primer vuelo con destino a Ibiza. Una vez aterriza, continúa el trayecto en autobús hasta llegar al colegio, donde empieza a impartir clase a las ocho. Al terminar la jornada, repite el mismo recorrido en sentido contrario para regresar a Mallorca.
Según explicó al Diario de Ibiza, no es la primera vez que afronta una situación de este tipo. De hecho, recuerda que anteriormente su destino estaba en Santa Eulària, lo que hacía todavía más largos los desplazamientos.
Ahora, al menos, reconoce que la ubicación del centro facilita ligeramente la logística. "Ahora por lo menos estoy cerca del aeropuerto", reconoce.
Sin embargo, el desgaste va mucho más allá de las horas de viaje y Karla explica que cualquier retraso o imprevisto puede alterar por completo la organización del día.
"La verdad es que es una vida muy estresante y, si hay algún imprevisto o la guardia se alarga, tengo que volver en el siguiente avión y termina el día y casi no he visto a mis hijos", lamenta.
Madre de dos niños pequeños, de tres años y uno y medio, reconoce que mantener esta rutina solo es posible gracias al apoyo de su entorno. "Si no fuera por la ayuda de la familia, no sería posible", afirma, dejando claro que la conciliación se ha convertido en uno de los mayores desafíos de su situación.
Volar cada día resulta más barato que alquilar una vivienda en Ibiza
Aunque pueda parecer una decisión extrema, Karla asegura que desplazarse diariamente en avión sigue siendo la alternativa más económica. El elevado precio de la vivienda en Ibiza hace inviable instalarse allí mientras mantiene su hogar en Mallorca.
"No puedo estar pagando una hipoteca en Mallorca y, a la vez, pagar los 1.200 euros que te piden por un alquiler aquí", explica. De hecho, calcula que actualmente destina entre 600 y 700 euros al mes a los vuelos, una cantidad que, aun siendo elevada, continúa siendo inferior a lo que le costaría alquilar una vivienda en la isla.
A ello se suma el impacto que tendría trasladar a toda la familia. Más allá del aspecto económico, considera que un cambio de residencia alteraría por completo la estabilidad de sus hijos y de su entorno más cercano. "No puedo trastocar la vida de mi familia así", resume.
La docente también señala que el sistema de adjudicación de plazas fue determinante en su situación actual. Según explica, las vacantes en Palma ya estaban ocupadas cuando llegó el turno de quienes habían aprobado la oposición, ya que previamente habían elegido destino los docentes con más antigüedad dentro de los procesos de estabilización.
"Nuestra oposición ha coincidido con que le han dado plazas a los estabilizados que tenían más antigüedad, y los de la oposición hemos escogido después de ellos y, claro, las plazas de Palma ya estaban cogidas", relata.
El momento en que conoció su destino supuso un duro golpe. Después de meses preparando las oposiciones y de compatibilizar el estudio con el embarazo y el trabajo, pensó que, al aprobar, podría regresar definitivamente cerca de su familia.
"En 2022 estaba embarazada, trabajando en Santa Eulària, y me presenté a la oposición. Cuando aprobé, en 2023, respiré aliviada y me dije: 'Supongo que ahora sí que podré estar cerca de casa'. Pero cuando en agosto me comunicaron el destino, se me cayó el mundo encima", recuerda.
Pese a las dificultades, Karla destaca el apoyo recibido en el CEIP Cas Serres, donde asegura haber encontrado un equipo directivo que comprende su situación y trata de facilitarle la conciliación siempre que es posible.
"Tengo la gran suerte de que el equipo directivo del centro me apoya y que son un amor. A pesar de todo este trajín, me entienden y hacen todo lo que pueden para ayudarme", afirma.
Aun así, reconoce que el paso del tiempo no elimina el desgaste que supone mantener este ritmo de vida. "Al final una se acostumbra a todo, pero esto te deja exhausta", concluye.