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Estilo de vida

La UE endurece las normas: desde abril será obligatorio que todos los perros y gatos tengan su propio pasaporte

La nueva normativa europea refuerza los requisitos para viajar con perros y gatos, con controles más estrictos, vacunación obligatoria y un pasaporte sanitario.

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La Unión Europea ha reforzado el control sobre los animales de compañía con una nueva normativa que entrará en vigor este mes de abril, centrada en mejorar la seguridad y la trazabilidad en los desplazamientos. La medida afecta directamente a millones de propietarios que viajan con sus mascotas entre países comunitarios.

Aunque la norma ha generado cierta alarma inicial, lo cierto es que no parte de cero, sino que consolida un sistema que ya estaba implantado en muchos Estados miembros. En países como España, buena parte de los animales ya cumplen con estos requisitos desde hace años.

El objetivo de este endurecimiento normativo es claro: frenar el tráfico ilegal de mascotas, reforzar el control sanitario y garantizar que todos los animales que cruzan fronteras dentro de la Unión lo hagan con garantías suficientes tanto para ellos como para las personas.

Un pasaporte obligatorio para moverse por Europa

Desde el 22 de abril, entra en vigor un reglamento europeo que obliga a que todos los perros y gatos dispongan de un pasaporte europeo individual si van a viajar entre países de la Unión.

No se trata de una recomendación, sino de un requisito imprescindible para cualquier desplazamiento sin fines comerciales, como vacaciones o visitas familiares.

Este documento no es meramente administrativo, sino que funciona como una ficha completa del animal. En él se recogen datos clave como el número de microchip, la identidad del propietario, el historial de vacunación y los tratamientos veterinarios, lo que permite tener un control preciso en cualquier punto del trayecto.

Además, esta normativa se enmarca dentro del Reglamento (UE) 2016/429 y su desarrollo más reciente aprobado en enero de 2026. Ambos textos buscan armonizar las condiciones de viaje de animales en toda la Unión Europea, evitando vacíos legales entre países y facilitando controles homogéneos.

En este sentido, el objetivo principal no es burocratizar los desplazamientos, sino combatir problemas graves como el tráfico ilegal de mascotas. Gracias a la trazabilidad que ofrece el pasaporte, se dificulta la circulación de animales sin origen claro o con documentación falsificada.

Al mismo tiempo, se refuerza el control sanitario, ya que el documento acredita que el animal cumple con los requisitos zoosanitarios exigidos. Esto resulta clave para prevenir la propagación de enfermedades transmisibles entre animales y también a humanos.

Imagen de un perro en el aeropuerto.

Imagen de un perro en el aeropuerto.

Conviene subrayar que esta obligación afecta únicamente a los viajes internacionales dentro de la Unión Europea. Es decir, no cambia nada en el día a día de quienes no se desplacen fuera de su país con su mascota.

En el caso de España, la situación genera menos impacto del que parece a primera vista. La mayoría de los perros y gatos ya cuentan con este pasaporte, ya que está vinculado al microchip, cuya implantación es obligatoria según la legislación nacional vigente.

Esto significa que, en la práctica, muchos propietarios ya cumplen con la normativa sin necesidad de hacer trámites adicionales. El pasaporte se entrega habitualmente en la clínica veterinaria en el momento de identificar al animal.

Qué otros datos se necesitan

Sin embargo, sí hay aspectos que deben revisarse antes de viajar. Uno de los más importantes es la vacunación contra la rabia, que será obligatoria para todos los desplazamientos y deberá haberse administrado al menos 21 días antes del viaje.

A esto se suma la necesidad de una desparasitación interna específica contra Echinococcus multilocularis, que debe realizarse entre uno y cinco días antes de cruzar la frontera. Además, el veterinario deberá certificar que el animal se encuentra en buen estado de salud.

También se establece una edad mínima de 12 semanas para poder viajar, lo que busca garantizar que los animales tengan un desarrollo suficiente y hayan recibido las vacunas necesarias.

Las consecuencias de no cumplir con estas normas pueden ser importantes. Un animal sin pasaporte no podrá acceder al país de destino, y podría ser retenido, sometido a cuarentena o incluso devuelto a su lugar de origen.

Por otra parte, el propietario también se expone a sanciones económicas. En España, la falta de identificación mediante microchip —estrechamente ligada al pasaporte— se considera una infracción grave, con multas que pueden oscilar entre los 10.001 y los 50.000 euros.