En la primera imagen, propuesta de belleza en el último desfile de Saint Laurent; en la segunda, campaña de Chanel Beauty con Lily-Rose Depp como protagonista.

En la primera imagen, propuesta de belleza en el último desfile de Saint Laurent; en la segunda, campaña de Chanel Beauty con Lily-Rose Depp como protagonista. IG @ysl y @chanel.beauty

Belleza

Muerte al 'clean look': el análisis de la vuelta del exceso en el maquillaje, la sensualidad y lo maximalista como deseable

Nunca un adiós supo tan bien. Tras temporadas de tiranía estética, la creatividad vuelve de nuevo a la pasarela y de forma automática al día a día.

Más información: La belleza se alía con el arte para marcar las tendencias: de la mirada al desnudo al 'blush blindness' y la estética gótica

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El rey ha muerto, viva el rey. Eso comenzaron a proclamar en la Francia del siglo XVI cuando falleció Carlos VI y lo sucedió su hijo, Carlos VII. La frase —que es un galimatías— indica que a pesar de que el monarca no esté presente, la forma de gobierno prosigue gracias, en este caso, a su vástago.

La misma se podría aplicar hoy, en 2026, al campo de la belleza: el clean look ha muerto, viva el clean look. Aunque la segunda mención ya no haga referencia a un pelo perfecto y a un makeup no makeup.

En la actualidad, el minimalismo y la naturalidad impostada se hacen a un lado para dejar hueco a lo maximalista, lo extra, lo seductor —incluso lo sucio— en el apartado beauty.

Una de las últimas pruebas es, sin duda, el desfile de Saint Laurent de hace un par de semanas, cuando los potentes ojos ahumados plagaron su colección de invierno 2026.

Igualmente, la reciente campaña de Chanel con Lily-Rose Depp, uno de los rostros habituales de la maison, saca el denim del armario y lo arroja con fuerza en el neceser.

Por otro lado, la sensualidad, desterrada casi desde los tiempos de Tom Ford en Gucci a algún lugar —probablemente no mejor— ha recalado de nuevo en presentaciones y propuestas de belleza.

Al igual que las referencias estéticas de la primera década de los 2000 y comienzos de la segunda, en torno al 2007 y 2014, cuando las fiestas alocadas, las caras nuevas, los festivales y los delineadores emborronados eran lo más.

Aquellos tiempos en los que el vocalista de Artic Monkeys le contaba a Alexa Chung lo mucho que le gustaba en una carta. Todo muy Tumblr. Muy Gossip Girl. Muy inicios de una era.

No obstante, en este relevo de tendencias hay mucho más que una cuestión cíclica, porque sí, todo vuelve, pero, ¿a qué precio y por qué?, ¿qué dice de las grandes firmas —y de las más accesibles— que todo esto esté de regreso? Y, sobre todo, ¿qué dice del momento?

Un manifiesto

Lo de que la belleza está en el interior es un cliché en el que merece la pena ahondar, ya que también puede llevar a pensar que si la superficie encaja en ciertos estándares, es imposible que aquello que no se ve esté a la misma altura.

Y, por otra parte, lo que queda en la primera capa siempre cuenta mucho más de lo que se ve a primera vista. En los últimos años el concepto de naturalidad y de un maquillaje que apueste por esa línea es un mensaje que ha calado muy hondo.

Como resultado de esta premisa se han dado varios eventos:

  • Un cambio estético que ha supuesto un giro hacia un makeup minimalista que se elabora a partir de, casi siempre, productos en crema y que se puedan emplear de diversas formas.

  • Una falsa manera de ser auténtica que se consigue a través de procesos que casi nunca se admiten: desde el empleo de fillers hasta los conocidos neuromoduladores.

  • La asunción de una especie de perfección alineada con lo beauty que también se extrapola al resto de facetas de la vida y que bien podría ir unida al servilismo y a la sumisión de la mujer —aparición de conceptos como el de la tradwife o la búsqueda de una apariencia de ingenuidad casi.

La estilista especializada en novias María Novella comenta que su percepción es que ahora se está maquillando en contra del concepto de perfección total, algo que se asocia al clean look.

"Una piel ideal, glowy, sin una marca... Lo que representa Hailey Bieber, básicamente. Y eso es una burbuja que ha explotado, porque no es una situación real, es algo aspiracional y casi inalcanzable", destaca.

Además, explica que su sensación es que esta corriente va de la mano de otras pautas en la vida como el hecho de intentar abarcar, y aparentar, lo imposible.

"Se han establecido una especie de rutinas impecables: levántate a las cinco de la mañana, haz yoga a las seis, duerme ocho horas... No es algo que se corresponda con la verdad, de ahí también la inercia de romper con ello", cuenta.

Isa Morales, también peluquera y maquilladora, en estos días presente en el backstage de la MBFWMadrid y habituada a trabajar con firmas como Carolina Herrera, cuyo desfile en Madrid cubrió hace unos meses, habla también de un adiós a la mujer perfecta.

"Al plantear este tema he pensado directamente en la reciente campaña de Ángela Molina en conmemoración del 8M. Creo que con este cambio de paradigma queremos volver a sentirnos libres, que el maquillaje no sea un arma más de sumisión. Nos hemos cansado de ser todas iguales y de lucir para complacer", destaca.

Asimismo, traslada esa despedida a la perfección a las redes sociales realizando una analogía: "Por una parte está Instagram, que es lo aesthetic, y por otra TikTok. Algo que ha jugado a favor de la segunda plataforma ha sido que mucha de la gente que ha triunfado se ha mostrado como es, al menos durante un tiempo", explica.

"Estamos hartas de ver que la gente imperfecta, con la que nos podemos identificar, se vuelva ideal. No es normal tener que asociar el término de mujer emprendedora de éxito a un traje en tonos neutros", aclara.

Morales menciona que ensuciar miradas, desdibujar labios, marcar bien los pómulos y jugar con los colores es algo más que un compendio de tendencias de belleza, es un manifiesto que dice "hasta aquí hemos llegado".

Analogías con el arte

Novella habla del maquillaje como una disciplina de estas características que, por supuesto, "funciona como una declaración de intenciones".

En su discurso señala a la década de los años 80, cuando la mujer se incorporó de forma 'total' al trabajo y se potenció mucho también una estética beauty más potente que continuó en parte durante un buen periodo de los 90.

Diego Lozano es un joven artista emergente extremeño, cuyas obras se han expuesto en diferentes galerías y que han logrado conquistar incluso a Maribel Verdú. Durante un rodaje, la actriz recaló en una de sus muestras y puso el ojo en sus lienzos.

El experto en Bellas Artes ve paralelismo entre los cambios en el maquillaje y en su área. "La pintura es algo que no tiene por qué ser estético. Ahora hay una tendencia en la que se aprecian desde colores que no están bien mezclados aposta hasta la presencia de muchos grises y negro", comenta.

"Se ven trazos y pinceladas con mucha fuerza, que en ocasiones es sinónimo de una frustración que se vive en el estudio, pero también en la vida en general. Un gesto que muestra incomodidad", explica.

De eso habla también Isa Morales, de la necesidad de volver a molestar para que la individualidad gane terreno. "Estamos cansadas de ser copias; hay que romper determinados estereotipos", cuenta.

Tras el objetivo mira Cristina Mena-Bernal, fotógrafa especializada en moda cuyo trabajo suele ir de la mano en muchas ocasiones de diseñadoras como Inma Linares.

"El clean look funciona para lo inmediato, pero creo que ahora hay un deseo de volver a sentir, de volver a mirar y que algo nos incomode o nos sorprenda. Me interesa explorar esas sombras y contrastes porque aportan emoción, profundidad y capas que antes se perdían en la perfección", destaca.

Lozano destaca también una huida de lo académico, de lo que se considera clásico, "por eso ahora se pinta con mucho color y con mucha carga de pintura, como se ha podido ver en ejemplos recientes de ARCO de Guillermo Velasco o Javier Ruiz".

Habla de una sensación de dejar atrás obras más parecidas buscando dejar una impronta propia: "Al margen de que sea algo que aplique mucha gente, cada cual lo hace suyo. Es algo que me parece más interesante".

Cristina Mena-Bernal comenta que en toda esta estética que está resurgiendo se refleja también el contexto, como destacan el resto de profesionales.

"Aunque no hagas una imagen explícitamente política, la tensión que vivimos siempre se filtra en lo que creamos. Siento que la industria también necesita cambiar y desafiarse a sí misma, pero me mueve más la necesidad de transmitir emociones auténticas", cuenta.

Destaca que en su caso, su trabajo ahora busca atmósferas más densas y exteriores integrados en el paisaje, como hacen campañas de Loewe, con la intención de que cada fotografía tenga peso emocional y narrativa, no solo estética. Ahora la cosa va de contar historias, no de aparentar vivirlas.

En estas circunstancias, ella encuentra un espacio liberador en el que le inspiran referencias muy dispares: desde el surrealismo minimalista de Jacquemus hasta el hiperrealismo incómodo de Balenciaga. "Son imágenes que no sólo se miran, sino que se sienten y se recuerdan", aclara.

Cuestión generacional

En estas conversaciones es imposible no hablar de cuánto puede tener que ver el público millennial y el Zeta con los cambios. Estos profesionales lo tienen claro: mucho.

Novella comenta cómo en esa huida de la perfección, la que en primera instancia resulta no deseable para los más jóvenes, como el acné, se ha convertido casi en un elemento de belleza más.

"Los ves por la calle con los parches para eliminar granos en forma de estrella. Es cierto que la pegatina lo oculta, pero sabes qué hay debajo", ejemplifica.

Por otro lado, en relación a la Generación Millennial habla casi de escapismo. "Creo que estas transformaciones son también sintomáticas y estas nuevas referencias de maquillaje nos llevan a un momento en el que fuimos más felices. Hay muchas cosas que están de regreso", explica.

En una línea similar se manifiesta Isa Morales, que enumerando el ahumado, el eyeliner grunge o determinadas referencias góticas —todo en tendencia— resalta la necesidad de volver a una década en la que había personalidades mucho más definidas, no únicas, pero sí más determinantes y con fuerza y con grupos de amigos más heterogéneos.

"De nuevo estamos viendo el maquillaje como una forma de evasión, como una actividad lúdica", detalla. Esta misma percepción es la que Matthieu Blazy junto a su equipo en Chanel ha trasladado en su último desfile con los stylings al completo.

Diego Lozano también habla de ese mismo componente generacional. En su caso, comenta que se trata de algo además que no reniega de fallos ni del pasado.

"Hay muchos artistas que van construyendo su obra a partir de la destrucción. Parten de un cuadro ya acabado, firmado por ello, y sobre ese hacen algo nuevo sin deshacerse de la base. Se hace del error, de lo sucio, de los borrones, una virtud", expresa mencionando la obra de Miguel Gómez Losada.

Cristina Mena-Bernal también habla de síntomas de una época: "Más allá de la estética —lo de Saint Laurent, por ejemplo— refleja un momento en el que la moda busca intensidad, autenticidad y emoción, no sólo perfección".

"Es lo que me interesa explorar en mi trabajo: cómo la imagen puede dialogar con el entorno, con la persona, con la historia que está contando, integrando contrastes, sombras y exteriores que no sean sólo fondo, sino parte de la narrativa", cuenta la fotógrafa.

En medio de todo el ruido que generan tendencias que mueren y resucitan, de estéticas que se contradicen y se superponen hay algo que permanece: el mensaje. La necesidad de decir algo propio que saque de la alienación.

Este regreso a lo imperfecto, a lo manchado, a lo que incomoda es sinónimo en la actualidad de moda, pero también de cansancio. El que genera la búsqueda imposible de la perfección. Esa en la que la apariencia opaca el ser.

El clean look no desaparece: se transforma y lo hace de forma natural. Se diluye y se mezcla con todo lo que antes quedaba fuera. A veces la belleza necesita ensuciarse para ser real y seguir existiendo como un concepto que va más allá de lo que salta a la vista.