Manifestación en Ceuta.

Manifestación en Ceuta. Efe

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Un aplauso para Ceuta

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Desgobierno, caos, miedo, vulnerabilidad de la frontera, agresiones sexuales, cierre de espacios públicos para la ciudadanía, violencia en las calles, incremento exponencial del índice de criminalidad, niños que no van al colegio, ansiedad, angustia, caos, desgobierno, desgobierno, desgobierno.

No es una serie, no es una película, no es una distopía. No es una pesadilla. No es Ucrania. No es Venezuela. Es la situación de Ceuta.

La gravedad de lo que está ocurriendo allí es incuestionable. Las semanas pasan, la tensión se acrecienta y la normalidad de la vida de la ciudad les ha sido arrebatada.

Más de 83.000 personas viven así todos los días desde hace semanas. Personas que también tienen derechos como la seguridad y la integridad personal.

Los ceutíes sienten la gravedad en sus casas, en sus negocios, en sus rutinas y en esa certeza íntima de vivir en un lugar conocido que, de pronto, ha dejado de comportarse como siempre.

Espacios públicos que han perdido su uso habitual, familias que toman decisiones que antes no se planteaban y comerciantes que intentan sostener su actividad en medio de una presión extraordinaria.

Lo provisional se ha prolongado demasiado y ha terminado entrando en la vida privada.

A ese desgaste se añade una sensación especialmente dolorosa: la de abandono.

Muchos ceutíes sienten que la respuesta del Gobierno central no está a la altura de la dimensión de lo que viven y que una parte excesiva de la carga ha recaído sobre la propia ciudad.

Para quien vive en una frontera, la presencia del Estado forma parte de una promesa elemental de protección. Cuando se percibe un incumplimiento de esa promesa, aparece la sensación de soledad, de olvido.

La fragilidad abate a cualquiera que siente que se le abandona y que no se le quiere. En la naturaleza humana está esa necesidad de apoyo y de empatía de los demás ante el sufrimiento.

Se vive de manera individual pero también en las catástrofes colectivas y en las situaciones de crisis graves.

Conozco Ceuta y me gusta profundamente. Me gusta caminar por sus calles, mirar el Estrecho desde sus miradores y reconocer en muy poco espacio una riqueza humana que forma parte de su carácter desde hace generaciones.

Cristianos, musulmanes, judíos e hindúes han construido allí una forma de vivir juntos que merece una admiración especial. Está en los barrios, en las relaciones personales, en las celebraciones y en una cultura cívica que ha sabido integrar la diferencia sin convertirla en distancia.

Ese es uno de los grandes patrimonios de Ceuta. Y en estas semanas difíciles sus vecinos lo están protegiendo con una serenidad que merece ser reconocida.

Escuchamos testimonios sobrecogedores en los que se nos pide, se nos suplica que no hablemos de lo que están viviendo como un tema de bandos o de distintos frentes.

Admiro su dignidad cuando piden que no distorsionen su realidad, que allí la integración se vive como algo normal y que no les van a dar lecciones de convivencia cuando esa es su forma de vida.

Juan Jesús Vivas y su equipo están asumiendo una responsabilidad enorme. Gobernar ahora exige cercanía, prudencia y conocimiento de una sociedad sometida a una prueba que desborda cualquier gestión ordinaria. Sobre todo gobernar frente al desgobierno y al caos.

El aplauso de EL ESPAÑOL hoy es para los ceutíes. En la pandemia salíamos a los balcones para aplaudir a los sanitarios que se estaban dejando la piel trabajando, ayudando e inventando formas de afrontar la catástrofe.

Es un aplauso y un mensaje de ánimo como el que se da a los ciclistas para que sigan pedaleando en el puerto de montaña. Para quienes siguen defendiendo su ciudad, su forma de vivir y rogando que les devuelvan su ansiada normalidad.

El otro día, una mujer le decía a las cámaras: "Aquí no queremos que manden dinero, queremos que nos devuelvan nuestra vida, la que teníamos".

Ojalá todos hubiéramos paseado más por Ceuta y la conociéramos mejor para que oyeran nuestros aplausos con la fuerza con la que se los enviamos. Ojalá nos escuchen.

Aplauso para Ceuta, aplauso para cada ceutí. Empezamos a aplaudir ya esperando que las palmas no paren. No estáis solos. España entera está con vosotros.

La mayoría de los españoles comprende la gravedad de lo que sucede y siente con ellos ese miedo, esa preocupación y ese deseo de recuperar cuanto antes su vida. Un aplauso libre, limpio y constante para Ceuta.

Y toda mi admiración para los ceutíes.