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El refugio donde Paz Vega pasa el verano: playas idílicas y un recinto amurallado Patrimonio de la Humanidad

La sevillana encuentra en este rincón el escenario perfecto para desconectar de los rodajes y disfrutar de la esencia más auténtica del Mediterráneo.

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Pocas intérpretes españolas han logrado construir una carrera tan sólida y reconocible como la de Paz Vega. Actriz, modelo y, desde hace unos años, también directora de cine, la sevillana lleva décadas compaginando proyectos nacionales e internacionales, lo que la obliga a mantener un ritmo de viajes constante.

Nacida en Sevilla, la artista ha desarrollado una trayectoria marcada por la proyección internacional. Festivales de cine, semanas de la moda y grandes eventos forman parte habitual de su agenda. Sin ir más lejos, uno de sus últimos desplazamientos la llevó hasta Venecia, donde asistió al 30 aniversario de la firma de joyería Roberto Coin.

Sin embargo, entre tantos destinos repartidos por el mundo existe un lugar que ocupa una posición privilegiada en su corazón. Cuando llega el verano y las obligaciones profesionales dan una tregua, Vega suele poner rumbo a Ibiza, la isla mediterránea que define como su particular paraíso y donde encuentra el equilibrio perfecto entre descanso, naturaleza y desconexión.

Ibiza, el paraíso mediterráneo

Para Paz Vega, Ibiza es mucho más que un destino vacacional. La actriz ha compartido en numerosas ocasiones imágenes de sus estancias en la isla a través de sus redes sociales, donde incluso se ha referido a ella como "mi paraíso".

Ya sea disfrutando de unos días en familia, relajándose frente al mar o aprovechando escapadas de descanso entre rodajes, la sevillana ha encontrado en las Pitiusas el refugio ideal para alejarse del foco mediático.

La intérprete suele disfrutar de la cara más sosegada de la isla, alojándose en villas privadas con vistas al Mediterráneo y recorriendo algunas de sus calas más espectaculares, todo, sin renunciar al ambiente social y cultural que caracteriza a Ibiza.

Sin embargo, aunque la fama de la isla está inevitablemente ligada a la fiesta y a su intensa vida nocturna, la realidad es que ofrece mucho más. Su historia se remonta al año 654 antes de Cristo, cuando fue fundada por los fenicios, que la convirtieron en un enclave estratégico gracias a la explotación de la sal, el conocido como "oro blanco" del Mediterráneo.

Durante siglos, la producción salinera marcó el desarrollo económico de la isla y dejó una huella que todavía hoy puede apreciarse en sus paisajes.

Más tarde, los continuos ataques de piratas berberiscos obligaron a reforzar las defensas de la capital y así nacieron las imponentes murallas renacentistas que rodean el casco histórico de Dalt Vila, uno de los conjuntos fortificados mejor conservados del Mediterráneo y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999.

Pasear por sus calles empedradas, atravesar sus antiguos portales y ascender hasta la catedral permite comprender la enorme importancia estratégica que tuvo Ibiza durante siglos.

El encanto de Dalt Vila reside precisamente en esa capacidad para trasladar al visitante a otra época. Las fachadas encaladas, las plazas escondidas y las panorámicas sobre el puerto convierten cada rincón en una postal.

La isla experimentó una nueva transformación durante las décadas de 1960 y 1970, cuando se convirtió en uno de los grandes símbolos del movimiento hippie internacional.

Artistas, músicos e intelectuales llegaron atraídos por la libertad, el clima y la atmósfera bohemia. Ese espíritu sigue vivo en mercadillos emblemáticos como Las Dalias o Punta Arabí, donde todavía se mezclan artesanía, moda Adlib, música en directo y gastronomía multicultural.

Playas idílicas

Más allá de su legado histórico, el gran tesoro de Ibiza continúa siendo su litoral. La isla alberga algunas de las playas más espectaculares del Mediterráneo, muchas de ellas alejadas de los circuitos más concurridos.

Cala Salada y Cala Saladeta destacan por sus aguas cristalinas y su entorno de pinares, mientras que Cala Benirrás mantiene intacto ese carácter alternativo que la hizo famosa gracias a sus atardeceres acompañados por tambores.

También existen enclaves más exclusivos, como Cala Jondal o Playa d'en Bossa, donde beach clubs de prestigio internacional conviven con un ambiente sofisticado frecuentado por rostros conocidos.

Son escenarios que reflejan a la perfección esa dualidad que tanto seduce a Paz Vega: la posibilidad de disfrutar de una naturaleza casi salvaje y, al mismo tiempo, acceder a una oferta social y cultural de primer nivel.

Otro de los grandes iconos de la isla es Es Vedrà, el imponente islote rocoso situado frente a la costa suroeste. Rodeado de leyendas y relatos sobre su supuesto magnetismo, se ha convertido en uno de los lugares más fotografiados de Ibiza.

Contemplar el atardecer con la silueta de Es Vedrà recortándose sobre el horizonte es, para muchos visitantes, una experiencia imprescindible.

A ello se suma el Parque Natural de Ses Salines, un espacio protegido de enorme valor ecológico que comparte protagonismo con la vecina Formentera.

Desde el puerto de Ibiza, numerosos viajeros aprovechan para cruzar hasta la pequeña isla y descubrir algunas de las aguas más transparentes de Europa, protegidas gracias a las extensas praderas de posidonia oceánica.