Olvera
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María Isabel tenía solo 58 años. Era madre, hermana, abuela y bisabuela. Una "persona maravillosa" a la que el pasado 11 de enero le arrebataron la vida. Supuestamente, su marido Miguel la asfixió en su casa, el número 1 de la calle Alemania, hasta matarla.

Esta vecina del municipio de Olvera se convirtió así en la tercera víctima mortal de violencia de género en España y la primera en Cádiz de este 2026.

Ahora, Magas cuenta su historia. Lo que le gustaba hacer y por quién daba "todo lo que tenía".

Por desgracia, María Isabel ha pasado a formar parte de la serie La vida de las víctimas, una iniciativa de Magas con la que homenajea a todas las mujeres que han perdido la vida a manos de sus parejas o exparejas.

Olvera, un pequeño pueblo de la sierra de Cádiz de 8.000 habitantes, casas blancas y escalonadas bien podría ser un escenario de cuento de hadas. Pero el 11 de enero se convirtió en el marco de un nuevo crimen machista en España.

Es Laura nombre ficticio porque prefiere guardar su identidad quien relata cómo era su amiga.

Esta olvereña conocía a la fallecida "desde hace tan sólo cuatro años". Pero ha sido tiempo más que suficiente para defender a capa y espada que "era la mejor persona que alguien se podía echar a la cara".

"Una mujer buena, trabajadora, prudente, humilde y que se desvivía por los suyos". Y a los hechos se remite.

Una casa para su hijo

María Isabel era madre de tres hijos: dos mujeres y un varón. Además, era abuela de ocho nietos y bisabuela de otros dos.

Por ellos daba todo lo que tenía y más. A su único hijo, la gaditana "le compró una casa en el centro del pueblo" y a sus dos hijas "las ayudaba en todo lo que podía", demostrando así el amor que sentía por sus, aunque ya mayores, retoños.

Nacida y criada en un pequeño rincón de la provincia de Cádiz, las tradiciones de su tierra habían forjado su personalidad.

Pocos lujos le bastaban para ser feliz. Un día soleado y buena compañía. Aun así, Laura cuenta a este medio que la víctima era una persona de salir poco. Prácticamente nada. "A veces iba al parque con alguna amiga, pero no más".

Con su marido, su verdugo, se le había visto por la calle paseando como "una pareja completamente normal". Nadie se esperaba el trágico desenlace.

La noche del domingo 11 de enero, la Guardia Civil y los servicios de emergencias sanitarias se personaron en la que había sido su casa. Una casa que la vio formar una familia pero también morir.

Los vecinos cuentan poco sobre la personalidad de él. De 60 años y natural de Pruna un municipio cercano a Olverahabía construido su vida en el pueblo en el que, presuntamente, asesinó a la madre de sus hijos. La mujer que "había movido cielo y tierra por su bienestar".

Según informó la agencia EFE, Miguel había contado que dio un puñetazo a la fallecida accidentalmente a causa de un brote de epilepsia que sufrió, una historia que la autopsia descartó. Sobre él no constaban denuncias previas, ni María Isabel figuraba en el sistema VioGén.

Limpiadora y costurera

María Isabel pasaba la mayor parte de sus días trabajando en una óptica de la localidad. Era la encargada de la limpieza del establecimiento.

Ahora, con un nudo en la garganta, los vecinos relatan que cuando pasan por la puerta de la tienda, parece que la van a ver esperando a que comience su jornada.

La fallecida era también costurera. "Le hacía los trajes de flamenca a sus hijas y a sus nietas". Además, era la confidente de sus amigas. Uno de los grandes apoyos. Laura lamenta con todo su corazón lo que le pasó. "No se merecía esto".

María Isabel "siempre tenía una sonrisa para alegrarte el día y un buen consejo para dar en aquellos momentos de bajón. Estaba para un roto y un descosido".

Aunque han pasado ya más de dos meses del triste suceso, Laura no supera la muerte de su amiga del alma.

Cuando va de compras y ve algo que le gustaría, cuando va a pasear o cuando está en su casa. En cualquier momento, asegura, no puede evitar las lágrimas. "Era una gran mujer y la echo mucho de menos". Así concluye nuestra conversación.