Un hombre, en situación de sinhogarismo, abrazando a una perra.

Un hombre, en situación de sinhogarismo, abrazando a una perra. istock

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Sota, la perra asesinada por un policía: "El sistema sigue permitiendo que la muerte de un animal quede sin condena"

El tutor de Sota y el agente de la Guardia Urbana que la mató de un disparo han llegado a un acuerdo privado, impidiendo que la acusación siguiera adelante.

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El controvertido caso de Sota, la perra abatida de un disparo por un agente de la Guardia Urbana de Barcelona en diciembre de 2018, ha llegado a su punto final por la vía penal.

Tras un largo y complejo proceso judicial, el procedimiento ha quedado archivado definitivamente sin que se celebren vistas ni se depuren responsabilidades penales.

El desenlace ha provocado una profunda indignación en el tejido social y político del bienestar animal, abriendo un intenso debate sobre los límites de la protección jurídica de los animales en España.

El Partido Animalista PACMA, que junto a la asociación ¡Libera! ha sostenido la acusación popular durante todo el recorrido legal, ha lamentado profundamente un carpetazo que califican como un "duro golpe para la protección jurídica de los animales".

A ojos de la formación política, la resolución evidencia las "graves carencias de un sistema que sigue permitiendo que la muerte injusta y violenta de un animal quede sin juicio y sin condena".

Un disparo, dos versiones y una fractura social

Los hechos se remontan a finales de 2018 en las inmediaciones de la plaza de España de Barcelona. Una patrulla de la policía local acudió a identificar a Tauri Ruusalu, un joven en situación de sinhogarismo que residía en la calle junto a su perra Sota.

Lo que comenzó como una inspección rutinaria porque el animal se encontraba suelto terminó en tragedia cuando uno de los agentes abrió fuego contra la perra, causándole la muerte inmediata.

La versión policial siempre defendió que el agente actuó en legítima defensa tras sufrir una agresión y un mordisco en el brazo por parte del can.

Por el contrario, colectivos en defensa de los animales y diversos testigos civiles sostuvieron que la respuesta armada fue desproporcionada y que el animal no presentaba una amenaza real.

El suceso conmovió por completo a la sociedad barcelonesa, desencadenando manifestaciones multitudinarias bajo el lema "Justicia para Sota" y convirtiéndose en uno de los casos de maltrato animal con mayor repercusión de la última década.

El pacto privado que bloqueó la vía pública

A pesar de que existían elementos que la acusación consideraba suficientes para que un tribunal valorara las circunstancias del disparo —incluyendo material videográfico de los momentos posteriores—, la posibilidad de ver al agente en el banquillo nunca llegará a producirse.

El motivo del archivo radica en un acuerdo bilateral alcanzado entre el agente implicado y el tutor de Sota en el marco de un procedimiento de justicia restaurativa (mediación penal).

Mediante este mecanismo, el policía y el propietario del animal pactaron retirar sus respectivas acusaciones. El agente renunció a la denuncia contra el joven por un presunto delito de atentado a la autoridad tras los incidentes posteriores al disparo, y el tutor retiró los cargos por maltrato animal.

Esta circunstancia, sumada a la posición de la Fiscalía, que respaldó el sobreseimiento de la causa al considerar satisfechas las partes, dejó a la acusación popular penalmente atada de pies y manos.

Desde PACMA denuncian con firmeza este marco procesal, argumentando que la vida de un ser sintiente no puede equipararse al robo o daño de un objeto material que pueda ser restituido de forma privada.

"Esto no va de un simple conflicto privado, va de justicia", sentencian desde el partido, añadiendo que la protección de los animales trasciende a su responsable legal y afecta al conjunto de la sociedad.

"Es necesario, por tanto, que los hechos sean enjuiciados, especialmente teniendo en cuenta que se trató de una actuación policial. Este caso no debía terminar con un acuerdo privado, sino con un juicio que determinara si existía responsabilidad penal".

Un vacío legal y un precedente desolador

Para los movimientos animalistas, resulta especialmente "grave" que el ordenamiento jurídico de nuestro país contemple escenarios en los que una persona que ha acabado con la vida de un animal de forma violenta pueda evitar el juicio oral mediante un pacto de conciliación exclusivo entre las partes afectadas.

El caso Sota deja al descubierto que, a efectos prácticos del Código Penal, la consideración de los animales sigue estrechamente vinculada a la de una propiedad privada: si el dueño decide perdonar o pactar, la ofensa penal se diluye.

El Partido Animalista insiste en que este desenlace pone de manifiesto la necesidad urgente de reformar y blindar la legislación penal.

El objetivo de las organizaciones es que los delitos de maltrato animal con resultado de muerte no dependan exclusivamente de la voluntad de particulares cuando existe un evidente interés social en su persecución.

La formación concluye con una severa advertencia sobre la desprotección institucional que sufren los animales: "Si el sistema permite que la muerte de un animal quede sin respuesta penal, es el propio sistema el que está fallando".