Un gato atigrado gris, tomando el sol y descansando en su casa.

Un gato atigrado gris, tomando el sol y descansando en su casa. Archivo redacción

Mascotario

Ya es oficial: los propietarios de gatos están obligados a vacunar a su mascota según el código postal en el que vivan

El lío de las vacunas felinas en España crea mucha confusión sobre qué exige realmente la ley y qué necesita de verdad tu gato.

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Cuando la Ley de Bienestar Animal irrumpió en nuestro país, muchos tutores de gatos asumieron que el marco normativo vendría acompañado de una guía unificada para la salud de sus mascotas.

Sin embargo, en el ámbito de la medicina preventiva, la legislación ha dejado un escenario que genera con frecuencia confusión entre los dueños de felinos.

Mientras la norma estatal exige proteger la salud del animal mediante los tratamientos exigidos por la regulación, la obligatoriedad concreta de cada vacuna sigue dependiendo del código postal en el que resida el gato.

Cruzar las fronteras

El caso más paradigmático es el de la rabia. Aunque históricamente se ha asociado a los perros, este virus también puede afectar a los felinos. No obstante, la exigencia legal de inmunizarlos contra ella no es homogénea en la geografía española.

Regiones como Andalucía, la Comunidad Valenciana o Castilla-La Mancha obligan por ley a mantener esta vacuna al día, mientras que en comunidades como Madrid o Cataluña no es un requisito legal para los gatos que permanecen de forma habitual dentro del hogar.

Eso sí, la exención se evapora de inmediato en el momento en que se pretende cruzar una frontera o viajar entre determinadas autonomías, un supuesto en el que el pasaporte veterinario y la dosis antirrábica resultan innegociables.

Las 3 vacunas esenciales

Más allá del corsé normativo, la comunidad veterinaria coincide en que la verdadera barrera de protección de un felino radica en las denominadas vacunas esenciales o core.

Se trata de la célebre trivalente felina, una fórmula diseñada para combatir tres de los patógenos más agresivos de la especie: la panleucopenia, el calicivirus y el herpesvirus.

Pese a que un inspector no sancionará de forma directa a un tutor por omitir la trivalente en la mayoría de las autonomías, la comunidad clínica la considera el pilar indispensable sobre el que debe erigirse la salud de cualquier gato, incluso de aquellos que jamás asoman la nariz fuera del salón.

El calendario preventivo suele dar sus primeros pasos en torno a las ocho semanas de vida del cachorro.

A esta primera toma de contacto con la trivalente le siguen dosis de refuerzo a las doce y a las dieciséis semanas, un momento en el que también suele evaluarse la conveniencia de incluir la vacuna contra la leucemia felina en función del estilo de vida de la mascota.

El esquema inicial concluye con las vacunas exigidas por la región correspondiente —como la citada rabia— y da paso a un régimen de revacunación periódica que se adapta al perfil biológico y al entorno de cada animal.

El cumplimiento de estas pautas médicas no se limita a un estricto deber ético o sanitario, sino que se entrelaza de forma directa con el conjunto de obligaciones legales vigentes en España.

Cabe recordar que la normativa exige la identificación obligatoria mediante microchip y la esterilización de los felinos domésticos antes de los seis meses.

Al margen de los posibles apercibimientos administrativos o sanciones económicas por negligencia en el cuidado, coordinar la pauta preventiva con el centro veterinario habitual sigue siendo la vía más certera para garantizar el bienestar integral de la mascota y navegar la legislación autonómica sin sobresaltos.