Un roedor silvestre.

Un roedor silvestre. Istock

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Los veterinarios coinciden: el hantavirus es una enfermedad procedente de los animales como el 80% de las patologías

Los animales juegan un rol muy importante en la salud pública, aunque el riesgo de contaminación de virus es extremadamente bajo.

Más información: España y la OMS acuerdan que epidemiólogos revisen el barco con hantavirus: desinfección total y evaluación del riesgo

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"El hantavirus es una zoonosis, una enfermedad que se origina a partir de animales y que estos vehiculan la transmisión al ser humano", afirma Alfredo Férnandez Álvarez, veterinario de IVC Evidensia.

El hantavirus es un claro ejemplo de la estrecha relación entre la salud animal y la humana. "Esto es muy importante porque indica la importancia que juega el rol de los animales en la salud pública".

Esta dinámica no es un hecho aislado. De hecho, "muchas veces no somos conscientes de que el 80% de las patologías tienen un origen de esta naturaleza".

El reciente brote de hantavirus detectado a bordo de un crucero ha puesto el foco mediático sobre este patógeno, generando dudas y cierta preocupación en la sociedad. Sin embargo, los expertos en sanidad ambiental envían un mensaje claro y tranquilizador: el riesgo para la población local es extremadamente bajo.

Rubén Bueno, Doctor en Biología y Director Técnico en Rentokil, explica que los hantavirus conforman un complejo de diferentes tipos de virus cuyo reservorio natural son, fundamentalmente, los roedores silvestres.

Los animales se contagian entre sí a través del contacto directo con excrementos, orina o saliva que contienen una alta carga vírica. Curiosamente, el virus cohabita en perfecta armonía con los roedores y no los enferma. "Al virus no le interesa generar ningún problema de salud a su principal hospedador porque gracias a vivir en él puede él también vivir", ilustra el experto.

Cuando el virus se convierte en polvo

El verdadero problema de salud pública ocurre únicamente cuando el virus da el salto a un hospedador para el que no está adaptado, como es el caso del ser humano. Cuando estos animales defecan u orinan en un entorno, el virus queda en el ambiente, se seca y se convierte en polvo. "Ese es inhalado vía respiratoria y contamina al ser humano", detalla Álvarez.

No todos los brotes de hantavirus se comportan de la misma manera. Alfredo destaca la existencia de dos variantes principales. La asiática o europea es la menos letal y es transmitida de forma exclusiva por diversas especies de ratones. Mientras que la variante andina presente en el cono sur de América, es mucho más peligrosa.

Su reservorio principal es un tipo de roedor conocido como "ratón colilargo". A diferencia de la variante europea, la cepa andina "tiene la capacidad de transmitirse a otros seres humanos y por eso esa segunda variante es más patógena y es más peligrosa".

Esta transmisión entre humanos se produce principalmente a través de las llamadas gotitas de Flügge, que son microgotas invisibles que expulsamos al hablar y que transportan el virus por el aire hasta ser inhaladas por otra persona.

La situación vivida recientemente responde a lo que Rubén describe como un "laboratorio flotante" en el que se han dado unos condicionantes muy singulares. Perteneciendo a esa segunda variante, la transmisión es más eficiente entre humanos y conlleva una sintomatología más grave.

A pesar de la gravedad de esta variante en particular, el experto insiste en la calma. Los protocolos de aislamiento se aplican de forma muy estricta y, basándose en la experiencia histórica, los brotes de hantavirus nunca han excedido los 30 casos, incluso cuando no se han podido aislar de forma tan controlada como en medio del océano.

Una segunda pandemia

Ante la aparición de brotes infecciosos, es inevitable hacer comparaciones con la reciente pandemia de COVID-19. Sin embargo, Alfredo es categórico al descartar este escenario para el hantavirus.

Mientras que el coronavirus saltó de los animales (posiblemente murciélagos o pangolines) a los humanos como un virus completamente nuevo y altamente contagioso, el hantavirus ya es un patógeno conocido.

"La capacidad de transmisibilidad del coronavirus era muy alta, mientras que la capacidad de transmisibilidad del hantavirus es muy baja", asegura Alfredo, añadiendo que "el riesgo de pandemia aquí prácticamente no existe".

El suceso reciente en el barco se clasifica únicamente como un brote limitado, propiciado por un entorno cerrado, pero que no ha afectado a un número masivo de personas debido precisamente a esta baja capacidad de transmisión del virus.

Además, la gravedad de la infección siempre depende tanto de la carga viral como del estado inmunológico del paciente, siendo las personas mayores las más vulnerables al tener un sistema inmune menos eficiente.

La prevención como única defensa

Ante la ausencia actual de una vacuna para el hantavirus, la profilaxis y el control ambiental son las únicas herramientas efectivas. En este aspecto, la labor de los veterinarios es esencial por su enfoque preventivo.

Alfredo señala que las medidas fundamentales de prevención deben centrarse en dos pilares. El control de las poblaciones de roedores para evitar que se conviertan en una plaga y, sobre todo, las medidas rigurosas de limpieza y desinfección.

"Es especialmente fundamental en lugares cerrados o limitados, como una embarcación, donde el polvo con el virus puede concentrarse de manera más peligrosa". Sin embargo, es importante aclarar que, hasta el momento, "en principio no hay casos descritos" de transmisión del hantavirus a nuestros animales de compañía.

En conclusión, aunque el hantavirus requiere vigilancia y medidas de higiene estrictas, su comportamiento epidemiológico y su baja tasa de contagio lo alejan del potencial pandémico, destacando una vez más la importancia de la medicina preventiva veterinaria en la protección de la salud pública.