Dale Pearce con su perra Nigella.

Dale Pearce con su perra Nigella.

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Mascotario

Dale Pearce, el programador que pagó más de 24.000 euros para vitrificar a su perra y volver a verla en 200 años

Un desarrollador de videojuegos australiano, ha llevado el "hasta que la muerte nos separe" a un nivel tecnológico sin precedentes.

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Cuando Dale Pearce descubrió que su perra Nigella tenía una enfermedad cardíaca, el mundo se le echó encima. Ella no era solo su mascota; fue su apoyo emocional constante durante años y por esto, tomó una decisión radical.

Como desarrollador de videojuegos, su mentalidad está muy ligada a la resolución de problemas y al pensamiento lógico-futurista. Empezó a investigar alternativas que fueran más allá de la eutanasia tradicional y no tomó esta decisión de forma impulsiva.

Tras el diagnóstico de la enfermedad de Nigella, Pearce contactó con Southern Cryonics, la primera y única instalación de criogenia en Australia. El cuerpo de Nigella no fue simplemente "congelado", porque destruiría las células por los cristales de hielo, sino vitrificado.

Esto implica sustituir la sangre por agentes crioprotectores y enfriar el cuerpo gradualmente hasta los -196°C usando nitrógeno líquido. Para él, la muerte no es necesariamente un final místico o natural inevitable, sino un fallo técnico del cuerpo biológico, un "problema de ingeniería" que aún no hemos resuelto.

Una inversión en la esperanza

Su razonamiento es: si un programa tiene un bug (el fallo cardíaco de Nigella), no borras el programa para siempre; lo pones en pausa hasta que tengas el parche o la actualización necesaria para arreglarlo.

Por esto, en cuanto Nigella murió, los fluidos líquidos de su cuerpo se convirtieron en un estado similar al vidrio, sin formar hielo. Se sustituyó su sangre por una solución química crioprotectora y se colocó el cuerpo en un contenedor llamado Dewar.

Gastar cerca de 24.120 euros no fue visto por él como un gasto, sino como una inversión en la esperanza. Sin embargo, aunque el proceso técnico de conservación es real y verificable, la parte de reanimación sigue siendo puramente teórica.

La ciencia de 2026 puede congelar células o embriones, pero el daño en órganos complejos y en el cerebro sigue siendo irreversible. Además, los químicos usados en la vitrificación son tóxicos, y el futuro tendría que inventar una forma de extraerlos sin dañar los tejidos.

El escepticismo

Pearce es consciente del escepticismo. Para él, enterrar o incinerar a su mascota es aceptar un 0% de probabilidades de retorno, mientras que la criogenia ofrece una probabilidad mayor que cero, aunque sea del 0.0001%. "Cualquier número por encima de cero es mejor que cero", es su mantra.

Dale se alinea con el pensamiento transhumanista, que confía en que la medicina del futuro (especialmente la nanotecnología) será capaz de reparar las células a nivel molecular. Él cree que, en 100 o 200 años, reconstruir un corazón dañado o revertir el daño de la congelación será algo trivial para la ciencia, de la misma forma que hoy operamos cataratas que antes causaban ceguera total.

La prioridad de Dale es la vida de Nigella, independientemente de si él está allí para presenciar su regreso. Si en 200 años la ciencia puede devolverle la salud y la alegría a su perra, él siente que ha cumplido con su deber como "padre" de la mascota dándole esa oportunidad, aunque él ya no exista.

Sin embargo, su plan es unirse a ella: él también será vitrificado en Southern Cryonics cuando llegue su hora, soñando con un reencuentro en un siglo donde las enfermedades cardíacas sean historia. En su visión del futuro, ambos "despertarían" en una era donde la vejez y las enfermedades cardíacas sean curables, permitiéndoles reencontrarse.

Un cuerpo esperando

Esta decisión le permite vivir hoy sin el peso de una pérdida absoluta. En su mente, Nigella no ha desaparecido; está en biostasis, esperando. Dale admitió que la idea de que ella simplemente "dejara de existir" le resultaba insoportable. La criogenia le permite mantener una conexión psicológica activa.

No obstante, expertos en ética y veterinarios advierten sobre la crueldad potencial de despertar a un animal social en un mundo desconocido, sin su hogar ni su dueño. La pregunta de si esto es simplemente una "negación de duelo" financiado a alto precio sigue en pie, aunque nadie tiene la respuesta.