Dos gatos.

Dos gatos.

Con la colaboración de:

Mascotario

Los veterinarios coinciden: esta enfermedad suele aparecer en gatos de 7 años y se desarrolla de manera silenciosa

La diabetes felina es una enfermedad frecuente en gatos mayores que se manifiesta a través del aumento de sed, apetito y una pérdida de peso.

Más información: Carlos Gutiérrez, veterinario, sobre el coronavirus felino: "El 60% de los gatos que tienen diarreas están infectados"

Angelica Rimini
Publicada

La diabetes felina es una enfermedad relativamente frecuente que, en muchas ocasiones, se desarrolla de manera muy silenciosa. Suele aparecer en gatos a partir de los 7 a 9 años de edad, y muchas familias confunden sus primeros síntomas con simples "cosas de la edad".

En un reciente vídeo divulgativo, el veterinario Carlos Gutiérrez aborda este problema con el objetivo de informar a los cuidadores para lograr unadetección temprana y mejorar la calidad de vida de nuestros compañeros felinos.

Una hormona que abre puertas

La diabetes en los gatos es muy similar a la diabetes tipo 2 de las personas, conocida como insulinorresistente. La insulina es la hormona encargada de "abrir las puertas" de las células para que entre la glucosa y se convierta en energía.

Cuando las células se vuelven resistentes a la insulina, no pueden absorber esa energía, lo que obliga al cuerpo a consumir sus reservas. Esto explica los síntomas clásicos que describe el veterinario: los gatos comen con mucho apetito y en gran cantidad, pero adelgazan irremediablemente.

Además, el exceso de azúcar en la sangre provoca que beban mucha más agua de lo normal, orinen en gran cantidad, tengan el pelo mate o "despeluchado", se muestren apagados y, en casos avanzados, presenten dificultad para moverse.

La principal pandemia felina

Existen factores genéticos que predisponen a la enfermedad, siendo razas como el Burmilla, el Burmés, el Maine Coon y el Siamés las más vulnerables.

Sin embargo, Carlos Gutiérrez es contundente al señalar al gran culpable modificable: la obesidad es la principal pandemia que sufren nuestros gatos y el mayor factor de riesgo.

La grasa corporal hace que el cuerpo se vuelva resistente a la insulina, por lo que los gatos con sobrepeso y un estilo de vida sedentario tienen muchas más probabilidades de enfermar. Los machos castrados también son especialmente propensos debido a su tendencia a moverse menos y ganar peso.

Para prevenirla, el veterinario recomienda dos acciones fundamentales que están en nuestra mano. "Si nosotros dedicamos al menos media horita al día a jugar con nuestro compañero felino le estaremos dando movimiento y por ello estaremos alejando la posibilidad de que sufra sobrepeso", aconseja Gutiérrez.

Otro factor para controlar es la alimentación. Según el veterinario, es un error dejar el bol lleno de comida todo el día. Se debe pesar el alimento y ajustarlo a las recomendaciones diarias.

El manejo en casa

Si se sospecha de diabetes, el veterinario realizará análisis de sangre y orina para medir la glucosa, además de pruebas específicas como la fructosamina para descartar que la subida de azúcar sea solo por el estrés de la consulta.

Una vez confirmada, se realiza una "curva de glucosa" hospitalizando al gato unas 12 horas para determinar la cura. El tratamiento suele consistir en la administración de insulina dos veces al día y un cambio hacia una dieta alta en proteínas y baja en hidratos de carbono.

Aunque la idea de pinchar al gato asusta al 100% de las familias al principio, Gutiérrez tranquiliza a su audiencia asegurando que los gatos se adaptan muy bien, apenas sienten los pinchazos y los dueños dominan la técnica rápidamente.

Para el éxito del tratamiento en casa, Gutiérrez aconseja esperar una media hora, tras las comidas, para administrar la insulina. Si el gato vomita la comida y ya se le ha inyectado la insulina, podría sufrir una hipoglucemia muy peligrosa por falta de energía.

Además, tras inyectar la insulina, nunca se debe masajear la piel, ya que esto "rompe" el medicamento y anula su efectividad. La insulina no debe guardarse en la puerta de la nevera, ya que el vaivén al abrir y cerrar la desnaturaliza. Debe ir en una balda interior.

A pesar de ser una enfermedad crónica, la calidad de vida de un gato diabético bien controlado es excelente, permitiéndole tener una actividad normal y corriente.

Incluso existe una gran noticia: algunos gatos, tras recibir el tratamiento adecuado, logran salir de la enfermedad. Su cuerpo deja de ser resistente, vuelve a producir insulina y el tratamiento deja de ser necesario.