Una niña con un cachorro.

Una niña con un cachorro. Istock

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Un experto en animales lo aclara: la mejor edad para adoptar a un perro es cuando tiene entre 8 y 9 semanas

El experto ofrece una guía detallada para gestionar de manera óptima la llegada de un cachorro al hogar.

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Angelica Rimini
Publicada
Actualizada

La llegada de un cachorro al hogar es un momento de gran ilusión, pero también de mucha responsabilidad. Para asegurar que el nuevo integrante de la familia crezca sano, equilibrado y feliz, José María Rueda, educador de animales, ha compartido una serie de pautas fundamentales que todo propietario debería conocer, en un vídeo de YouTube.

Siendo una etapa delicada y fundamental de la vida del animal, el experto ha decidido ofrecer sus principales recomendaciones para los primeros meses. "Lo esencial es que llegue justo con dos meses", afirma.

El primer paso para el éxito comienza incluso antes de que el perro cruce la puerta. Según el experto, lo ideal es que el cachorro llegue a casa entre "la octava semana, la novena semana", habiendo pasado ese tiempo crucial de los primeros dos meses junto a su madre y hermanos. Además, la preparación del entorno es vital.

El adiestrador hace hincapié en una regla de oro: "La jaula tiene que llegar a casa antes que el cachorro". Aunque no se utilice el primer día, el perro debe tener un lugar de descanso clarísimo desde el principio, como una camita en una esquina que posteriormente se introducirá en la jaula o transportín. En hogares con niños, la advertencia es clara: "tenéis que intentar que respeten al perro en su descanso".

La regla de oro

Uno de los errores más comunes es sobreestimular al cachorro en el interior del hogar. Para fomentar la calma y evitar futuras molestias, el experto es tajante: "dentro de casa el cachorrito no juega... en casa es calma, relax, descanso". Todo el juego y la actividad física deben reservarse para la calle, el parque o la terraza.

Es completamente normal que el cachorro llore los primeros días, ya que "sale de estar con su madre y hermanos y de repente llega a otra casa". El adiestrador recomienda el uso de un parque para cachorros o la jaula para enseñarle a estar solo de forma progresiva.

Darle atención constante es un error que puede derivar en problemas de conducta. "No le estéis todo el día dando la atención al cachorro porque lo único que haréis es animales dependientes de vosotros con hiperapego", advierte el experto.

El afecto debe tratarse como un recurso, igual que la comida o el juego, y debe ofrecerse cuando el perro se lo gane. La socialización temprana es fundamental, incluso antes de que el perro tenga todas las vacunas. El experto aconseja que el cachorro salga y tenga experiencias, aunque sea llevándolo en brazos los primeros días.

Sin embargo, lanza una advertencia crucial sobre los "pipican" (parques para perros): "Sobre todo no metáis a un cachorro en el pipican... como le muerda un perro, como lo acose un perro o algo, vais a tener problemas siempre".

Las experiencias deben ser controladas, exponiendo al perro progresivamente a ruidos, coches y escaleras, y utilizando raciones de su comida diaria para premiarlo y que asocie el entorno de forma positiva.

Prevención del miedo

Para evitar el tan temido pánico a los petardos y tormentas, el experto propone un ejercicio de desensibilización durante las comidas: ponerle su cuenco de comida y reproducir en un altavoz ruidos de pirotecnia o tormentas.

Se debe empezar con un volumen muy bajo e ir aumentándolo progresivamente con los días. Eventualmente, se pueden usar pequeñas bombetas de petardos a lo lejos. Si se hace de forma muy gradual, el adiestrador asegura que "llegará un momento que no tendrá miedo a los petardos".

Al principio, los cachorros no tienen control de esfínteres. Para enseñarles a hacer sus necesidades fuera, la jaula vuelve a ser la mejor aliada, ya que los perros evitan ensuciar su lugar de descanso.

La pauta recomendada es: darle de comer, meterlo un momento en la jaula mientras te preparas, cogerlo en brazos y soltarlo directamente en el lugar adecuado para que evacúe, premiándolo efusivamente cuando lo haga. El experto descarta por completo los castigos anticuados: "olvidaros de los trucos estos que decían antes de restregar".

Una vez alcanzado el tercer mes, cuando el perro ya está habituado a su entorno y a los ruidos, es el "momento clave" para comenzar con el adiestramiento básico. Es la etapa ideal para enseñarle su nombre asociándolo positivamente con comida, y para introducir comandos como "sienta, tumba, junto" y, muy especialmente, la llamada.