Carlos Herrera, en El Cateto.

Carlos Herrera, en El Cateto.

Gastronomía

El barrio de Málaga donde Carlos Herrera disfrutó de 'pescaíto' frito en un restaurante con más de 40 años de historia

Aunque hoy es conocido por su marisco, El Cateto comenzó con un concepto totalmente diferente, dando desayunos y menús "para currantes".

Más información: Carlos Herrera da su veredicto: el restaurante "con los mejores boquerones fritos de España" está en Málaga

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Las claves

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Carlos Herrera visitó por sorpresa la marisquería El Cateto, en el barrio malagueño de Ciudad Jardín, famosa por su pescaíto frito y marisco.

El Cateto lleva 43 años abierto, primero como local de desayunos y menús para trabajadores, y desde hace más de 25 años como marisquería de referencia.

El restaurante ha recibido a numerosas personalidades de la música, televisión y deporte, como Pablo Alborán, Alberto Chicote y Sandro Rosell.

La clave del éxito del local es el producto de calidad, el trato cercano y la fidelidad de los clientes del barrio, en tiempos difíciles para la hostelería tradicional.

La visita fue inesperada y por total sorpresa. En plena jornada normal de trabajo, entre albaranes de pescaíto frito y marisco recién llegado de la bahía, el equipo de la marisquería malagueña El Cateto, en el barrio obrero de Ciudad Jardín, se encontró con un comensal esta semana que no pasó desapercibido: el periodista Carlos Herrera.

El comunicador llegó sin aviso previo, como cualquier otro cliente, y se sentó a disfrutar de la cocina del local. “Una persona normal y corriente”, resume José Rojas, propietario del establecimiento, todavía sorprendido por la repercusión que ha tenido la visita.

La historia del restaurante se remonta a más de cuarenta años atrás. Aunque hoy es conocido por su marisco, el negocio comenzó con un concepto totalmente diferente, dando desayunos y menús "para currantes".

“Cuando lleguemos a agosto cumpliremos 43 años abiertos, pero como marisquería llevaremos unos 26 o 27 años”, explica Rojas. El local lo fundaron sus padres y, con el tiempo, él fue tomando las riendas del negocio.

“Cuando yo me hice cargo empezamos a darle un cambio. No ha sido fácil, pero poco a poco se ha conseguido y nos hemos convertido en una marisquería que ofrece buen servicio y producto de calidad”, recuerda.

El salto hacia la marisquería supuso un reto mayor para Rojas y su equipo, sobre todo porque el nivel de exigencia de su perfil de cliente aumentó notoriamente. “Tienes que buscar siempre la máxima calidad”, explica.

A diferencia de muchos locales populares del Centro de Málaga que reciben visitas de famosos y tienen repercusión en los medios, El Cateto no está en una zona de paso. Se encuentra en la zona alta de Ciudad Jardín, un barrio de trabajadores con décadas de historia donde el cliente ‘foráneo’ llega, sobre todo, por recomendación.

“Aquí el que viene sabe por qué viene. No es un sitio que te encuentres paseando”, afirma Rojas. Ese carácter de restaurante de barrio ha hecho que la clientela se construya durante años a base de confianza y por el boca a boca. “Lo importante es hacer las cosas lo mejor que puedas y que la gente lo cuente”.

El día de la visita, Rojas ni siquiera preguntó al periodista qué hacía por allí. Simplemente lo atendió como a cualquier otro cliente. “Cuando terminó de comer se hizo fotos con algunos clientes. Fue todo muy natural. No entiendo los comentarios de algunas personas. Carlos fue muy amable con todos. Creo que en estos casos la postura política o ideológica de una persona es lo de menos”, relata.

Según recuerda el propietario, el periodista optó por un clásico de la cocina malagueña: pescaíto frito, entre ellos boquerones en manojo. No es ningún secreto que Herrera es un apasionado de los boquerones fritos, siempre ha reconocido que los busca en cada restaurante que visita en la Costa del Sol. “Se los pusimos en manojitos. Además de lo frito, también tomaron algo de pescado a la plancha; parece que era alguna comida de trabajo”, cuenta el dueño.

La visita del comunicador no es la primera de una cara conocida en las cuatro décadas de El Cateto. Por el restaurante han pasado en los últimos años nombres del mundo de la música, la televisión y el deporte.

Entre ellos, el cantante malagueño Pablo Alborán o el popular chef televisivo Alberto Chicote o los hermanos Adriá, quienes precisamente recomendaron en antena, junto a Carlos Herrera, el restaurante de José Rojas y su equipo porque salieron “contentos” con su visita. "Herrera estuvo hablando en su día con mi madre, pero el hombre ya no se acordaba", explica el hostelero.

“Y del fútbol también han venido muchos”, señala Rojas, recordando también la visita de directivos y personalidades vinculadas al deporte como Sandro Rosell, el que fuera presidente del Fútbol Club Barcelona entre 2010 y 2014. “Y del Málaga han venido una pila también”, concreta Rojas.

Si hay algo que identifica a la casa, explica el propietario, son algunos productos concretos de su carta.“Lo que más piden es la gamba roja de Almería y los carabineros”, cuenta.

A estos últimos les ha puesto incluso un apodo que ya forma parte de la idiosincrasia del restaurante: “los chorizos de Ríogordo”, una forma divertida de referirse al tamaño espectacular de los carabineros que sirven. "Cada semana pueden caer entre 18 o 20 kilos de estos chorizos", asevera.

“Cuando el cliente que no nos conoce y viene con algún cliente fiel los ve en la mesa, se queda flipando; se esperan chorizos de los de verdad… Esas son nuestras cosas”, dice entre risas.

Más allá de las visitas mediáticas, Rojas aprovecha la conversación para lanzar una reflexión sobre la evolución de la restauración en la ciudad.

A su juicio, la hostelería tradicional de Málaga atraviesa un momento complicado frente a la expansión de franquicias y negocios enfocados al turismo.“Nos estamos olvidando del negocio real de Málaga, de los hosteleros de aquí, creo que se están cargando al pequeño negocio hostelero”, lamenta.

Así, agradece la visibilidad que dan visitas como la de Herrera, que no deja de ser un empujón para locales de toda la vida, que parecen estar ya en extinción. "La gente viene hasta aquí, ve un barrio, pero cuando entran y ven nuestra vitrina alucinan", relata.

En su caso, sin embargo, la fórmula para seguir hacia delante sin que les falte el trabajo sigue siendo la misma desde hace décadas: un producto de calidad, trato cercano y el apoyo de los malagueños que han logrado que cientos de clientes acudan hasta la zona alta de Ciudad Jardín para disfrutar de unos chorizos… que saben a mar.