Ese lugar que hoy llamamos Oriente Medio lleva siendo un polvorín milenios. Tengo por aquí los libros de Mackinder, Kaplan y el de Tim Marshall, Prisoners of Geography, Eliot & Thomson, Londres, 2025.
Esta edición que actualizaba la de 2015 con todos los desafíos de los últimos años, la pillé calentita en una librería de Oxford este verano. Muchos lectores se quejan de que mis columnas, cuando tienen mucha historia, son un tostón. No les quito razón.
La lectura es voluntaria. Para ellos publico cada semana una síntesis en 10 transparencias generadas por una IA que ya está diseñada para el niño de hoy. Yo sin historia ni datos no tengo contexto y sin contexto la cosa es pura opinión y opinadores hay una pléyade ya.
Para colmo, tenemos ahora la IA que puede ser una especie de super cuñado infatigable. Por eso, siempre que puedo, intento ver el contexto geográfico también y lo que supone de condena perpetua.
Se mira uno el mapa de Oriente Medio en el libro y ve Irán, hoy con nuevos ojos. Lo grande que es y lo estratégico de su posición, acceso al Golfo, acceso al Cáucaso, acceso al Caspio, fronteras con Turquía, Azerbaiyán, Iraq, Afganistán, Turkmenistán, Armenia, a tiro de piedra de Kuwait, Arabia, Bahréin, Emiratos, Omán y Paquistán.
Solo ellos alojan a 559 millones de personas y 2.44 billones de dólares de PIB. Irán solo, son 93 millones y 356 mil millones. Turquía 1.250 mil millones.
El primer párrafo sobre Oriente Medio ya se cuestiona el profundo orientalismo del nombre. ¿El Este? ¿El Este de dónde? Sitúa Oriente Medio como una región donde la geografía —desiertos, montañas, escasez de agua y rutas estratégicas— condiciona de forma decisiva la política, los conflictos y el poder externo sobre la zona.
En esencia, viene a decir que no se puede entender su inestabilidad ni la intervención de potencias como Reino Unido, Francia, EE. UU. o Rusia sin partir de esos condicionantes físicos y de su posición entre Europa, Asia y África.
La parte dedicada a Irán en Prisioneros de la geografía explica cómo su geografía le da resiliencia, pero también limita su cohesión y proyección. Irán está protegido por grandes cordilleras (Zagros y Elburz) y por el mar en el sur, lo que históricamente lo ha hecho muy difícil de invadir y le ha permitido sobrevivir como núcleo persa frente a imperios vecinos.
Esa misma orografía —montañas, zonas pantanosas en el sur y áreas áridas— dificulta las comunicaciones internas y favorece la existencia de numerosas minorías étnicas; el país no es homogéneo y el peso persa convive con otras identidades.
Se reconocen comúnmente 8-10 grupos étnicos principales, que representan más del 99% de la población, persas (51-65%), azeríes (16-24%), Gilakis (8%), Luros (6-7%, Baluchis (2%), turcomanos (2%), árabes (2-3%).
Ahora otra vez quieren usar y engañar a los pobres Kurdos (7-10%) aprovechando que son sunitas y están discriminados, para intentar balcanizarlo. Una estrategia que les fue de maravilla con la España americana.
La constitución de Irán reconoce cuatro comunidades religiosas con representación parlamentaria reservada. Aparte de musulmanes chiíes, los zoroastrianos (25 a 60 mil personas) y los judíos (de 8 a 20 mil) tienen un escaño cada uno.
Los cristianos (unos 300 mil) tienen tres, dos para los armenios y uno para los asirios/caldeos, unas de las comunidades más antiguas del mundo. Cuando acabe la guerra, si siguen la suerte de Israel, Palestina, y Siria, los cristianos acabarán machacados, exiliados o exterminados.
Palanca estratégica
Su posición en el estrecho de Ormuz da a Irán una palanca estratégica desproporcionada: controla un cuello de botella por el que pasa una parte crucial del petróleo mundial, lo que le otorga capacidad de presión frente a potencias externas.
En la lógica del libro, la rivalidad con Arabia Saudí se entiende también desde la geografía: Irán es menos rico en recursos por habitante, pero más poblado, más defendible por su terreno y con mejores cartas en un conflicto prolongado en tierra.
La rivalidad central de Irán que Marshall enfatiza no es tanto con Israel como con Arabia Saudí; el eje principal es Teherán–Riad más que Teherán–Tel Aviv.
Israel aparece sobre todo como parte del bloque aliado de Estados Unidos y de las monarquías suníes, más que como el foco estructural de la geopolítica iraní en la región.
Subraya que el choque con Israel está muy cargado de ideología y religión, pero que, en términos de geografía dura, la relación de fuerzas que más condiciona a Irán es la competencia con Arabia Saudí en el Golfo Pérsico y en los conflictos por delegación (proxy: Líbano, Siria, Yemen, Irak).
El telar del tiempo de Robert D. Kaplan presenta a Irán como un nudo geográfico clave del "Gran Oriente Medio", junto con Pakistán, dentro del mapa que interesará a China por sus corredores energéticos.
Destaca que la alianza estratégica entre Irán y China convierte a Pekín en socio principal de un país que funciona como pieza organizadora de Oriente Medio y Asia Central, más allá de la narrativa occidental de "estado paria".
Subraya además que Irán tiene una larga tradición imperial y una identidad persa fuerte, lo que le da una misión histórica comparable a la de Turquía o China.
La influencia iraní en la región se apoya tanto en factores culturales como en su estructura estatal: tras la revolución, la burocracia del sah fue sustituida rápidamente por la de los clérigos, evitando la anarquía y dando continuidad a la capacidad de proyección del Estado.
Kaplan presenta la relación Irán-China como una alianza estratégica en gestación, articulada por la geografía y la energía más que por afinidad ideológica.
Sitúa a Irán dentro del "Gran Oriente Medio" que se extiende hasta Asia Central y Xinjiang, donde la Iniciativa de la Franja y la Ruta convierte a China en actor central sobre las rutas de oleoductos, gasoductos, ferrocarriles y carreteras.
Asegura que, al tejer esa red desde el Mediterráneo hasta China, Pekín encuentra en Irán un socio natural: un Estado robusto, con tradición imperial y posición clave entre el Golfo Pérsico, el Cáucaso y Asia Central.
Para Irán, el vínculo con China ofrece inversión, tecnología e interlocutor en el Consejo de Seguridad frente a sanciones occidentales, reforzando su margen de maniobra frente a EE. UU. y sus aliados regionales.
Para China, Irán es un pilar para asegurar suministros energéticos por rutas terrestres o semicosteras que evitan parcialmente el estrecho de Malaca, encajando con corredores como Gwadar-Xinjiang y con puertos alternativos como Chabahar,
Miramos Ormuz, hoy bloqueado, pero reducir la dependencia china del estrecho de Malaca acortando la ruta del petróleo del Golfo hacia China de unos 12.000 km marítimos a unos 2.400–3.000 km combinando barco + oleoducto terrestre puso la mirada en Irán. Buscaba reforzar la seguridad energética de China, permitiendo diversificar rutas y reducir el riesgo de bloqueo naval en un conflicto mayor.
El llamado corredor de oleoductos Kashgar-Gwadar es, en esencia, un proyecto de oleoducto crudo China-Pakistán que enlazaría el puerto de Gwadar (Beluchistán, Pakistán) con Kashgar (Xinjiang, China), integrado en el marco del CPEC, desde el nivel del mar en Gwadar, atraviesa Pakistán hacia el norte y cruza el paso de Khunjerab (~4.700 m) para conectar con Kashgar en Xinjiang. Conduciría en torno a 1 millón de barriles diarios de crudo y supondría una inversión de unos 10.000 millones de USD para la construcción.
Kaplan ve esta aproximación Irán-China como parte de un intento chino de influir en la “Isla Mundial” de Mackinder (Eurasia) a través de infraestructuras, más que de bases militares, y le preocupa por el potencial de alterar el equilibrio global.
Mackinder (The Geographical Pivot of History) veía en 1904, Irán/Persia como un "punto vulnerable" en el Rimland, específicamente en el "arco de crisis" del Índico y Golfo Pérsico: costas adyacentes a Irán, vitales para conectar el Heartland ruso con el océano y las rutas energéticas globales.
Su ecuación estratégica ("Quien gobierna Europa Oriental manda el Heartland; quien manda el Heartland manda la Isla Mundial; quien manda la Isla Mundial manda el mundo") implica que Irán es un flanco marítimo-terrestre clave: un puente entre el poder continental ruso y las potencias navales (Reino Unido entonces, EE. UU. después), donde el control de accesos como el Estrecho de Ormuz decide el equilibrio global.
Marshall presenta China como potencia continental-marítima cuyo gran proyecto geopolítico es asegurar su periferia (Tíbet, Xinjiang, mar de China Meridional) y abrir rutas hacia el exterior, especialmente a través de Pakistán y el puerto de Gwadar.
La conexión Irán-China en el universo Marshall es más inferida que explícita. China busca rutas terrestres seguras hacia el Golfo (vía Pakistán y Gwadar), e Irán es uno de los grandes productores de hidrocarburos de esa región, pero el libro no entra en detalle sobre acuerdos bilaterales ni sobre una alianza estratégica formal.
El énfasis está en cómo la geografía de Eurasia hace probable que China mire hacia Occidente (Asia Central, Pakistán, Golfo), más que en describir un eje político específico Teherán–Pekín como hace Kaplan en El telar del tiempo
En conjunto, Oriente Medio (Países del Golfo + Irak + Irán + resto) aporta en torno a 55–60% del crudo importado por China, dependiendo del año y de cómo se trate el crudo iraní y blends malayos, Arabia Saudí fue el primer proveedor en 2024 con el 14% seguido de Irán con el 11%.
Controlar a los proveedores de petróleo de China tiene más sentido estratégico que la excusa de parar el desarrollo nuclear civil de Irán y tiene coherencia estratégica con las acciones en Venezuela y el interés por controlar el Ártico (Groenlandia). Quedan Rusia con un 20% del suministro a China y Malasia.
Casualmente un nuevo MoU de defensa (2025) formaliza cooperación en seguridad marítima, conciencia situacional (MDA), vigilancia y uso de sistemas no tripulados en el Estrecho de Malaca y mar de China Meridional, alineando a Malasia con la arquitectura de seguridad indo–pacífica de EE. UU.
El nuevo acuerdo de defensa subraya que Malasia es un "socio estratégico" en un punto de estrangulamiento clave (Estrecho de Malaca), por donde pasa una gran parte del petróleo y del comercio asiático; eso otorga influencia indirecta sobre cualquier flujo energético que cruce la zona.
Controlar los estrechos ya lo proponía hace años la Fundación Rand. En la literatura estratégica estadounidense vinculada a RAND y a think tanks similares se asume que el dominio naval de EE. UU. y sus aliados pasa por poder negar el acceso o condicionar el tránsito de potencias rivales en estrechos clave (Ormuz, Malaca, Bab el-Mandeb, Dardanelos/Bósforo, etc.). La lógica es clásica: quien controla los estrechos controla buena parte del comercio energético y de mercancías de un rival, y puede “estrangular” su economía en caso de crisis.
En el mapa de ambos autores sale Chipre hacia donde navega la mejor y más cara fragata del ejército español la Cristóbal Colón, una F105, que costó la friolera de 823 Millones de euros en 2010. Kaplan ve a Chipre como una pieza estratégica del Mediterráneo oriental más que como un simple conflicto greco-turco.
Destaca la posición de Chipre como plataforma para controlar el espacio aéreo y marítimo del Mediterráneo oriental, clave para vigilar Oriente Medio y las rutas entre Suez y el Egeo. Subraya que la isla se ha convertido en nodo de una incipiente red de cooperación energético-estratégica entre Chipre, Grecia, Israel y Egipto, ligada a los yacimientos de gas offshore y a proyectos de interconexión (gasoductos y cables eléctricos).
El autor remarca que los descubrimientos de gas en el Mediterráneo oriental están redefiniendo la región, acercando a países que antes apenas cooperaban (Israel-Chipre-Grecia-Egipto) frente a la presión turca, y aumentando el interés de la UE por Chipre como outpost de seguridad y energía.
Integra Chipre en la lógica de la Franja y la Ruta: el Mediterráneo oriental (Chipre incluido) forma parte de la extensión occidental de las rutas chinas que pasan por puertos como El Pireo y se conectan con Europa central, lo que añade otra capa de relevancia estratégica a la isla.
Entre Chipre y Gaza se han identificado varios yacimientos clave en la cuenca del Levante; los más relevantes son el campo chipriota Aphrodite y el campo Gaza Marine frente a la Franja. Campo Aphrodite (Chipre) ZEE de Chipre, al sur de la isla, cerca de los campos israelíes Leviathan y Tamar cuenta con reservas estimadas de unos 4,5 Tcf de gas recuperable, ~128 bcm.
Es el primer campo con licencia de producción y pilar del llamado "triángulo energético" Chipre-Israel-Grecia. En Gaza Marine frente a la Franja de Gaza, en la parte sur de la cuenca del Levante, hay aproximadamente 31 bcm de gas (unos 1,1 Tcf) según las estimaciones de British Gas. Estas reservas explican gran parte de la pugna por delimitación marítima, la cooperación Chipre–Grecia–Israel–Egipto y el interés de la UE por diversificar suministros lejos de Rusia.
¿Que hace falta decir que Irán ha mandado un dron a Chipre? Pues se dice. ¿No se enseñaron fotos de armas de destrucción masiva para quedarse hace más de 20 años con la energía de Iraq?
Esta semana un dron impactó en un hangar de la base británica en Chipre usada por aviones espía U-2; se atribuyó en contexto a la escalada con Irán, pero el Reino Unido aclaró después que el dron no fue lanzado desde Irán.
Análisis posteriores apuntan a que los aparatos habrían sido lanzados por Hezbolá desde Líbano, en coordinación con Irán, como parte de una estrategia de presión sobre los aliados de Israel más que un ataque directo de Irán sobre Chipre como país.
No hay, hoy en día, prueba pública sólida de un ataque convencional directo, inequívoco y reconocido de Irán contra el Estado chipriota (gobierno, población o infraestructuras nacionales), sino acciones en el contexto de su guerra con Israel y EE. UU. que rozan o implican territorio/bases británicas en Chipre y el ciberespacio. ¿A quién conviene mover a la OTAN y los países europeos de su parte?
De lo que sí hay es evidencia de que Chipre, junto con otros estados miembros de la UE saquean fiscalmente a los socios que ahora van corriendo a defenderlo.
El Parlamento Europeo ha señalado explícitamente a Bélgica, Chipre, Hungría, Irlanda, Luxemburgo y Malta como Estados miembros con “características de paraíso fiscal” por la combinación de tipos reducidos, incentivos y regímenes opacos.
La EU Tax Observatory estima que la riqueza financiera de hogares en centros offshore alcanzó 11,5 billones de dólares en 2022, lo que incluye tanto territorios europeos como extracomunitarios.
¿Nosotros incrementando el gasto militar y la presión fiscal para ir a defender con nuestros soldados e impuestos a aquellos que nos hacen dumping? ¿Eso es lo de la solidaridad europea? Me parece que defender a un socio está bien. Lo que no me parece es hacerlo gratis mientras te meten la mano en el bolsillo fiscal.
O acabaremos como en Malta, aragonesa desde 1283, que la Corona Española les regaló la isla en 1530 por el pago simbólico de un halcón maltés al año. Una flota hispana desde Sicilia con 8.000-10.000 hombres (mayoría españoles de los Tercios), mandada por García de Toledo (virrey) y Álvaro de Bazán (almirante) puso las vidas de miles de soldados en su defensa contra los turcos en 1551 y ahora, junto a Lepanto (1571), lo han borrado de su historia y reciben con brazos abiertos las fortunas de las inversiones en España que allí prácticamente no tributan por plusvalías.
Tanto chipriotas como malteses no son turcos gracias a aquello. Somos los más pánfilos pagando la fiesta de los demás, mordiendo cebos para idiotas, comprando debates estériles de la opinión sincronizada de los medios, mientras se libra otra etapa de la guerra mundial China-EE. UU.