Vídeo completo del XL Encuentro Tecnológico de El Español de Málaga.
El consejo a las pymes malagueñas ante la IA: “No te compres un Ferrari si no sabes conducir”
Susana Calleja, Amalia Gómez y María Carmen López alertan de la ansiedad digital de las pymes y reivindican empezar por la estrategia, los procesos y las personas de forma previa a elegir las mejores herramientas en el XL Encuentro Tecnológico de EL ESPAÑOL de Málaga.
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La Málaga tecnológica sigue como un tiro. Los últimos datos oficiales del Málaga Tech Park correspondientes a 2025 así lo confirman con 719 empresas, casi 30.000 empleados y 5.000 millones de facturación. Y eso sin contar con las numerosas firmas que están fuera de la tecnópolis.
Las multinacionales están apostando por Málaga pero ¿qué papel están jugando las pymes en este contexto? ¿qué tienen que hacer para no quedarse atrás y ser competitivas? ¿tienen que invertir en inteligencia artificial sea como sea?
Estas y otras preguntas nos hicimos en el XL Encuentro Tecnológico de EL ESPAÑOL de Málaga organizado este pasado lunes con la colaboración de Cervezas Victoria, OneNext y la Diputación de Málaga.
Las tres protagonistas fueron Susana Calleja, CEO de Encuentros Tech y gerente del Club Euronova; Amalia Gómez, product manager de Ciklum y mentora; y María del Carmen López, CEO de Xcelentech y directora del Centro de Alto Rendimiento Empresarial.
Las ponentes coincidieron en que el momento es histórico para las pymes malagueñas: nunca habían tenido tanta tecnología y formación al alcance, pero rara vez habían sentido tanta presión, ansiedad y ruido en torno a la digitalización.
A su juicio, el problema no es sólo la falta de medios, sino, sobre todo, la falta de reflexión. Se encuentran con dos perfiles muy claros: el empresario veterano que le dice “yo llevo 40 años con mi empresa, no vengas a decirme ahora cómo tengo que vender” y el que quiere “el paquete completo” de tecnología, desde el kit digital hasta la inteligencia artificial, sin haberse parado antes a analizar su negocio, detalló Calleja.
Para estas profesionales, el primer paso no está en contratar herramientas, sino en pensar. “Para mí lo primero es sentarte en una hoja de papel y decir: esta es mi estrategia, este es mi negocio”, defendió Gómez.
A partir de ahí, propuso definir procesos, involucrar al equipo y sólo después decidir qué soluciones tecnológicas tienen sentido. Lo contrario —comprar software sin saber para qué— conduce a frustración, gasto inútil y resistencia interna.
Calleja puso el foco en el impacto sobre las personas. Muchas pymes, dijo, tienen equipos que llevan “15, 20, 30 años haciendo lo mismo” y de repente se les pide una transformación acelerada que puede desbordarles. Por eso reclamó prepararles, acompañarles y evitar que la tecnología se viva como una amenaza que lleva al “no puedo con esto, no puedo con la vida”.
Ideas claras
María del Carmen López coincidió en que muchas pymes están intentando “ponerse las pilas” tecnológicas, pero lo hacen, demasiadas veces, a ciegas.
“Están queriendo meterse en la tecnología sin pararse a pensar si esa decisión es correcta en ese momento”, resumió, señalando que es frecuente que la motivación llegue por un comentario en la cena de Navidad o por la presión ambiental en torno a la inteligencia artificial.
Uno de sus ejemplos más gráficos fue el de los CRM. En una sesión con 14 pymes en el Centro de Alto Rendimiento Empresarial, todas afirmaban querer uno, pero cuando se les preguntaba “¿y para qué lo necesitas?”, daban “todas las respuestas menos para lo que se usa un CRM”.
López dejó una frase que resumió bien su tesis: “No te compres un Ferrari si no sabes conducir”. En muchos casos, dijo, “igual lo puedes hacer en una hoja de Excel y no necesitas un Salesforce”.
Amalia Gómez, por su parte, destacó que con la IA "las pymes tienen ahora unas oportunidades que antes estaban muy lejanas para ellas, porque pueden optar a herramientas que eran solo para las grandes multinacionales, por lo que hay que estar despiertos a esas oportunidades".
Contacto directo con el cliente
Las tres ponentes coincidieron en alertar de la forma en que muchas pymes abordan la digitalización del contacto con el cliente. Detectan una tendencia a empezar por lo último del recorrido —chatbots, formularios, sistemas automáticos— precisamente en la fase más delicada: la atención directa.
“Parece que lo primero que se quieren quitar de en medio es el contacto con el cliente”, lamentaron, aunque consideran que esa última etapa debería seguir siendo humana y que la tecnología se utilice antes para agilizar procesos internos.
Defendieron, en cambio, el uso de la inteligencia artificial y otras herramientas para cualificar mejor reclamaciones, acelerar gestiones y llegar al cliente con más información previa, de forma que la conversación humana sea más corta y útil. La personalización y la capacidad de adaptar la propuesta a las necesidades reales de cada negocio se presentaron como elementos diferenciales frente a grandes compañías que ofrecen paquetes cerrados.
Otro punto de acuerdo fue el peso del boca‑oreja y del networking presencial. En paralelo, reclamaron coherencia entre esa imagen presencial y la que se proyecta en internet. Criticaron webs desactualizadas, fotos de stock “de un noruego” para ilustrar empresas locales y contenidos que tardan una eternidad en cargar.
Defendieron que, con las herramientas actuales, “es más bonito una foto vuestra en vuestra web” y que la autenticidad del equipo —sus caras, su historia, su arraigo— debería trasladarse al entorno digital. Como resumió Calleja: “Lo que no cuentas no existe”.
En esa tensión entre tecnología y trato humano, coincidieron en que la pyme tiene una carta ganadora, siempre que se atreva a jugarla: conocer su negocio, conocer a su cliente y apoyarse en las herramientas adecuadas para crecer sin perder su esencia.
López defendió que la verdadera ventaja de la pyme frente a la gran compañía sigue siendo la cercanía: conocer al cliente, atenderle personalmente y estar disponible cuando hay un problema. “Nosotros compramos a personas”, recordó, y puso un ejemplo claro: si una proveedora no contesta y otra le devuelve la llamada en quince minutos, “voy a contratar a quien sé que me va a coger el teléfono, aunque me cobre más caro”.