Un momento de la película Resident Evil.
¿Es tan buena la nueva Resident Evil?
La película es perfecta, es justo lo que desea ser y todo está medido al milímetro.
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Entre largometrajes de acción real y animación, hay más de diez películas realizadas sobre el videojuego Resident Evil. Sin embargo, la mayoría de ellas son bastante decepcionantes. Gran parte de la culpa la tiene Paul W.S. Anderson, responsable de la mayoría y realizador mercenario para lo bueno y para lo malo, más bien para lo segundo.
Por suerte, desde Vertigo Entertainment y Sony interpretaron que la franquicia, que para muchos estaba completamente agotada, necesitaba reinventarse en términos absolutos, eliminando y prendiendo fuego a cualquier rastro de la etapa (o etapas) anteriores.
Y, desde la inteligencia y el talento objetivo, nadie mejor que el elegido: Zach Cregger. El de Virginia había entregado, en 2022 y 2024, dos de las películas de terror más estimulantes y completas a casi todos los niveles: Barbarian y Weapons. Por supuesto, uno vislumbra esta nueva dirección desde los primeros segundos de la Resident Evil de 2026.
La historia es pretendidamente sencilla y absolutamente efectiva: Un mensajero médico (interpretado por Austin Abrams) debe entregar un antídoto en la otra punta de la ciudad mientras algo terrorífico y completamente inesperado se ha despertado en la localidad.
Menos es más, aunque tampoco es así en la práctica. Cregger, firma un largometraje de body horror en el que hay que llegar del punto A al B con un guion sencillo y, a su vez, inmejorable.
Seguro de sus capacidades como realizador, el director adapta de manera sobresaliente el videojuego, trasladando por primera vez en la saga esa sensación de desconocimiento absoluto de la situación, de verdadero instinto de supervivencia, de tener que contar cada munición y de, en resumidas cuentas, terror absoluto.
Una pretendida montaña rusa en la que apenas hay un respiro en poco menos de cien minutos. Podríamos decir que se trata de un placer culpable, pero no hay nada de culpabilidad aquí: la película es perfecta, es justo lo que desea ser y todo está medido al milímetro, como suele pasar con el de Virginia. Una serie de pasajes brillantes unidos por un hilo conductor básico. Justo como tenía que ser.
Es por ello que todo el hype sobre la cinta es merecido. Resident Evil no solo hace justicia al videojuego, es una película de terror (y acción) inmensa, cruda, descarnada, desacomplejada y segura de sí misma.
Un clásico instantáneo que vuelve a demostrar que el terror lleva varios años en un estado de salud magnífico y que Cregger va a seguir dándonos muchas alegrías al comprar nuestras entradas. No es tan buena como te han dicho tus amigos, es mejor aún.