Tomás Redondo García, junto a su obra Tomás Redondo: 'Un apoderado para una década'.

Tomás Redondo García, junto a su obra Tomás Redondo: 'Un apoderado para una década'. Arlym Patao Cabrera

Cultura

Las cintas secretas del apoderado de El Yiyo: así se construyó una de las grandes figuras del toreo español

Después de casi treinta años y una promesa, su hijo saca a la luz una novela que honra la memoria del empresario y su trabajo con José Cubero Sánchez.

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Las claves

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El libro 'Tomás Redondo: Un apoderado para una década' narra la vida de Tomás Redondo Chies, quien fue el apoderado de El Yiyo y se dedicó en cuerpo y alma a su carrera taurina.

Redondo Chies invirtió toda su fortuna y salud en El Yiyo, enfrentándose a grandes empresarios y apostando por su independencia en el mundo del toreo.

Las memorias del apoderado, recopiladas en nueve cintas de magnetofón, sirvieron a su hijo para escribir la novela y mostrar la realidad interna del toreo y las luchas empresariales.

El libro, publicado en febrero, también refleja las presiones, sacrificios y la pasión de una familia marcada por la tragedia tras la muerte de El Yiyo en 1985.

“El Yiyo no iba a Málaga a torear, sino a refrendar su estatus de figura”. Esta confesión es solo una de las tantas que Tomás Redondo García rescató del silencio; palabras que su padre, Tomás Redondo Chies, dejó grabadas en nueve cintas de magnetofón antes de partir.

Chies fue mucho más que el apoderado de José Cubero Sánchez, más conocido como el Yiyo; era un hombre que escaló a lo más alto como empresario para invertir toda su fortuna y su salud en un solo hombre. No tenía estudios. No sabía ni escribir ni leer. Aprendió con veinte años y su vida fue un éxito hasta que el Yiyo dejó de respirar.

Tomás Redondo:Un apoderado para una década es un tributo que le rinde su hijo, Tomás Redondo García, en forma de novela. Publicada por Caligrama en febrero de este año, retrata la figura de un apoderado independiente, ajeno al ámbito del toro, que se enfrentó a los grandes empresarios que rechazaban su independencia.

Sus primeros pinitos fueron en 1979, cuando el Yiyo y Lucio Sandín empezaron con él. “Su época de apoderamiento más importante fue hasta 1985, cuando falleció el Yiyo por la cornada de un toro en Colmenar Viejo”. Luego siguió unos años más de apoderado hasta su último aliento en 1989.

Es un libro básicamente taurino porque fue muy importante en el mundo del toro, pero no es totalmente taurino porque llegó a esto después de haber tenido negocios en los sectores del bingo y del juguete”. En la década de los 80, un torero se hacía en el ruedo invirtiendo en él y montando novilladas para verlo torear. En este caso, Chies corría con todos los gastos: si la plaza se llenaba, se ganaba dinero, pero eso solo ocurría “una de cada diez veces”.

Cuando el Yiyo llegó a ser torero, recuperó con creces todo el dinero invertido. Se jugó su propia familia y su negocio del bingo que luego tuvo que vender. “Las empresas nunca llaman al torero, sino al apoderado. Quieren saber qué toros, con quiénes se torea y el dinero que hay por delante”.

Chies entró en contacto con la Escuela de Tauromaquia de Madrid y unos chavales jóvenes, terminando la década de los 70, escogieron ese ámbito como un juego. Ahí fue donde conoció al Yiyo. “Algo vio en él para ser un torero importante. Mi padre había sido novillero de poca importancia y llegó a torear hasta 1958, cuando vio que no tenía futuro ahí”.

En 1980, con 15 años del Yiyo, en la plaza de toros de Las Ventas.

En 1980, con 15 años del Yiyo, en la plaza de toros de Las Ventas. Jesús Rodríguez

En el Yiyo vio coraje, valor y ganas de ser torero. Le vio condiciones para llegar lejos. Eso solo podía captarlo alguien que entiende de ese sector como era su padre. “Para ser un buen torero hace falta técnica, que se aprende en las escuelas de tauromaquia, oficio, que se adquiere con la experiencia y toreando, y ponerse delante de un toro y asumir el riesgo de la enfermería o el triunfo”.

Desde 1981 hasta 1983 hubo tardes malas para el Yiyo. Su padre lo amonestaba diciéndole: “Así no vas a ningún lado”. Ya era matador, estaba ganando fama y dinero y tuvo que ponerse serio con él.

“Este torero tenía grandísimas cualidades, pero no las estaba explotando. Al final se recondujo todo porque le tenía muchísimo respeto a mi padre”, asegura.

La relación entre el Yiyo y Málaga era estrecha porque Tomás Redondo Chies lo acompañaba a todas las corridas. En la plaza de toros de Ronda vivió una de las más importantes y en la Feria de Málaga ha toreado casi todos los años.

“Mi padre decía que la plaza de La Malagueta medía muy bien la capacidad de los toreros; el torero andaluz siempre tiene un plus de aceptación en las plazas de toros de Andalucía, por eso tenía tanto mérito que Yiyo siendo de Madrid llenase la Malagueta, sobre todo de mujeres”.

Durante cuatro años, Tomás junior fue mano derecha de su padre. Era apenas un muchacho de 20 años que asumió la responsabilidad de acompañar a los toreros cuando su padre no podía estar presente.

Entre 1984 y 1985, especialmente, la actividad era frenética: ausencias de su padre debidas a que el Yiyo llegaba a torear hasta 70 corridas por temporada. Entre 1986 y 1987, hizo las veces de apoderado en el terreno y cuando no estaba allí, su labor se centraba en la gestión administrativa en el despacho de su padre.

“Era un despacho muy pequeñito, situado en una buena zona de Madrid; era un museo lleno de cuadros de toros donde la figura del torero era predominante”, sostiene.

Tomás Redondo Chies en su despacho.

Tomás Redondo Chies en su despacho. Tomás Redondo García

El hijo nunca encontró la vocación taurina que su padre ansiaba. “Él hubiese querido tener un hijo torero y lo encontró en el Yiyo; por eso, cuando murió, mi padre dejó de querer vivir”.

Nunca superó su muerte. Fue algo inesperado. Su hermano, que ya estaba siendo apoderado por su padre en aquel momento, era novillero y se presentó en Las Ventas con dos orejas cortadas y saliendo por la puerta grande: “Eso nos cambió la vida porque de repente nos creímos que podíamos estar ante un segundo Yiyo. Decidió apostar por su hermano, pero anímicamente no era lo mismo.

El padre de Yiyo era uno más “en el equipo”. De hecho, la unión entre ambas familias quedó inmortalizada en un momento histórico: la salida a hombros de Miguel Cubero, su hermano, el 22 de septiembre de 1985 en Las Ventas. Solo habían pasado 22 días desde la muerte del Yiyo.

El proceso creativo y la acogida

“Mi padre me decía que tenía que escribir un libro sobre él cuando desapareciera porque iba a ser muy importante para el mundo del toro”. Hubo un total de nueve cintas grabadas en las que hablaba de sus vivencias profesionales y eso le sirvió a su hijo como material para construir el andamiaje escrito de su vida.

El proyecto estuvo durante muchos años parado, hasta que al fin me decidí a escribirlo. Desde que lo hice hasta que se ha publicado han pasado muchísimos años”, explica.

Escrito desde 1995, en aquella época el sector editorial no tenía nada que ver con el actual. Por eso le costó que apostaran por su obra. Además, era un libro polémico porque su padre dejó cintas con aspectos íntimos y políticos sensibles en la segunda versión que ahora publica y su madre no era partidaria de que lo escribiera.

Cuando falleció su madre, en 2025, se liberó y descubrió el manuscrito en un cajón. Empezó a ocurrírsele la idea de intentar moverlo por alguna editorial y una gran amiga de su esposa, Sara Alcalá Brihuega, fue la que ha conseguido que el libro esté publicado.

“Lo que he transmitido es lo que se esforzó y lo que luchó por hacer figura del toreo a el Yiyo y sobre todo, cómo los empresarios lo dejaron de lado”, señala.

Su padre, que era muy orgulloso, no terminó de asumir que tenía que rebajarse y ser el que fuese a buscar a los demás. “Mi padre era muy luchador, incansable, no se amilanaba ante nada ni nadie y son lecciones de vida que me dejó”.

“Si digo que es un libro taurino, me rechazarían en las ferias del libro; pero yo lo que quiero explicar es el mundo taurino desde dentro, las luchas, las contrataciones y las presiones. Eso hace que se vea de una forma diferente”.

Hasta ahora, ha vendido más de 100 ejemplares. Su idea no es convertirlo en un bestseller, solo cumplir la promesa de un hombre entregado en cuerpo y alma a su pasión.

Si hoy pudiera volver al ruedo con su padre, le gustaría comentar una corrida juntos, darle un abrazo y un beso en la mejilla. Y también enseñarle la promesa cumplida.