Un perro adiestrado buscando compartimentos ocultos para guardar droga en un coche.

Un perro adiestrado buscando compartimentos ocultos para guardar droga en un coche. Guardia Civil

Málaga

De la narcolancha al coche caleteado: así circula la cocaína desde Andalucía al resto de España y Europa

Las organizaciones criminales recurren a vehículos modificados y sistemas ocultos para mover pequeños cargamentos con rapidez por las carreteras españolas.

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Las claves
Las claves

Las mafias utilizan talleres especializados para modificar vehículos con compartimentos secretos y así transportar cocaína de forma indetectable desde Andalucía hacia Europa.

La Costa del Sol se ha consolidado como centro logístico clave para el narcotráfico internacional, coordinando rutas y almacenaje de droga procedente de distintos puntos del litoral andaluz.

El uso de narcolanchas y coches caleteados permite a las organizaciones criminales mover cargamentos de cientos de kilos de cocaína, diversificando los puntos de entrada y rutas según la presión policial.

Las autoridades han detectado un aumento de incautaciones y actividad en zonas como Granada y Almería, mostrando la expansión del tráfico de drogas más allá del tradicional Campo de Gibraltar.

Encontrar un taller de confianza no es una tarea sencilla si hablamos de uno para vehículos convencionales. Si es para que una organización criminal confíe en él, ni le cuento.

Pero los hay, y cada vez más. El transporte de droga por España se realiza en pequeñas cantidades de forma general. Ninguna mafia quiere arriesgar grandes cargamentos de estupefacientes. Por eso se reparte de forma eficiente en decenas de vehículos sin que sea detectable con una inspección ocular.

Una vez que los grandes alijos de cocaína llegan a nuestros puertos o costas, y tras ser descargados en naves industriales o viviendas utilizadas como guarderías, comienza otra etapa.

Cuando un alijo de cocaína de varias toneladas se introduce en España, por lo general, hay distintas organizaciones criminales que van a comercializar esa partida y cada una elige la logística de transporte que prefiera para llegar a su destino. Desde el sur de España debe trasladarse droga a Suecia, Alemania, Serbia, o Alemania.

Cuando los alijos pasan de toneladas a cientos de kilos, la labor logística se simplifica. Normalmente una organización criminal internacional de cierta entidad no se hará con más de 300 kilos en el porte.

Y por lo tanto, para transportar esa cantidad de forma discreta hacia el norte de Europa no le hace falta más de 2 o 3 vehículos caleteados. Esta labor de transformar los vehículos está siendo esencial para el futuro de las organizaciones criminales.

Hay mecánicos que modifican camiones, autocaravanas, vehículos familiares, o coches de alquiler. Algunos compartimentos secretos son bastante simples con dobles fondos. Pero los clanes dedicados al tráfico de drogas están invirtiendo bastante en tecnología, tanto en sus comunicaciones como en su logística.

Los vehículos que los mecánicos vinculados al crimen organizado están modificando tienen compartimentos creados con sistemas automáticos para abrir o cerrar de forma más sencilla para realizar entregas rápidas.

Esto los hace casi indetectables, sólo al alcance de un escáner o con perros adiestrados por la policía.

A esto se le añade que muchos de estos vehículos son entregados desde otros lugares de Europa porque gran parte de ellos provienen de empresas de alquiler fantasmas que se están utilizando completamente para estas labores. No es casualidad que se vean últimamente tanta matrícula de Alemania, Polonia, Hungría o Eslovaquia por nuestras carreteras.

Esta semana se ha anunciado que se ha desarticulado una organización criminal que utilizaba este método de coches caleteados y de Go-Fast para trasladar cocaína hacia el norte de Europa y lo gestionaba desde la Costa del Sol.

Se encargaban de organizar los alijos desde Huelva después de llegar la droga a la costa onubense en narcolanchas y llevaban la coca. Y también se conoció la condena de la Audiencia Provincial de Sevilla contra unos que distribuían la cocaína en vehículos caleteados que habían sido modificados en Tomares.

Paquetes de cocaína de la Mafia Albanesa que se gestionaban desde la Costa del Sol hacia Cataluña.

Paquetes de cocaína de la Mafia Albanesa que se gestionaban desde la Costa del Sol hacia Cataluña. EFE

Lo ocurrido con esta organización de la Mafia albanesa permite entender por qué la Costa del Sol se ha convertido en un punto tan atractivo para estas mafias.

No necesitan que la cocaína entre necesariamente por Málaga para hacerse cargo de ella. Desde aquí viven a todo trapo alquilando villas de lujo en periodos cortos para ir cambiando de residencias mientras la droga puede desembarcar cientos de kilómetros más al oeste, en Huelva, o llegar por otros puntos del litoral andaluz, y terminar siendo gestionada desde Málaga.

La infraestructura ya está allí: viviendas, vehículos, empresas, contactos y personas capaces de mover un alijo con rapidez hacia cualquier punto de España.

La investigación de la Policía Nacional lo demuestra. Los miembros de esta organización, formados principalmente por ciudadanos albaneses, realizaron en abril dos importantes transportes de cocaína desde Huelva hasta inmuebles situados en Málaga y Barcelona.

En apenas dos operaciones fueron intervenidos 2.785 kilos de cocaína. Uno de los cargamentos, de 1.434 kilos, fue localizado en Estepona. El otro terminó en una vivienda de Sant Just Desvern, en Barcelona.

Huelva era, por tanto, el punto de partida de aquellos transportes. La Costa del Sol era uno de los lugares desde los que se organizaba la logística y donde se encontraba parte de la infraestructura utilizada para recibir y guardar la mercancía. No hace falta que la mafia controle el lugar exacto donde se produce el desembarco. Lo importante es tener capacidad para hacerse cargo del alijo una vez que toca tierra.

Y esa capacidad logística es precisamente lo que está convirtiendo a la Costa del Sol en un territorio estratégico para las organizaciones internacionales. Desde aquí se puede coordinar el movimiento de droga hacia Madrid, Levante, Cataluña o directamente hacia Francia y otros países europeos.

La propia Policía constató desplazamientos entre estos territorios y llegó a detectar un convoy que recorrió más de 2.000 kilómetros en un solo día, y mucha adrenalina. Quizás demasiada, porque no eran discretos ya que se movían a 200 kilómetros por hora por las autovías hacia Cataluña formando un convoy de al menos 5 vehículos.

Pero el mapa del narco se está ampliando hacia el este. Las narcolanchas están desplazando parte de su actividad hacia las costas de Granada y Almería.

En Granada, las autoridades han detectado una mayor presencia de estas embarcaciones y operaciones de suministro de combustible para ellas. En Almería, la Fiscalía ha registrado un fuerte incremento de la cocaína incautada: 1.255 kilos en 2025 frente a los 324 del año anterior, un aumento del 287%.

Eso significa que cada vez hay más puntos de entrada o apoyo logístico en una costa que ya no termina en el Campo de Gibraltar. Las organizaciones pueden utilizar distintos puntos del litoral según la presión policial y las oportunidades que encuentren. Y detrás de una narcolancha no tiene por qué estar la misma organización que después recibe la cocaína. El negocio funciona por alianzas, encargos y servicios.

La presencia de estructuras internacionales en esta zona tampoco es nueva. En febrero, la Policía Nacional desarticuló otra organización asentada en la Costa del Sol y Granada dedicada al almacenamiento y transporte de grandes cantidades de droga hacia países del este de Europa.

En aquella investigación, los agentes detectaron contactos con personas vinculadas a la logística del transporte internacional y localizaron cocaína oculta en vehículos preparados para salir de España.

La fotografía que queda es la de una Andalucía convertida en una enorme plataforma logística para el narcotráfico internacional. Huelva, Málaga, Granada y Almería aparecen conectadas por mar y carretera.

La cocaína puede entrar por un extremo de la costa y, horas después, estar siendo preparada para salir por otro punto del país. Y en medio de todo está la Costa del Sol. Un territorio que ofrece a las mafias algo que vale tanto como una buena ruta marítima: infraestructura.

Aquí pueden recibir la droga, ocultarla, conseguir vehículos, reunir conductores y organizar el siguiente movimiento. Después solo queda poner en marcha los coches. La cocaína se vende sola. El verdadero problema comienza cuando empieza a circular.