Bomberos combatiendo en los alrededores del Pantano de San Juan.

Bomberos combatiendo en los alrededores del Pantano de San Juan. Europa Press

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La batalla del Pantano de San Juan: los 7 días en los que la UME luchó a brazo partido para que no se unieran los frentes

El incendio originado en Valdemaqueda convirtió el norte del Pantano de San Juan en el epicentro de una operación decisiva para frenar el incendio.

Más información: Los tres focos claves para que el incendio no avance a norte, sur y oeste: "En el Pantano de San Juan la situación es endiablada"

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Las claves

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El incendio iniciado por un coche en San Martín de Valdeiglesias se convirtió en el frente más peligroso de la emergencia forestal en el centro de España.

Durante siete días, la UME y otros cuerpos lucharon para evitar que se unieran los incendios de Madrid y Ávila, lo que habría complicado el control del fuego.

El norte del Pantano de San Juan fue el epicentro de la operación, donde se desplegaron cientos de efectivos y medios aéreos para proteger varias localidades.

El incendio ha destruido cerca de 80.000 hectáreas y afectado a más de 90.000 personas, siendo uno de los mayores registrados en la historia reciente de España.

El incendio que comenzó hace una semana por un coche incendiado en San Martín de Valdeiglesias terminó convirtiéndose en el frente más peligroso de toda la emergencia forestal que ha golpeado el centro de España.

Desde ese foco, situado al norte del Pantano de San Juan, se libró durante una semana una carrera contrarreloj para evitar el peor escenario posible: que las llamas de la Comunidad de Madrid terminaran uniéndose con el incendio que avanzaba desde la provincia de Ávila.

Ese punto se convirtió en el epicentro operativo de la extinción. Si los dos incendios llegaban a confluir a la altura de San Martín de Valdeiglesias, el fuego habría conformado un único frente de dimensiones aún mayores, complicando enormemente las labores de control.

Durante días, todas las miradas estuvieron puestas en esa zona estratégica de la Sierra Oeste madrileña, castigada por el viento cambiante, las altas temperaturas y una orografía especialmente complicada.

La amenaza fue constante. Las imágenes que llegaban desde el entorno del Pantano de San Juan mostraban un paisaje desolador. El fuego redujo a cenizas el camping La Ardilla Roja, destruyó el bar de la zona y calcinó varias embarcaciones que permanecían fuera del agua.

Un lugar habitual de descanso durante el verano pasó a convertirse en uno de los símbolos de la devastación provocada por los incendios.

Mientras tanto, unos 300 bomberos y agentes forestales de la Comunidad de Madrid, apoyados por efectivos de otras autonomías, la Unidad Militar de Emergencias (UME) y medios aéreos, concentraban allí buena parte de sus recursos.

Embarcaciones quemadas en el Pantano de San Juan.

Embarcaciones quemadas en el Pantano de San Juan. Europa Press

En total, el dispositivo movilizó decenas de vehículos terrestres y helicópteros para intentar contener el avance del fuego antes de que alcanzara nuevos núcleos habitados.

La situación llegó a ser tan delicada que el Puesto de Mando Avanzado tuvo que trasladarse desde Cenicientos hasta Navalcarnero tras la evacuación del municipio. Desde ahí se coordinó un despliegue sin precedentes para proteger localidades como San Martín de Valdeiglesias, Pelayos de la Presa, Cadalso de los Vidrios o Valdemaqueda, mientras el incendio obligaba a desalojar a miles de personas y a confinar a otras tantas.

El sábado marcó uno de los momentos más críticos de toda la emergencia. Las fuertes rachas de viento y las temperaturas altas impulsaron las llamas y dificultaron el trabajo de los medios de extinción.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, reconoció que no había sido un día "positivo" por unas condiciones meteorológicas "completamente difíciles", mientras la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, calificó la situación en el norte del Pantano de San Juan de "endemoniada".

Sin embargo, tras siete días de lucha ininterrumpida, esa misma noche llegó un primer respiro. El general jefe de la UME, Francisco Javier Marcos, confirmó que se había conseguido frenar el avance del frente más agresivo.

"Hemos conseguido parar el avance, pero hay puntos discontinuos", explicó desde el Puesto de Mando Único, dejando claro que el peligro no había desaparecido y que todavía era necesario consolidar el perímetro para evitar reproducciones.

A pesar de esa mejoría, el foco del Pantano de San Juan sigue siendo el motivo principal de preocupación. La situación parece estar más controlada y cada vez son más los que pueden volver a sus casas pero el incendio situado al norte del embalse sigue activo.

El temor de los responsables del operativo es que la llegada de nuevos vientos puedan reactivar algunos de esos puntos calientes y volver a comprometer una zona donde se ha librado la batalla decisiva de esta emergencia.

Los incendios forestales registrados en Madrid, Ávila y Toledo han provocado ya la destrucción de cerca de 80.000 hectáreas y han afectado a más de 90.000 personas, convirtiéndose en el mayor registrado en la historia reciente de España.

Pero durante toda esta semana hubo un lugar donde se concentró la mayor tensión del operativo: el norte del Pantano de San Juan, donde vitar la unión de ambos incendios se convirtió en el objetivo prioritario de todos los equipos desplegados.