El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Efe

Macroeconomía

Seis de cada diez economistas anticipan el frenazo de España cuando se agote el 'maná' de los fondos europeos

El fin del ‘dopaje’ europeo dejará al descubierto una economía con crecimiento más débil, presión fiscal al alza y dudas sobre competitividad y empleo.

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Las claves

El 60,8% de los economistas prevé un frenazo en el crecimiento de España cuando terminen los fondos europeos, situando 2026 como año de inflexión.

El fin de los fondos NextGenerationEU en 2026 obligará a la economía española a sostenerse sin apoyo extraordinario, lo que preocupa especialmente a banca e industria.

Los principales problemas señalados son la presión fiscal, los elevados costes laborales y el precio de la energía, que limitan la competitividad y el crecimiento.

El 59,9% de los economistas considera que la calidad del empleo ha empeorado tras la reforma laboral de 2021, y la mayoría percibe un futuro económico pesimista.

El actual ritmo de crecimiento español tiene fecha de caducidad. Los propios economistas sitúan en 2026 el año en que se apague la respiración asistida de los fondos europeos y la economía tenga que caminar sin el soporte de Bruselas.

El Gobierno ha construido su relato sobre dos pilares, un PIB que avanza por encima de la media europea y el despliegue histórico de los NextGenerationEU.

Pero el último Barómetro del Consejo General de Economistas lanza una advertencia clara. El motor español está dopado por dinero europeo y, cuando se retire el estímulo, el riesgo de frenazo es alto.

La fotografía que dibuja la encuesta del Consejo es clara. El 60,8% de los economistas consultados anticipa un impacto negativo en el crecimiento a medida que se acerque el final de los desembolsos.

Solo un 5,8% cree que el cierre del grifo no tendrá efectos adversos. Para entender ese temor, basta con mirar el calendario de los fondos europeos, que explica por qué 2026 se percibe como un año de inflexión.

Fin del 'maná' europeo

El Mecanismo de Recuperación y Resiliencia fija agosto de 2026 como fecha límite para comprometer y ejecutar las inversiones del plan.

A partir de ahí ya no habrá nuevas convocatorias ni nuevos créditos ligados a este programa y los recursos no adjudicados se perderán.

Eso no significa que todos los proyectos se apaguen de golpe. Muchos podrán seguir ejecutándose durante varios años, hasta 2028 o incluso 2030 en algunos casos, pero sin nueva entrada de dinero extraordinario.

En la práctica, el estímulo se irá diluyendo y la economía tendrá que sostener el crecimiento con sus propios motores.

Entre los economistas que trabajan en la banca, el 70,6% espera consecuencias negativas. Entre los vinculados a la industria, el porcentaje alcanza el 64%.

Son precisamente los sectores llamados a financiar y protagonizar la transformación productiva. Si ellos anticipan frenazo, el mensaje al resto del sistema es evidente.

El informe subraya que estas respuestas encajan con una expectativa de “moderación del crecimiento” asociada a la retirada progresiva de los fondos.

Traducido, sin el empujón europeo el PIB pierde fuerza. Las proyecciones del Consejo ya sitúan el avance de la economía en 2026 en una tasa en torno al 2,3%.

La cuestión de fondo es qué queda cuando se retira el soporte europeo. El Barómetro dibuja una economía que, pese al impulso de los fondos, ha consolidado problemas estructurales en plena fase de expansión.

El primero es la presión fiscal. Los economistas la señalan como el mayor freno para la competitividad.

El 75,3% considera que los impuestos “afectan mucho” al desempeño de las empresas y ese porcentaje ha ido creciendo hasta situarse por encima de otros factores que tradicionalmente acaparaban el foco, como la energía o la financiación.

El segundo gran lastre son los costes laborales. El 72% de los encuestados los identifica como una barrera relevante para la actividad.

A estos dos elementos se suma un tercero que vuelve a ganar peso, el precio de la energía. Más de la mitad de los expertos, el 58,5%, sitúa de nuevo la factura energética entre los factores de mayor impacto negativo.

Tras el pico de la crisis energética, lejos de normalizarse, la energía se mantiene como un coste sensible para industria y servicios intensivos.

Empleo frágil

El empleo tampoco aporta tranquilidad. Aunque las cifras oficiales de paro han mejorado, el Barómetro refleja una percepción claramente más sombría.

El paro vuelve a situarse entre los problemas de “gran impacto” para el 47,7% de los economistas. No es sólo un volumen absoluto de desempleados, es la calidad y estabilidad de los puestos creados.

Aquí entra en juego la reforma laboral de 2021. Cuatro años después de su aprobación en el Consejo de Ministros de diciembre de aquel año, el veredicto de los economistas es muy crítico. El 59,9% sostiene que la calidad del empleo ha empeorado.

El dato es todavía más duro entre los economistas menores de 30 años, un 77% de los jóvenes percibe un deterioro directo.

El pesimismo no se limita al empleo. El 61% de los encuestados cree que la situación económica de España empeorará en los próximos seis meses. El índice de expectativas se hunde hasta los -67,7 puntos, una cifra coherente con un escenario de frenazo.

El propio Barómetro ya señalaba otra grieta, el divorcio entre el dato macro y la vida cotidiana. Más del 70% de los economistas cree que el crecimiento apenas se ha trasladado a hogares y pymes.