Imagen de arcivo de una empresa del sector lácteo.

Imagen de arcivo de una empresa del sector lácteo. Efe

Macroeconomía

La cicatriz de la inflación no se cierra: los españoles pierden cuatro puntos de poder adquisitivo desde 2020

Entre 2020 y 2025, los precios han aumentado un 22,15% y los salarios pactados en convenio, un 17,84%.

Más información: Los salarios en España crecen menos que la media de la UE pese a que el PIB sube el triple: siguen un 18% por debajo

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Las claves

Desde 2020, los salarios pactados en convenio han subido un 17,84%, mientras que los precios lo han hecho un 22,15%, lo que supone una pérdida de 4,3 puntos de poder adquisitivo para los trabajadores españoles.

El salario real de 2025 equivale al 96,5% del de 2020, lo que implica que, pese a subidas nominales, los trabajadores pueden comprar un 3,5% menos que hace cinco años.

La inflación ha impactado especialmente en la alimentación y la vivienda, con una subida del 34% en alimentos y del 16,2% en vivienda en 2025, lo que obliga a destinar más sueldo a necesidades básicas.

La pérdida de poder adquisitivo afecta con mayor intensidad a jóvenes, trabajadores con salarios bajos, empleados de hostelería y comercio, y quienes tienen empleos parciales o discontinuos.

En los últimos cinco años, muchos trabajadores sienten que llegan peor a fin de mes, aunque su nómina sea más alta que antes. No es una sensación. Entre 2020 y 2025, los precios han aumentado un 22,15% y los salarios pactados en convenio un 17,84%.

Es decir, los sueldos han crecido, pero lo han hecho 4,3 puntos por debajo del coste de la vida. Traducido a poder adquisitivo, eso implica que, con el mismo sueldo, un trabajador medio puede comprar hoy en torno a un 3,5% menos que hace cinco años.

Este último dato sale de comparar cómo han subido los sueldos con cómo lo han hecho los precios. Al ajustar los salarios por la inflación, el salario real de 2025 equivale aproximadamente al 96,5% del de 2020. Por tanto, se ha perdido en torno a un 3,5% de poder adquisitivo.

El agujero entre salarios y coste de la vida se abrió especialmente con la crisis inflacionista de 2021, que se extendió hasta 2022. Entonces, tras la pandemia y la invasión rusa de Ucrania, los precios se dispararon mientras los sueldos casi no reaccionaban.

En los últimos años, los convenios sí que han comenzado, poco a poco, a ganar frente al índice de precios al consumo (IPC). Sin embargo, esa mejora sólo compensa una parte del golpe previo.

Con los datos de cierre de 2025, la cicatriz inflacionista sigue ahí y los trabajadores arrastran todavía esa pérdida acumulada de alrededor de cuatro puntos desde 2020.

El contraste con la segunda mitad de la década no puede ser más claro. Entre 2015 y 2019, los salarios pactados en convenio subieron un 7,3%, mientras que el IPC lo hizo sólo un 4,8%.

En esos años, la inflación se movía entre el 0% y el 1,5%, de modo que incluso subidas salariales moderadas se traducían en una mejora real de unos 2,5 puntos de poder adquisitivo para los trabajadores.

Ese periodo de baja inflación explica por qué, pese a que las subidas nominales eran mucho más discretas que las actuales, la sensación en los hogares era de mayor desahogo: el salario compraba algo más cada año.

Como resume José Manuel Corrales, profesor de Economía y Empresa de la Universidad Europea, “el modelo de 2015‑2019 era mucho más favorable al trabajador: con inflaciones del 1% bastaban subidas salariales moderadas para ganar poder de compra”.

Si se amplía el foco a toda la última década, las cifras muestran por qué la sensación dominante es de estancamiento.

En estos diez años, los salarios de convenio han aumentado un 26,4%, mientras que los precios lo han hecho un 28%. Eso deja el salario real ligeramente por debajo del nivel de partida, con unos 1,6 puntos de pérdida acumulada de poder adquisitivo.

El resultado es una generación de asalariados que llega a 2025 con sueldos nominales mucho más altos, pero con una capacidad de compra ligeramente inferior a la de diez años antes.

Para el economista Javier Ferri, investigador de Fedea y profesor de la Universidad de Valencia, la pérdida de poder adquisitivo desde 2020 no es una sorpresa si se mira la productividad.

“En el periodo 2020‑2025 la productividad del trabajo ha tenido el peor desempeño desde 1992. Que en este contexto los salarios reales hayan caído no es de extrañar”, señala, recordando que, a largo plazo, los salarios reales y la productividad tienden a moverse juntos.

¿Es recuperable la brecha de cuatro puntos? Corrales cree que sí, siempre que los convenios de 2026 y 2027 consoliden varios años de ganancias reales —subidas de, al menos, un punto por encima del IPC—.

Asimismo, apunta que deben extenderse las cláusulas de revisión salarial ligadas al IPC de los convenios colectivos, hoy limitadas a alrededor de un tercio de los trabajadores.

Ferri introduce, sin embargo, una advertencia estructural: “Si queremos bajas tasas de desempleo con crecimiento de los salarios reales, tenemos que mantener tasas de crecimiento de la productividad mucho más elevadas de las que se han convertido en lo normal en nuestro país”.

Y eso, lamentablemente, “no se hace de la noche a la mañana”.

La pérdida de poder adquisitivo se nota sobre todo en la cesta de la compra y en la vivienda.

Según cálculos de la central sindical USO, la alimentación se ha encarecido alrededor de un 34% en cuatro años, con huevos casi al doble de precio, carnes con subidas superiores al 50% y leche encarecida cerca de un 46%, de modo que una parte creciente del salario se va en llenar la nevera.

“Los salarios por convenio han subido de media un 3,53% en el año que dejamos atrás, por encima del IPC, pero la pérdida real es evidente cuando tienes que dedicar cada vez más sueldo a tus necesidades más básicas”, advierte Joaquín Pérez, secretario general de USO.

Las encuestas lo confirman. Un informe de InfoJobs muestra que un 38% de los ocupados declara haber perdido capacidad económica en los últimos dos años y otro 34% dice que está igual.

Y ello a pesar de que seis de cada diez trabajadores dicen haber recibido alguna subida de sueldo.

Según el mismo estudio, vivienda y compras básicas concentran ya el 44% del presupuesto mensual y el 92% de quienes han perdido poder adquisitivo ha tenido que recortar en ocio y vacaciones.

El impacto del encarecimiento de precios y la pérdida salarial real no es homogéneo.

Corrales señala que la pérdida de poder adquisitivo golpea con más fuerza a jóvenes con salarios de entrada bajos, trabajadores de hostelería y comercio, empleo con parcialidad involuntaria y fijos‑discontinuos con pocos llamamientos.

Ferri sintetiza el patrón de fondo: “Quienes más van a sufrir son aquellos trabajadores cuya productividad es menor”.

“Ellos son los que más notarán una caída de los salarios reales o de la probabilidad de estar empleados, o las dos cosas a la vez”, advierte.