Tropas otomanas en Alepo durante la I Guerra Mundial.

Tropas otomanas en Alepo durante la I Guerra Mundial. Wikimedia Commons

Historia

Los motivos del final del Imperio otomano: los años de "violencia apocalíptica" tras la Gran Guerra

Un ensayo del profesor Ryan Gingeras indaga desde un punto de vista muy humano en el complejo proceso de la desaparición del sultanato y la creación de la Turquía moderna.

17 noviembre, 2023 09:08

El Imperio otomano, el miembro más oriental de las Potencias Centrales, admitió su derrota en la Gran Guerra el 30 de octubre de 1918. Pero la firma del armisticio no fue interpretada desde el gobierno imperial como un síntoma de una inminente revolución o disolución. "Los derechos de nuestro país y el futuro del sultanato están totalmente a salvo", dijo a la prensa el negociador jefe de Estambul. Y añadió que ningún ejército extranjero ocuparía la capital.

Sin embargo, tan solo una semana después el panorama había cambiado drásticamente. El gobierno en funciones se disolvió y el gran visir, el principal cargo civil del país, dimitió al mismo tiempo que el único partido político del imperio, el Comité de Unión y Progreso, acordó disolverse —los también llamados Jóvenes Turcos llevaban una década en el poder, alimentando la polarización de la sociedad e incitando al asesinato de otros grupos étnicos, como los armenios—. Además, a mediados de noviembre llegaron a Estambul los primeros contingentes británicos y franceses de un ejército de ocupación.

Pero como escribe el investigador Ryan Gingeras en Los últimos días del Imperio otomano (Galaxia Gutenberg), la caída de un sultanato con seis siglos de historia —y el Estado más grande de Europa después de Rusia antes del estallido de la I Guerra Mundial— no se registró realmente en el otoño de 1918. Ese momento inauguró un periodo sumamente complejo de negociaciones y conflictos marcado por "una violencia indescriptible" —también utiliza el adjetivo de "apocalíptica"— que se extendió por toda Anatolia: la "Lucha Nacional".

El Imperio otomano anuncia su participación en la Gran Guerra.

El Imperio otomano anuncia su participación en la Gran Guerra. Wikimedia Commons

Suelen citarse varias fechas para certificar el final de la dinastía otomana: la aprobación de una nueva constitución en enero de 1921, la abolición del cargo de sultán el 30 de octubre de 1922 por la Gran Asamblea Nacional Turca o la proclamación, un año más tarde, de la república y la eliminación de la figura del califa. En el relato que traza el profesor del Departamento de Seguridad Nacional en la Escuela Naval de posgrado en California, con especial interés en las experiencias humanas de los protagonistas anónimos, emerge un proceso complejo "colmado de contradicciones y dilemas".

Las explicaciones a la desaparición del Imperio otomano oscilan entre el final de una época —antes de que terminase el invierno de 1918, los Romanov, los Habsburgo y los Hohenzollern, las antiguas casas reales de Europa del Este, habían sido expulsados del poder— y un hecho largamente esperado. Durante todo el siglo XIX, numerosos estadistas y comentaristas europeos habían presagiado con regularidad la caída de Estambul. Incluso para algunos esta fase se remontaba a 1683, cuando los ejércitos de la Sublime Puerta fueron derrotados a las puertas de Viena.

[La ciudad del mármol de Turquía que esconde el estadio romano mejor conservado del mundo]

"Sin embargo, considerar la caída del Imperio otomano como algo inevitable significa pasar por alto una serie de hechos que indicaban lo contrario", matiza Gingeras. "A pesar de décadas de contracción territorial, la legitimidad de la familia real otomana permanecía notablemente intacta. Los ciudadanos de todo el imperio siguieron respondiendo a los llamamientos del ejército pese a los reiterados reveses de la guerra. El apoyo popular y de las élites a la monarquía se afianzó especialmente con la expansión del nacionalismo".

Uno de los momentos clave de la memoria colectiva turca conduce al 19 de mayo de 1919, fecha en la que un entonces desconocido Mustafá Kemal Atatürk desembarcó en el puerto de Samsun, en el mar Negro, con la misión de mantener la paz en la Anatolia rural. Sin embargo, este alto oficial otomano sin ninguna experiencia política ni ninguna intención declarada de subvertir el orden fundamental del imperio acabaría convirtiéndose en el padre de Turquía. Él y otros militares se empeñaron en reanudar la guerra contra los codiciosos aliados tras el Tratado de Sèvres (1920), que partía los dominios imperiales, hasta acabar derrocando al sultán.

Portada de 'Los últimos días del Imperio otomano'.

Portada de 'Los últimos días del Imperio otomano'. Galaxia Gutenberg

"Atatürk y la mayoría de sus seguidores fueron producto de la era de los Jóvenes Turcos, unidos por los sufrimientos que padecieron durante la Gran Guerra y su deseo de revertir sus cosecuencias", analiza el autor. "Cuando empuñaron las armas contra los aliados, aceptaron las consecuencias de las políticas de deportación e ingeniería social del partido". No obstante, el profundo odio al CUP manifestado por muchos ciudadanos impidió que los otomanos se levantasen al unísono contra las tropas extranjeras. Fue en la primavera de 1920 cuando aparecieron las primeras señales de la disolución del imperio, según Ryan Gingeras.

Su libro es un notable ejercicio de compilación de eventos y microhistorias —como la de Ahmet Şükrü Oğuz, otro oficial que quiso discutir por la fuerza el liderazgo de Atatürk— que conforman un intenso puzle sobre esos últimos días del Imperio otomano, que abarcan en realidad cuatro sangrientos años. Elaborado en base a multitud de fuentes y voces turcas, brinda una radiografía amplia sobre la dinámica social que rigió aquel periodo, del que emanan problemas todavía acuciantes hoy en día relacionados con Oriente Próximo.

El final de los sultanes

El último sultán del Imperio otomano, Mehmed VI, partió de Estambul en la madrugada del 17 de noviembre de 1922. Él y su hijo pequeño salieron escondidos del Palacio de Dolmabahçe en unas ambulancias conducidas por guardias británicos. El comandante de las fuerzas aliadas, el general Charles Harington, lo escoltó hasta el HMS Malaya, que le esperaba frente a la costa. Los funcionarios imperiales solo se enteraron de su huida varias horas después. La mayor parte de su familia se quedó atrás. Recibido con honres por Mussolini, se instaló en la ciudad italiana de San Remo hasta que murió sin un céntimo en 1926.