Imagen del depósito de restos humanos antes de ser excavado.

Imagen del depósito de restos humanos antes de ser excavado. José I. Vegas

Historia

La primera guerra de Europa fue en País Vasco y mil años antes de lo que se creía: la fosa que lo revela

Un estudio de los 338 individuos hallados en un refugio rocoso de Álava muestra que fueron las víctimas de un conflicto a gran escala, organizado y sostenido en el tiempo durante el Neolítico, hace unos 5.000 años.

2 noviembre, 2023 17:00

San Juan ante Portam Latinam es un pequeño abrigo rocoso de unos 20 metros cuadrados localizado a un par de kilómetros de la localidad alavesa de Laguardia, en País Vasco. Hallado de forma casual en 1985 durante los trabajos de ampliación de un camino con una máquina excavadora, el sitio, que toma su curioso nombre de una antigua cofradía existente en el pueblo que poseía viñas en la zona, escondía en su interior una gran acumulación de restos humanos. En total, 338 individuos de hace 5.000 años cuyos huesos presentaban multitud de traumas coincidentes con un episodio violencia extrema.

Lo que al principio fue interpretado como una gran masacre prehistórica, se desvela ahora como el enterramiento colectivo de las víctimas del primer periodo de guerra en la Europa del Neolítico, un conflicto que duró meses, como mínimo, y enfrentó a los distintos grupos que habitaban la actual comarca de la Rioja Alavesa.

Un nuevo estudio osteológico liderado por Teresa Fernández Crespo, investigadora de la Universidad de Valladolid, ha reexaminado los esqueletos depositados en una de las fosas comunes más extraordinarias de esta época en busca de traumas curados (65) y sin curar (89, de los que 77 no se habían documentado). De los 338 individuos, datados mediante análisis de radiocarbono entre los años 3380 y 3000 a.C. y sepultados en posiciones atípicas y mezclados entre sí, el 23,1% presenta marcas de lesiones en los huesos y el 10,1% evidencias de traumas sin sanar, unos ratios que doblan a los identificados en otros yacimientos del mismo periodo.

"La importancia del estudio ha sido documentar un conflicto a gran escala, organizado y sostenido en el tiempo durante el Neolítico, donde esencialmente solo se habían documentado pequeñas masacres puntuales o recurrentes", explica a este periódico Fernández Crespo, experta en formas de vida, la identidad, la desigualdad social y la violencia en la prehistoria reciente de la Península Ibérica.

Los autores de la investigación, cuyos resultados se han publicado este jueves en la revista Scientific Reports, destacan también que el 74,1% de las lesiones curadas —que sugieren interacciones violentas previas pero no fatales— y el 70% de las que no lo hicieron aparecen en los cuerpos de adolescentes o adultos varones, siendo mucho menos numerosas en los cadáveres femeninos. Se trata de una diferencia hasta ahora no observada en otros sitios de Europa relacionados con episodios fatales y masivos a lo largo del Neolítico (aproximadamente entre hace 9.000 y 4.000 años) y que confirman que la práctica de la guerra estaba casi restringida a los hombres.

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El elevado e inusual número de adolescentes varones presente en la muestra puede sugerir que fueron empujados a asumir un papel de guerrero debido a la ausencia de hombres más mayores, víctimas de un largo periodo de inestabilidad y conflictividad regional. Este grupo presenta el nivel más alto de heridas sin curar, lo que podría ser reflejo de un carácter temerario o de una escasez de entrenamiento. Además, para reforzar la naturaleza violenta de la fosa, en el abrigo se han descubierto 52 puntas de flecha de sílex, 64 láminas del mismo material, dos hachas pulimentadas, cinco punzones de hueso y varios adornos personales.

La principal hipótesis de los investigadores es que los individuos inhumados en San Juan ante Portam Latinam fueron principalmente los defensores que murieron durante un ataque a su asentamiento o su territorio por otra comunidad. "Recuperar a miembros de un grupo de asalto o de una fuerza mayor asesinados en un lugar alejado de su territorio de origen y traerlos de regreso para enterrarlos sería un desafío", escriben. Las evidencia apuntan a que el lugar del enfrentamiento no se encontraría muy lejos del abrigo rocoso y que la defensa tuvo éxito, o al menos lograron sobrevivir suficientes miembros del grupo para dar sepultura a los caídos.

La primera batalla

Los conflictos durante el Neolítico en Europa siguen suscitando numerosos interrogantes. Investigaciones previas han concluido que estos episodios violentos adoptaron la forma de razias de unos pocos días de duración, como mucho, efectuadas por pequeños grupos de unos 23-30 individuos. No se podría hablar de guerra porque estas sociedades carecían de capacidad logística para mantener esfuerzos bélicos a mayor escala y durante más tiempo.

Pero la fosa común de San Juan ante Portam Latinam ha abierto un nuevo escenario. "Esta evidencia cambia parte de las premisas tradicionales del Neolítico, pues nos obliga a aceptar una mayor complejidad y jerarquización socioeconómica que la tradicionalmente asumida", destaca Teresa Fernández Crespo. De hecho, la Rioja Alavesa es la región de Europa con la mayor concentración de esqueletos neolíticos con heridas provocadas por impactos de flecha, lo que respalda la idea de un conflicto generalizado a finales del IV milenio a.C.

Cadáveres en el barro, caídos en la batalla de la Edad del Bronce del valle de Tollense. Foto: S. Sauer

Cadáveres en el barro, caídos en la batalla de la Edad del Bronce del valle de Tollense. Foto: S. Sauer

Además de los esqueletos de guerreros, también se han identificado en el enterramiento colectivo otros cuerpos sin evidencias de traumas que podrían haber sucumbido por enfermedades o hambrunas provocadas por un contexto de conflicto regional. "La duración potencial (meses como mínimo, si no años), el número de víctimas directas, la demografía con sesgo masculino y las posibles consecuencias sociales y económicas (tamaño de la población involucrada, costes de salud, escasez de comida o movilidad restringida) identificadas en la región de la Rioja Alavesa a finales del Neolítico sugieren unos efectos significativamente más amplios de lo que se apreciaba en el registro arqueológico hasta más de un siglo después", analizan los autores. 

La investigadora de la Universidad de Valladolid confirma que los restos descubiertos en San Juan ante Portam Latinam pertenecen a una de las batallas más antiguas de Europa. "Tendríamos que irnos al caso de Tollense (actual Alemania) en la Edad de Bronce para encontrar el siguiente gran conflicto", recuerda mencionando el caso de un choque campal de dimensiones colosales que ocurrió hacia el año 1250 a.C. y en el que se calcula que participaron unos 4.000 guerreros pertrechados con hachas de bronce, garrotes de madera con forma de bate de béisbol, arcos y flechas, lanzas y quizá cuchillos o espadas.

No obstante, queda todavía un gran enigma por resolver. ¿Qué fue lo que lo provocó ese conflicto hace 5.000 años en el norte de Iberia? La principal hipótesis que manejan los investigadores es que la coexistencia, en un contexto de presión demográfica, de diferentes grupos culturales con distitos modos de vida y prácticas funerarias fue una fuente de tensión y competitividad que condujo a una resolución violenta: la primera guerra de Europa.