Escribo estas líneas cuando el Tribunal Constitucional sigue enfrascado en la discusión sobre el recurso interpuesto por el Gobierno contra la propuesta del presidente del Parlament, Roger Torrent, de que Carles Puigdemont sea el candidato a la investidura como jefe del Gobierno catalán. Aún no sabemos, por tanto, el desenlace de la deliberación, que confío sea favorable a la suspensión cautelar de una investidura que amenaza con convertir en presidente de la Generalitat ¡y "representante ordinario del Estado en Cataluña" (artículo 67 del Estatut)! a un prófugo de la Justicia imputado por rebelión que se refugia en Bruselas. Pero si finalmente el TC impide el desastre, no podrá decirse que haya sido gracias a los desvelos del presidente del tribunal, Juan José González Rivas.

De entrada, la presentación de una de las impugnaciones más trascendentes en este largo y enrevesado asunto del pròces ha pillado a González Rivas a más de mil kilómetros de la sede del tribunal, lo cual no sería grave si hubiera dejado el asunto controlado, con instrucciones claras para la convocatoria del pleno, tras haber charlado con el ponente y después de haber pulsado la opinión de los magistrados, al menos la de aquellos que estaban en el tribunal. Otros, sin haber recibido el aviso de que era preferible que permanecieran en Madrid, optaron por marcharse a sus lugares de residencia, como hacen habitualmente.

El presidente del Gobierno conversa con González Rivas en un acto oficial./

El presidente del Gobierno conversa con González Rivas en un acto oficial./ Efe