El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, el miércoles antes de declarar ante el juez Calama.

El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, el miércoles antes de declarar ante el juez Calama. Europa Press

Política

El PSOE se debate entre el temor a justificar un delito y la fe en Sánchez y Zapatero: "Si el 'jefe' le apoya por algo será"

El respaldo al expresidente incluye apoyar que no haya declarado a Hacienda el regalo de las joyas durante 19 años.

Más información: Sánchez asume la versión de que las joyas fueron un regalo saudí y justifica que Zapatero se las quedara: "La España de 2007 no es la España de 2026"

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Las claves

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El PSOE se enfrenta a tensiones internas por el respaldo de Pedro Sánchez a José Luis Rodríguez Zapatero, investigado por ocultar valiosas joyas.

Sánchez ha defendido públicamente a Zapatero, a pesar de que las joyas no fueron declaradas ni entregadas al Estado, y de que el propio Zapatero aprobó normas en 2005 que prohibían aceptar este tipo de regalos.

El caso genera inquietud en el partido por la posible justificación de un delito fiscal y por la falta de autocrítica, mientras crecen las dudas sobre el futuro político de Zapatero.

El entorno socialista percibe que la gestión del escándalo se basa en la fe y la lealtad al liderazgo de Sánchez, más que en una reflexión estratégica o ética.

"Yo me fío del jefe. Si el jefe apoya, por algo es". El "jefe" es Pedro Sánchez, el asunto es el que afecta a José Luis Rodríguez Zapatero y lo dice uno de los diputados próximos al presidente del Gobierno, al ser preguntado por su respaldo sin matices al exlíder imputado.

Refleja a la perfección cómo Sánchez está llevando de nuevo al límite al Gobierno y a su partido, esta vez alineándose con quien está investigado por graves delitos y sufre el deterioro público tras hallarse valiosas joyas en su caja fuerte.

Todo ello, tras constatar su intento de hacerlas pasar por piezas de bajo valor.

Los socialistas reciben la arriesgada posición de Sánchez más como una cuestión de fe ciega o fidelidad estratégica, que como fruto de una reflexión y un cálculo de futuro.

Y eso es delicado, cuando algunos pasos dados ya por Zapatero sobre las joyas han traicionado esa confianza con mentiras.

No es la primera vez que Sánchez somete a tal prueba de estrés a los suyos, pero esta vez todo se agrava por la persona a la que afecta y, sobre todo, por acumulación tras los escándalos de José Luis Ábalos, Santos Cerdán o Leire Díez, entre otros.

Ya lo hizo con asuntos políticos como la amnistía que antes rechazaba el PSOE o con aquel fin de semana de insólito retiro y suspense en silencio en abril de 2024: sus "cinco días de reflexión".

Ahora tampoco hay en el Gobierno y el partido voces públicas críticas con Zapatero y, por tanto, con Sánchez por apoyarle.

Pero sí es fácil ver a ministros y dirigentes socialistas apretar los dientes, cerrar los ojos con fuerza y encogerse de hombros a la espera de la explosión.

Porque creen que Zapatero no podrá volver del escándalo antiestético y antiético de las joyas y, además, temen que se esté justificando un delito fiscal que podría estar detrás del supuesto regalo y la ocultación a Hacienda de las joyas.

Y por eso son palabras mayores que un presidente del Gobierno justifique una actuación, así como hizo Sánchez sin matices el jueves en Bruselas. Incluiría justificar desde la Moncloa la presunta ocultación a Hacienda por parte de Zapatero.

El presidente del Gobierno empezó por dar por bueno que las joyas le fueron regaladas a Zapatero en 2007, algo que él mismo no ha admitido directamente y menos ante el juez.

Y, además, explicó que los estándares de 2007 no eran los mismos que los de 2026.

Así lo dijo omitiendo que en 2005 el propio Zapatero ya mostró que hay que rechazar esos regalos cuando hizo aprobar en Consejo de Ministros una norma que obliga a devolverlos.

Es cierto que no establecía todavía sanciones, pero sí muestra un reproche hacia esa conducta dos años antes del supuesto regalo a Zapatero.

Sorprendentemente, Sánchez habló este viernes del “mérito” de Zapatero por haber aprobado esa legislación en su momento, pese a que esa iniciativa precisamente va en contra de su conducta entonces y en los años posteriores hasta que las joyas han sido halladas en la caja fuerte de su despacho

Y sin que en ningún momento se decidiera en 21 años a cumplir la norma que aprobó él mismo y devolverlas o declararlas.

Los más alarmados sostienen que el proceso judicial del caso Plus Ultra tiene aún un largo recorrido, sea para que se anule la prueba de la intervención de un móvil en Estados Unidos o sea para que avance la acusación hacia el banquillo.

Pero el asunto de las joyas es más inmediato y sin necesidad de una investigación muy profunda ya presenta un lienzo demoledor: un expresidente que recibe joyas en razón de su cargo, que no las entrega al Estado, que no las declara a Hacienda, que las oculta en una caja fuerte y que intenta mentir rebajando su valor al de baratijas de bisutería.

Y todo eso apoyado por el actual presidente del Gobierno, que arrastra al Ejecutivo y al partido a respaldarlo.

"Los memes de las joyas son mortales para cualquiera que pretenda mantenerse en la vida pública", sostiene un diputado socialista desolado.

Además, el problema de que Zapatero y Sánchez lo hayan convertido en una cuestión de fe y confianza es que el expresidente no dijo la verdad a través de su portavoz autorizado, Luis Arroyo, ni sobre el valor, ni sobre el origen.

Y, por el momento, guarda silencio público y ante el juez, por eso se mantiene la incertidumbre entre los socialistas.

Explican que, según pasa el tiempo y se producen episodios como el de Sánchez apoyando la actuación de Zapatero, es cada vez más difícil la salida del reconocimiento del error y entrega al Estado de las joyas.

Si al actual presidente del Gobierno le parece bien lo que hizo su predecesor, no hay error posible.

El viernes, Sánchez evitó decir si Zapatero debe devolver las joyas. Por cierto que Sánchez sólo contesta preguntas de los periodistas y, por tanto, habla de estos temas fuera de España, donde no tiene más remedio que comparecer tras las cumbres.