María Jesús Montero y Pedro Sánchez, este miércoles en un mitin en Pulianas (Granada).
Morant, Torres y Óscar López, probables daños colaterales del 17-M: dejará tocados a Sánchez y a sus ministros-candidatos
Los socialistas se preparan para un mal resultado en Andalucía y temen que afloren los nervios en el partido.
Más información: El PSOE, alarmado por la frase de Montero sobre el "accidente laboral" de guardias civiles y la falta de ministros en el funeral
Cuentan con insistencia en el entorno de Pedro Sánchez que su intención es seguir adelante con su hoja de ruta y sin cambios pase lo que pase en las elecciones autonómicas del domingo en Andalucía.
Y todo parece indicar que el "pase lo que pase" será una debacle de la candidatura socialista que encabeza María Jesús Montero, hasta hace poco número dos del Gobierno.
Así lo indican todas las encuestas y es el temor fundado que se ha instalado en el PSOE y en el Gobierno pocos días antes de las elecciones.
Salvo acontecimiento no previsto, Montero tiene el único objetivo de igualar los 30 escaños que obtuvo en 2022 la lista que encabezaba Juan Espadas, el peor resultado de la historia del PSOE en Andalucía.
En ese temor instalado se incluye de forma generalizada la convicción de que si esa situación se produce, la derrotada no será sólo Montero, sino también del propio presidente del Gobierno y líder socialista.
Temen que Sánchez quede muy debilitado, que, además, lastre a los tres ministros que serán candidatos socialistas en autonómicas dentro de un año y que provoque focos de malestar en federaciones del PSOE.
Y es que Montero no ha podido ocultar que no quería ser candidata, porque sabía que era inmolarse y pasar de todopoderosa número dos del Gobierno a líder de la oposición en Andalucía y, posiblemente, frente a un Ejecutivo con mayoría absoluta.
Ella misma lo describió sin querer en su primera intervención como candidata cuando expuso un relato según el cual dejaba de ser la mujer más poderosa de España a ser cabeza de lista del PSOE.
Fue decisión de Sánchez, después de hacer consultas con dirigentes del partido y personas próximas y tras escuchar de la propia Montero sus reticencias a ir camino de la pira de Andalucía.
La decisión de Sánchez formaba parte de un plan para situar al frente de candidaturas autonómicas a miembros del Gobierno. Pretendía usar el escaparate del Ejecutivo como plataforma pero, sobre todo, controlar el partido desde la Moncloa.
Eran Pilar Alegría, Diana Morant, Óscar López, Montero y Ángel Víctor Torres.
Alegría ya sufrió una derrota electoral importante en Aragón y Morant es cuestionada porque las encuestas no son buenas en la Comunidad Valenciana, pese a la dana y el desastre de Carlos Mazón.
Fin al 'partido de barones'
Dirigentes socialistas creen que si se produce lo previsto en Andalucía con Montero se demostrará que fue una pésima decisión y dejará lastrados a López en Madrid, Morant en Valencia y Torres en Canarias.
Y eso que Moncloa no ha tenido ningún pudor en acompasar sus respectivas gestiones como ministros con la actividad política en sus comunidades, creando la inesperada e insólita figura del ministro líder de la oposición autonómica. Incluso con uso sin complejos de las ruedas de prensa posterior a los Consejos de Ministros.
No han podido hacer oposición en los parlamentos autonómicos y sobre el terreno y eso lo han echado de menos mandos intermedios de algunas de esas comunidades. Pero Sánchez no ha tenido ni un ruido interno precedente de esas comunidades. Además, la base de la estrategia del PSOE consiste en movilizar a sus bases y eso es más difícil de lograr con un candidato alejado de la comunidad.
Fuentes socialistas admiten que esa estrategia de Sánchez ya tenía el inconveniente grave de dar impresión de que el líder socialista estaba tomando posiciones para prepararse para un fin de ciclo con su salida de la Moncloa. Es decir, tener el partido controlado para afrontar el final de su mandato de presidente y una hipotética derrota en generales y salida del Gobierno.
Así ha sido como, en todo caso, el PSOE ha dejado de ser un partido de barones como ha sido siempre, con la única excepción de Emiliano García Page, resisten en la "aldea gala" de Castilla-La Mancha.
Un riesgo que apuntan miembros del Gobierno es que el resultado de Andalucía, precedido de los de Aragón, Extremadura y Castilla y León, provoque inquietud en federaciones socialistas que empiecen a ver el futuro negro del PSOE en esos territorios y con esos candidatos ministros.
La primera inquietud puede producirse desde el lunes en Andalucía, donde Montero no ha logrado cohesionar y movilizar al partido y un resultado pésimo pondría en cuestión que pueda ser la persona que encabece esa labor imprescindible para las generales. Andalucía es la comunidad en la que más diputados del Congreso se eligen.
El golpe para Sánchez por un probable mal resultado vendría también por el hecho de que se ha volcado en la campaña de Andalucía con una decena de actos durante la campaña y otros tantos antes.
Y los esfuerzos de Montero para aislar esa campaña de la política nacional han sido estériles por su propia procedencia y por esa presencia permanente del presidente del Gobierno.
Consecuencia de esta implicación es la previsión de que Sánchez pueda preparar anuncios de medidas de Gobierno la próxima semana para intentar cambiar el paso de la derrota.
De hecho, así lo hizo con las tres elecciones autonómicas anteriores con anuncios como la descalificación de documentos secretos del 23-F, de tal forma que Sánchez no emitió opinión pública sobre los resultados de esas elecciones.
No se prevé que se aparte de su idea de agotar la legislatura hasta 2027 y presentarse de nuevo a esas generales.