José Luis Ábalos aseguró que el suyo es un caso mediático, juzgado hace tiempo, con condena clara.

José Luis Ábalos aseguró que el suyo es "un caso mediático, juzgado hace tiempo, con condena clara".

Política

Ábalos en el País de las Maravillas: no hubo 'escorts' sino amor, la UCO miente, no gastaba porque le invitaban y Sánchez no sabía nada

Su declaración en el Tribunal Supremo recordó a aquella rueda de prensa en la que dijo: "No tengo a nadie; siento que me enfrento a todo".

El exministro afirmó que el suyo era "un caso mediático, juzgado hace tiempo, con condena clara", como si compareciera frente a un tribunal amañado.

Más información: Ábalos en los espejos del Callejón del Gato: el esperpento del juicio al 'caso Koldo' en la recta final con la duda de si tirará de la manta.

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Las claves

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José Luis Ábalos niega todas las acusaciones en el Tribunal Supremo y no implica ni al PSOE ni a Pedro Sánchez en el caso.

El exministro asegura que la UCO y la Fiscalía han exagerado las cifras y que solo se le imputan 94.800 euros sin justificar en 10 años.

Ábalos alega que muchos de sus gastos eran pagados por otros y que su relación con Jésica fue sentimental, rechazando la versión de que hubiese escorts.

Defiende que es víctima de una persecución mediática y política, y critica la auditoría del Ministerio de Transportes sobre los contratos de mascarillas.

Hubo rabia contenida y una pizca de aflicción en el tono de voz rasgado de José Luis Ábalos; también ese nerviosismo propio del animal herido que se sabe arrinconado en su madriguera o del reo que siente que asiste al juicio delirante de la Sota de Corazones con pruebas amañadas y una sentencia caprichosa.

Contrastó la fiereza con la que respondía a las preguntas del fiscal Anticorrupción, Alejandro Luzón, con la actitud meditabunda que lo caracterizó en las últimas jornadas frente al banquillo, cabizbajo, aburrido, hastiado mientras escuchaba el testimonio de Koldo, su lugarteniente, y de Víctor de Aldama, su piedra en el zapato.

La tensión contenida que reinaba a primera hora en la Escalera de Honor del Tribunal Supremo –¿tirará de la manta? ¿implicará al PSOE? ¿se inculpará a sí mismo?– devino, no obstante, en la más previsible de las opciones: Ábalos no sólo no dio un golpe de efecto, sino que lo negó todo, aunque sin señalar a nadie, y mucho menos al Partido Socialista o a Pedro Sánchez, al que no mencionó.

Hay incluso quien pensó que vendería a Koldo, que lo echaría a los leones, y si bien descargó en su "tosco" exasesor la responsabilidad de pagar en metálico muchos de sus gastos privados, hacia el final de su testificación elogió su lealtad.

"Ya sé que una de las cosas que ha decepcionado a algunos es que no nos hayamos matado. Que no hayamos apuntado a otros".

En todo momento, Ábalos y Koldo mantuvieron la sinergia. Entraron y salieron juntos al salón de plenos. Charlaron amablemente durante los recesos. Su actitud no tenía nada que ver con la hostilidad con la que en ocasiones el exasesor miraba de reojo a Víctor de Aldama desde el otro lado del banquillo.

"Ganas de imputarle algo"

Por momentos, las declaraciones del exministro de Transportes recordaban a aquella rueda de prensa viral de hace un par de años en la que dijo aquello de "no tengo a nadie, me enfrento a todo el poder político y lo hago solo". Ábalos frente al peligro. El sheriff de Hedleyville contra la caza de brujas.

Como si lo hubieran arrastrado a un País de las Maravillas en el que el tribunal no fuese más que una farsa con un veredicto amañado y testigos enajenados, Ábalos aseguró que el suyo era un juicio político, se negó a contestar a la acusación popular y apuntó a una denuncia del PP como origen de la causa.

También aseveró que la UCO tenía "ganas de imputarle algo". Por ello, le atribuyó por error, según él, un chalé en Colombia, y no tuvo en cuenta la participación de su mujer, Carolina Perles, a la hora de contabilizar su economía doméstica. "Era policía, asesora de la Delegación del Gobierno, y manejaba".

Justificó el acusado que no sacara dinero en efectivo entre 2018 y 2023 por el hecho de que a él, como ministro, se le invitaba a los almuerzos y el café no le costaba. Defendió que nunca había hablado de "chistorras", sino de "folios", y que estos eran "de verdad" porque tenía integrada la "cultura del papel", y que en ningún momento era dinero, como dice el informe del equipo del teniente coronel Balas.

Abalos, declarando

Abalos, declarando

"Si fuera dinero, no pediría cajas".

Incluso llegó a ridiculizar las conclusiones de la Guardia Civil sobre su patrimonio bajo el argumento de que "sólo" le habían identificado unas pocas decenas de miles de euros, así que vaya chufla de corruptela era aquella. ¿Cómo alguien tan todopoderoso e influyente como él, ministro de Transportes y secretario de organización del PSOE nada menos, se había metido en aquel callejón sin salida para robar "sólo" eso?

¿Dónde estaban los millones? Ábalos lo preguntó en un tono beligerante mientras agitaba frente a los siete magistrados un folio con las conclusiones de la UCO. "¡Esa es toda la prueba contra mí!", dijo, señalando una tabla en la que se le imputan 94.800 euros sin justificar.

El fiscal, que lo puso contra las cuerdas, negó con la cabeza: "No, no es sólo eso", pero el encausado le cortó: "Sí, es este cuadro. ¡Es este cuadro! Ahí están todos los gastos. Sacados de los WhatsApp de Koldo. Aún admitiendo que eso pueda suponer una prueba, es lo que han encontrado en tantos millones que se dice que me he llevado. 94.800 euros".

Y añadió, retador, arrostrando al fiscal: "En 10 años han encontrado sólo ese dinero, y en mis cuentas sale bastante menos. ¿En serio? ¿Esto es lo que me han encontrado en 10 años? ¿Sabe a cuánto sale? A 500 euros al mes de media. ¡El gran caso de corrupción de las mascarillas!".

Remató la sátira con una risa forzada.

"En cada declaración aumentan los millones. El otro día, el señor Aldama me puso más millones. Estoy encantado, porque cuantos más me pongan, más exigible será la localización de ese dinero [...] Se pueden empeñar, pero no van a encontrar nada".

Luzón contraargumentó citando el audio de una conversación suya con Koldo en la que su asesor le decía a Ábalos: "Tu hijo tiene que tener dinero tuyo, por cojones. Si no te gastas 474.000 euros en dos años...".

El exministro dijo que no reconocía los audios pero que en esa conversación lo que hizo es "negar lo que dice Koldo".

Al final, el ex secretario de Organización del PSOE se compadeció de su situación con un "mire cómo he vivido" y preguntó de forma retórica: "¿Por qué cree que aguanté tanto tiempo de diputado? Me han dejado en prisión sin ingresos [...] Ni siquiera tengo para el peculio de la cárcel".

El meme y el silencio sobre el PSOE

En otro pasaje de la mañana, Ábalos también sugirió, ante la sonrisa contenida de Víctor de Aldama, que negaba con la cabeza desde el banquillo, que este último estaba compinchado con Jésica o, peor aún, que ella había sido manipulada contra su examante durante su testificación.

"Jésica dijo que no iba a trabajar sin que nadie le preguntara eso. Que cobraba sin ir. Que había elegido el apartamento. ¿Alguien le preguntó? Lo dijo de motu proprio. Hasta comentó que no conocía al señor de Aldama, cuando yo la conocí por él".

Remató su argumento con una teoría: "Ella no dice eso si no la han coaccionado. No puede inculparse de algo si previamente no se le ha dicho: 'Di esto, que no te va a pasar nada'. Estoy convencido. La conozco".

Hizo un parón y añadió un "yo la quise" que sonó a telenovela, más cuando minutos antes había confesado que de ella había aprendido lo que era el ghosting. "Fue una ruptura brusca, pero no por malestar, al menos por mi parte. Era porque la relación no podía permanecer".

Le faltó gritar, despechado, que amar no es delito.

Lo suyo con Jésica fue una relación extramarital, pero tuvo intención de que fuera más allá. "Yo pensaba divorciarme... Fue difícil. Un año muy difícil. Con dos convocatorias electorales, con el riesgo de un escándalo público que ha servido para todo tipo de escarnios y que parece ser que es el gran gozo que rodea esta causa".

Ábalos, en fin, se hizo la víctima, y aseguró que su figura ha sido "carne de meme" por la exposición pública de su vida y que el suyo es "un caso mediático, juzgado hace tiempo, con condena clara", como si lo juzgara la Reina de Corazones. La Fiscalía, no hay que olvidarlo, le pide 24 años a él; 19 a Koldo y siete a Aldama.

Lo que nadie escuchó en todo el día fue el nombre de Pedro Sánchez. Aldama sí lo había pronunciado el miércoles pasado, situando al presidente como "el uno" de la presunta "organización criminal". Koldo dejó caer que las chistorras también engrasaban la maquinaria del partido.

Pero Ábalos no mencionó al presidente del Gobierno ni a nadie de su entorno cercano. Sólo a Santos Cerdán para recordar que fue él quien le presentó a Koldo.

Y también lanzó una crítica para Óscar Puente y la auditoría que impulsó desde el Ministerio de Transportes sobre los contratos de mascarillas.

"Para mí fue una sorpresa. Me enteré como el resto, en la comparecencia del ministro en el Senado para otras cosas, cuando de pronto informó de las conclusiones de la auditoría. Me enfadé mucho", relata, achacando un "sentido político" a tal decisión.

"En ese momento las relaciones con el partido no existían y mandé un mensaje: 'si creéis que con esto me vais a matar, lo tenéis claro'".

Tras ello, Ábalos concluyó su declaración como había empezado: convencido de que es inocente, de que todos mienten, y de que es víctima de una conspiración. "No hay ninguna evidencia", zanjó antes de regresar a su madriguera.