Pedro Sánchez, este lunes en la sede de Xiaomi, durante el arranque de su cuarta gira a China. La Moncloa
Sánchez pide que Occidente "renuncie" a parte de su poder antes de ver a Xi, en pleno pulso entre China y EEUU por Ormuz
"Occidente debe renunciar a cuotas de representación" en las instituciones internacionales "en favor de la estabilidad global y la confianza de los países del Sur", dijo este lunes el presidente en la Universidad de Tsinghua.
La reunión de Xi con Sánchez, muy crítico con Washington, llega a la vez que Trump despliega 15 barcos de guerra en Ormuz para presionar a Pekín, valedor de Teherán.
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A las 11 de la mañana, hora local —las 05:00 en la Península ibérica—, está previsto que Pedro Sánchez vuelva a subir las escalinatas del Gran Palacio del Pueblo, en la plaza de Tiananmén, para reunirse con Xi Jinping.
No estará solo: le acompañará el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. Tras la reunión, se celebrará un banquete oficial con el que Xi Jinping obsequiará a Sánchez y a su esposa, Begoña Gómez, presente por primera vez en esta gira.
Será la cuarta vez que Sánchez se reúna con el presidente chino pero nunca, como ahora, se ha producido en un contexto de choque como el actual.
Por un lado, el encuentro llega apenas unas horas después de que el presidente de Estados Unidos haya anunciado el inicio de un bloqueo a los buques iraníes en el estrecho de Ormuz y haya amenazado con aplicar "el mismo sistema de eliminación" que utiliza contra "los narcotraficantes en barcos en alta mar".
La decisión de Washington de castigar a Irán para que ablande su postura negociadora en Pakistán incluye un pulso a China, a la que trata de persuadir para que presione a Teherán, dado que el régimen de Pekín recibe el 40% de su petróleo por el estrecho.
Pero por otro lado, la cita entre Xi y Sánchez llega en un momento de tensión entre la Moncloa y la Casa Blanca con ataques cruzados y con un Donald Trump que ha acusado a España de "no jugar en equipo", lo que ha derivado en una nueva amenaza de represalias comerciales.
Pedro Sánchez en la Universidad de Tsinguah.
El nuevo bloqueo en Ormuz se colará en la agenda de la reunión de Sánchez, el primer mandatario europeo recibido en Pekín tras el giro de Trump y en plena escalada entre Moncloa y la Casa Blanca.
No solo por las exigencias de Trump a Sánchez para que invierta más en defensa, sino por su "no a la guerra" en Irán o sus críticas a Israel que ya han sido saludadas por Pekín y la prensa afín al régimen como el líder europeo que dice "no a Estados Unidos" pero que recalca "aquí estoy a China".
No en vano, es la cuarta visita de Sánchez al Gran Palacio del Pueblo de Pekín. En cambio, ha estado en una sola ocasión, en 2023, en el Despacho Oval de la Casa Blanca en una reunión bilateral con Joe Biden.
Los casi ocho años de Sánchez y su única visita al gran centro de poder de Washington contrastan con las seis veces que estuvo José María Aznar durante sus ocho años de mandato. Mientras que José Luis Rodríguez Zapatero estuvo una vez con Barack Obama y Mariano Rajoy dos, una con Obama y otra con Trump.
Pero ninguno de sus antecesores estuvo tantas veces en el palacio de Xi Jinping. La gira de Sánchez no sólo busca una alternativa política a Washington. También trata de seducir a los inversores asiáticos, en especial a los tecnológicos, mientras tilda de "tecnoligarcas" a los homólogos estadounidenses con Elon Musk.
'Menos Occidente'
En Moncloa ya anticipaban antes de partir que sus prioridades en este encuentro serían la agenda internacional con tres focos: Ucrania, como "prioridad absoluta", y luego Gaza e Irán.
Fuentes del Ejecutivo admiten que acuden para ser escuchados y escuchar a un país que, reconocen, no ha desempeñado un papel muy activo en la crisis de Oriente Medio.
En el Gobierno español admiten que no coinciden en todas las posturas con Pekín pero aseguran que ambos gobiernos están en cierta sintonía, pues Pekín “ha protestado contra las violaciones del derecho internacional”.
La semana pasada, China vetó una resolución de la ONU que instaba a Irán a abrir el estrecho de Ormuz. Fue antes de la tregua pactada entre Teherán y Washington gracias a la mediación de Pakistán, pero en Moncloa enmarcan el veto chino en su oposición al lenguaje empleado en el texto.
Precisamente este lunes, durante el arranque de su gira, Sánchez ofreció un discurso en la Universidad de Tsinghua en el que otorgó gran importancia al papel de las nuevas potencias mundiales.
El jefe del Ejecutivo afirmó que "el Gobierno de España y el conjunto de la sociedad española" eligen "abrazar la nueva realidad" de una "multipolaridad" en la que China es un actor dominante.
Según Sánchez, la postura de España parte "del realismo, el pragmatismo y la responsabilidad". Incluso deslizó que "Occidente debe renunciar a parte de sus cuotas de representación" en las instituciones internacionales "en favor de la estabilidad global y la confianza de los países del Sur".
No ofreció más detalles, pero recordó que en el Consejo de Seguridad de la ONU China tiene un asiento junto con Rusia, Estados Unidos, Reino Unido y Francia.
El encuentro con Xi Jinping no será el único que tenga este martes. Por la tarde, se reunirá con el primer ministro Li Qiang para celebrar un encuentro bilateral y firmar varios acuerdos.
La jornada concluirá con otro banquete en el Gran Palacio del Pueblo, esta vez con el jefe del Ejecutivo chino.
La gran incógnita es cómo abordarán la agenda de derechos humanos del régimen.
En Moncloa desconocen el formato, aunque aseguran que, en otras ocasiones, el asunto se ha tratado. En esta visita, admiten que el foco estará puesto en el derecho internacional humanitario.
La represión contra los uigures en Xinjiang y en el Tíbet tendrá que esperar.